No le des más vueltas: la merienda no vale como cosmético. FOTO: Ivan S/Pexels.
Que sirva para ensalada no lo convierte en una mascarilla
Aunque sea orgánico y te mueras por hincarle el diente, nunca deberías usar un alimento como cosmético
Que un producto sea nutritivo para el organismo no significa que sea bueno para la piel. Ni aunque sea kilómetro cero y del huerto de tu tío. ¿O es que te quieres jugar la piel?
Por Silvia Capafons
26 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30
Existe una regla no escrita entre algunas usuarias de cosméticos que dice «si no puedes pronunciarlo, no lo pongas en tu piel». Esta teoría ha dado alas a la cosmética orgánica, y, en algunas interpretaciones pintorescas, ha evolucionado hasta llegar al «si no te lo puedes comer, no lo uses». O esta otra: «Si es bueno para comer, es bueno para tu piel». Ninguna de las tres tiene razón, pero parece necesario insistir en una última regla: que un mensaje triunfe en redes sociales, no quiere decir que sea bueno.
En el caso de los cosméticos, te puede dejar la cara como para pedir cita urgente con tu dermatólogo.
Miranda, ¿qué estás diciendo?
Cuando la supermodelo Miranda Kerr lanzó KORA Organics no dudaba en señalar que sus productos son tan orgánicos y limpios que casi podrías comerlos. El matiz estaba ahí, en el casi. El entorno de Tata Harper, considerada la reina» del green beauty, deja caer sin pudor que han llegado a probar pequeñas cantidades de sus mascarillas o bálsamos para demostrar la pureza de sus ingredientes. Por no hablar de Gwyneth Paltrow que desde Goop apoya la idea de que la cosmética debe ser ‘limpia’ y de grado alimenticio.
El furor por convertir productos de tocador en postres exquisitos también llega al ciudadano de a pie. Son miles los likes que acumulan algunos vídeos en YouTube donde aparecen mascarillas caseras confeccionadas gracias a electrodomésticos específicos donde se mezclan frutas y verduras con una pastilla de colágeno de capacidad espesante. El plan es el siguiente: eliges ingredientes frescos que crees que tu piel necesita, los metes en una máquina, añades el comprimido… y cruzas los dedos para no acabar con un sarpullido monumental.
Y así surge una nueva corriente que ya no es que se meriende la hidratante de la mañana. Es que abogan por ponerse media frutería a las bravas sobre la piel. Milenios de evolución para esto.
No es el qué, sino cuánto y cómo
Los cosméticos no solo llevan ingredientes activos. Llevan productos que los vehiculizan para mejorar su penetrabilidad o reducir su posible irritabilidad. Y, por supuesto, esos activos van en la justa medida para ser eficientes sin jugarte la piel (literalmente). Ponerse un alimento directamente sobre el rostro es jugar a la ruleta rusa. Así lo señala la dermatóloga Elia Roo, miembro del Grupo de Dermatología Estética y Terapéutica (GEDET) de la AEDV y directora de la clínica Clider: «Algunas moléculas penetran en la piel cuando la textura de la mascarilla es oclusiva. El problema es que no sabemos qué ingrediente estamos añadiendo, cómo y en qué cantidad penetra».
Recalca también que desconocemos «si es el que nuestra piel requiere. Y seguramente no se esté vehiculizando de la manera correcta. Esto podría desencadenar irritaciones e incluso alteraciones de la función barrera». Que ciertos cosméticos lleven ingredientes que son comestibles en origen no hace que los alimentos sean cosméticos listos para usar.
Natural no es comestible
El arsénico es natural y no nos lo ponemos como crema de noche. Tampoco se lo añadimos al café porque sabemos que una cosa es que algo sea natural y otra, que se coma. O que se pueda usar como sérum.
