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cilantro en wraps combate la inflamación

Este ágape con cilantro te podía llevar a la hoguera en tiempos de la Inquisición. FOTO: Pexels.

Con antioxidantes que reducen la inflamación

Cilantro, esa hierba aromática perseguida por la Inquisición por ser de judíos, que aporta sabor al plato y longevidad a tu vida

Hace siglos el Santo Oficio le colgó el sambenito de que quien lo tomaba no era un buen cristiano y lo condenó al ostracismo. La curiosidad por otras gastronomías nos ha devuelto el cilantro.

Por Marcos López

11 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30

España es un país de perejil. Un condimento que a sus propiedades nutricionales suma un sinfín de efectos positivos para el organismo. Pero no siempre ha sido así. Hubo una época en la que la hierba que mandaba en nuestras cocinas era el cilantro. Hasta que llegó la Inquisición con el argumento de que era cosa de judíos y tenerla en la cocina podía ser argumento válido para acabar en la hoguera. Lara Garcelán, dietista-nutricionista de HM Hospitales, explica que «más que desconocido, el cilantro está viviendo un auténtico redescubrimiento. Es cierto que en nuestro país el perejil ha tenido durante años un pequeño monopolio en la cocina, pero el cilantro no es ningún recién llegado: en la España medieval era una de las hierbas aromáticas más utilizadas».

Su regreso viene de la mano de la cocina oriental y latinoamericana. «Cada vez más presente en nuestros platos», añade.

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Una hierba de infieles

Originario del área mediterránea, el cilantro fue el condimento estrella de la cocina española durante siglos. Concretamente, hasta finales del siglo XV, momento en el que fue súbitamente reemplazado por el hoy omnipresente perejil. Un sorpasso en el que nada tuvieron que ver las virtudes gastronómicas, ni medicinales, de una y otra hierba, sino la religión.

Lo que sucedió es que el cilantro fue ligado por la Santa Inquisición a los hábitos judaizantes y, por ende, tildado como la hierba de los infieles. Razón por la que su consumo podía poner en graves aprietos, cuando no directamente costarle la vida, a sus usuarios. Tan sólo citar la condena a muerte por el tribunal inquisitorial de un converso en el año 1486 por sus prácticas heréticas, entre otras sus formas de comer hebraicas: condimentar sus comidas con cilantro. Pero pasado el tiempo y recuperada la cordura, ha llegado el momento de que vuelva a tener un papel protagonista en nuestra cocina.

Más sabroso que el perejil

El cilantro y el perejil son plantas aromáticas de la familia de las Umbelíferas (Apiaceae). Pero por muy emparentadas que estén, son muy diferentes. Empezando por su sabor. Como indica la experta, «a diferencia del perejil, que es suave y herbáceo, el cilantro tiene un sabor más potente, fresco y con un punto cítrico muy característico. Precisamente por eso es perfecto para dar vida a arroces, pescados, legumbres, ensaladas, sopas o recetas de inspiración asiática y sudamericana. Un pequeño toque puede transformar por completo un plato».

Reduce la inflamación

Es mucho más que su aroma y sabor. Como su primo, el cilantro también suma puntos a nivel nutricional Como apunta Lara Garcelán, «contiene compuestos antioxidantes como el terpineno, la quercetina o los tocoferoles, que ayudan a combatir el daño de los radicales libres y a reducir la inflamación». En otras palabras, una ayuda para la longevidad directa a la mesa.

A todo esto se añade que es una buena fuente de vitaminas del grupo B (B1, B2, B3), vitamina C y vitamina K, además de minerales, como el hierro, el potasio y el calcio. En este sentido, la especialista destaca que «algunos estudios, sobre todo en modelos animales y aún por confirmar en humanos, apuntan a que podría tener un efecto antimicrobiano y posibles beneficios para la salud cardiovascular. Por ejemplo, ayudando a regular el colesterol«.

Mejora tus digestiones

Este sabor más intenso que el del perejil, ¿significa que se digiere peor? Para nada. De hecho, apunta la dietista-nutricionista, «ocurre justo lo contrario. El cilantro se asocia a una mejor digestión y tradicionalmente se ha utilizado para aliviar molestias como la hinchazón o la pesadez tras las comidas». De ahí que en algunas cocinas, caso de la iraní, se emplee incluso como estimulante del apetito, lo que refleja su papel digestivo más allá del simple toque aromático. Dicho de otra manera, «no solo no cae pesado, sino que puede ayudar a que la comida siente mejor».

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Una presentación para cada uso

Una última pregunta: a la hora de usarlo, ¿es mejor cilantro optar por el cilantro fresco o por el seco (semillas)? Pues depende del plato y del gusto personal. En el caso de «las hojas frescas, aportan un sabor más suave, verde y refrescante, por lo que es ideal para añadir al final de la receta y conservar todo su aroma». Las semillas, «al estar secas, concentran más el sabor y aportan un toque más especiado, ligeramente picante y cítrico, siendo perfectas para guisos, curry, marinados o platos que se cocinan durante más tiempo».

En definitiva, concluye Lara Garcelán, «ambas opciones son válidas y complementarias: cada una aporta un matiz distinto y permite jugar en la cocina según tus gustos». Tras cinco siglos en el olvido, es hora de darle una nueva oportunidad.

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