
Incluso si desde fuera nadie lo nota, tú sientes que la barriga está a punto de implosionar. Esa hinchazón abdominal te roba el buen humor y la autoestima. FOTO: Ron Lach/Pexels.
Más allá de la incomodidad
No son unos simples gases: la hinchazón abdominal puede arruinar tu autoestima y disparar tus niveles de estrés
Tener la barriga hinchada no mata. Pero es incómodo, nos resta energía y arruina la calidad de vida. Por eso conviene saber qué lo está ocasionando y ponerle solución antes de que el problema se agrave.
Por Marita Alonso
19 DE ENERO DE 2026 / 07:30
La hinchazón está muy presente en el día a día de muchas personas. Es esa sensación de que la barriga te crece de pronto sin que puedas controlarlo y que el pantalón que cerraba a primera hora, no se puede abrochar por la tarde. Marta Hernández, farmacéutica, nutricionista y directora de innovación y desarrollo de Superlativa, destaca que es mucho más que una molestia. La hinchazón tiene efectos emocionales que lastran nuestra calidad de vida.
Objetivo: ni líquidos, ni gases de más
La hinchazón es, esencialmente, una formación excesiva de gases y su origen es multifactorial. Aunque, salvo aquellos casos en los que haya una patología, lo más frecuente es que se deban a malos hábitos de vida, como el sedentarismo, comer demasiado rápido o abusar de dulces. No hay que confundirlo con la retención de líquidos, que, además de causas clínicas, puede deberse al sedentarismo, el calor o una alimentación alta en sal.
Ambos factores pueden hacer que nuestro cuerpo aumente de volumen de forma muy visible, produciendo incomodidad, vergüenza o sentimiento de culpa. «Desde mi experiencia como farmacéutica y nutricionista, siempre recomiendo abordar la hinchazón desde dos frentes: los hábitos y la gestión del estrés. Ajustar la alimentación, evitar grandes comidas de golpe, mantenerse bien hidratada y moverse regularmente ayuda a mejorar la digestión», explica.
Éramos pocos y llegó el estrés
El estrés, pasajero o crónico también puede producir hinchazón. «Cuando estamos en tensión, no comemos de manera consciente, no masticamos y no damos tiempo a nuestro sistema digestivo a funcionar como debiera. Debemos entender que nuestro sistema digestivo y nuestro cerebro son uno. Por eso, combinar buenos hábitos con estrategias para equilibrar el organismo es fundamental», explica.
En otras palabras, combinar el acto de sentarnos a la mesa con técnicas de relajación, mindful eating y respiraciones conscientes contribuye a mantenernos alejadas de la hinchazón y sus efectos emocionales adversos.
El precio emocional de ese aumento de volumen
Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y adulto del hospital Hospiten Roca, señala que estar hinchadas, especialmente por estrés o inflamación crónica, tiene efectos emocionales, como ansiedad, depresión, irritabilidad e inestabilidad emocional. Y no solo porque nos aprieta la cinturilla. Las moléculas inflamatorias afectan el cerebro, alteran a los neurotransmisores y al eje intestino-cerebro y esto genera un círculo vicioso de malestar físico y mental, distorsionando la calidad de vida, la autoimagen y la capacidad de afrontar el estrés.
«El estrés crónico genera inestabilidad emocional, irritabilidad y angustia, impacta en la percepción y en las emociones, y produce hipersensibilidad visceral. Es decir, el sistema nervioso procesa las señales del intestino de forma exagerada, causando sensación de ‘barriga dura’ o malestar intenso sin que haya un cambio físico. Con la sensación de estar sobrepasada sobrevienen los sentimientos de abatimiento y de no poder manejar las situaciones. Esto, si es constante, es perjudicial. Es un círculo vicioso en el que la incomodidad física empeora el ánimo y el mal estado de ánimo agrava la hinchazón, dificultando el manejo de ambos problemas», dice.
Malhumor y baja autoestima
Puede parecer un cliché, pero la hinchazón aumenta la irritabilidad, nos impide gestionar adecuadamente las emociones y deriva en baja autoestima y una autoimagen negativa. «La distensión abdominal afecta la percepción de uno mismo y la calidad de vida. Importante comentar, además, que el nervio vago actúa como una autopista de doble sentido. En otras palabras: tus emociones afectan a tu digestión y lo que pasa en tu intestino repercute en tu estado de ánimo, creando una conexión directa entre la hinchazón y el estado emocional», explica.
Lucía Altozano, titular de la farmacia Skinpharmacy Jorge Juan 34 y experta en dermofarmacia y nutracéuticos para la longevidad celular, destaca el impacto emocional de tener la barriga hinchada. En tiempos en los que es frecuente compararse con otros, «puede llevarnos a sentirnos inseguras. Esto acaba degenerando en una relación tensa con los alimentos e impactando en nuestra autoestima, además de suponer una molestia muy incómoda físicamente. Náuseas, saciedad extrema y flatulencias, arruinan cualquier velada», señala.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Hernández recuerda que la frustración prolongada puede afectar al bienestar emocional, por lo que es importante no solo centrarse en los hábitos, sino también en el equilibrio interno. Morales recalca la importancia de tener en cuenta que, si los síntomas digestivos persisten o se asocian a cambios emocionales importantes, como ansiedad, irritabilidad, altibajos emocionales, insomnio o decaimiento, apatía, abulia, anhedonia, sentimientos de tristeza o abatimiento, es momento de acudir a un profesional. «Un enfoque conjunto desde la psicología y la gastroenterología puede ofrecer resultados más duraderos», dice.
Para finalizar, Altozano indica que el estado de hinchazón permanente nos conecta emocionalmente con la preocupación constante por la digestión, algo que actúa como un detonante, anticipando incluso antes de que se produzca el malestar. El cuerpo entra en un estado de alerta constante que dificulta aún más el proceso digestivo. «Por eso, a la hora de abordar la hinchazón, no solo tendremos en el aspecto físico, sino que valoraremos en conjunto las causas que lo producen. Regular el estrés, cuidar el descanso y apoyar el bienestar emocional es tan importante como ajustar la alimentación o la suplementación. La alimentación consciente también requiere hacer ejercicio moderado y de manera habitual, dormir bien y tener un estilo de vida saludable y activo», concluye.
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