Por definición y lógica, un producto cosmético no es comestible. Así lo afirma Pilar Pérez, farmacéutica y CEO de la firma Albalab Bio: «Para favorecer la absorción de los principios activos hay que hacer extractos vegetales . Esto ya requiere una elaboración, generalmente con glicerina y agua, que ya no se pueden comer. Excepto los aceites vegetales, que se pueden usar directamente, o los zumos de frutas y verduras que se pueden mezclar con yogurt, miel y cereales como la avena para hacer mascarillas caseras. Y en ese caso tienen que usarse en el momento». Incluso en estos casos pueden resultar irritantes. «Especialmente en el caso de las pieles sensibles», reconoce la farmacéutica.
Es una crema, no la lista de la compra
«Los productos cosméticos, para que sean estables y se conserven en el tiempo, necesitan unos procesos de elaboración determinados y excipientes, emulgentes y conservantes. Estos elementos aseguran la estabilidad y conservación del producto, los cuales harían que tampoco se pudieran comer aunque sean naturales».
Tradicionalmente se utilizan aceites vegetales de oliva, almendras, aguacate o sésamo, que aportan nutrición, y oleatos como el aceite de caléndula o árnica, que añaden las propiedades calmantes de estas plantas. Si hablamos de frutas, el limón o la naranja pueden tener acción exfoliante por su composición rica en alfahidroxiácidos, pero su aplicación directa en la tez no solo puede irritar. También puede ser inútil, porque para que la vitamina C penetre, cuenta con unas necesidades específicas.
Un poco de química nivel usuario
Como aclara Nuria Torijano, especialista en estética, «las frutas y verduras se asimilan a través de la digestión para aprovechar todos sus nutrientes. Es un proceso complejo en el que intervienen diversos órganos». La piel no tiene esa capacidad.
Para suplir esa falta, existen los cosméticos. Las formulaciones incorporan estabilizadores y vehiculizan los activos a través de liposomas, nanomoléculas, etc. para que penetren y se asimilen mejor. «Todo esto se efectúa en un laboratorio, en un proceso complejo y bastante costoso», señala. Tu cocina no cuenta, ni de lejos, con la asepsia y los ingredientes de un laboratorio cosmético. Que funcione en una ensalada no quiere decir que valga como crema.
¿De dónde sale esta moda?
El yuyu a lo que viene de laboratorio viene de la mala fama de algunos ingredientes derivados del petróleo, como siliconas o parabenos, los sulfatos… etc. Cierto que en pieles sensibles pueden ser causa de alergias e interacciones, pero su seguridad y eficacia está fuera de toda cuestión. De hecho, para quienes no quieren nada sintético sobre su piel, está la cosmética ecológica. «Utiliza ingredientes naturales, extractos y aceites vegetales que son biocompatibles con la piel. Pero no tienen la efectividad de la cosmética convencional para resolver algunos problemas cutáneos», detalla Pilar Pérez.
Respecto a los aceites, Nuria Torijano da el visto bueno siempre que sean de primera presión en frío, ya que han sido expuestos a un proceso mecánico de extracción en frío y no han seguido ningún tratamiento de calentamiento ni de refinado. Los recomienda para dar masaje y para pieles más secas.
El secreto del pepino, al descubierto
Si volvemos a productos proporcionados por la madre tierra para poner sobre el rostro, no podemos dejar de lado el pepino y las típicas bolsitas de té o manzanilla. Eran el remedio casero de las abuelas para descongestionar la mirada y disminuir bolsas y ojeras. Para la farmacéutica de Albalab Bio, «estos remedios tradicionales pueden ayuda a bajar la hinchazón o calmar, pero no son una solución al problema».
Según la cirujana plástica Conchita Pinilla, «el pepino tiene muchas vitaminas y minerales (vitaminas del grupo B, ácido fólico, calcio, hierro y magnesio). Pero aplicarlo directamente sobre la piel no hará que penetren en ella per se. La razón es que esos ingredientes no están vehiculizados de la manera correcta mediante una fórmula cosmética que sea capaz de transportar las propiedades a la piel. Lo que sí sucede es que esta hortaliza, especialmente si viene de la nevera, está fría, y esto actúa como un descongestivo, reduciendo la inflamación, y como un vasoconstrictor. Es así como se reducen así las bolsas y las ojeras. Si dichas rodajas están congeladas, hay que tener cuidado con no excederse en el tiempo, pues la piel podría irritarse y sensibilizarse».