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Si la silla es demasiado cómoda, estaremos más tiempo sin movernos./ Foto: Pexels.

CUERPO

Por qué una silla de trabajo (un poco) incómoda puede ser mejor que una ergonómica

¿Cuántas horas pasas al día sentado frente a tu mesa de trabajo? La elección de la silla puede marcar la diferencia, tanto en tu espalda como en tu salud.

Por María Corisco

4 de marzo de 2024 / 13:30

Un viejo dicho advierte de que, a veces, lo mejor es enemigo de lo bueno. Y es algo que se puede aplicar a la elección de una silla de trabajo. La silla perfecta -esa que brinda el mejor apoyo lumbar, te permite ajustar la altura del asiento y de los apoyabrazos, y tiene un adecuado mecanismo de inclinación- puede tener una pequeña trampa: la de ser tan aparentemente cómoda que te haga pasar más tiempo de la cuenta en la misma postura, sin moverte.

Así lo explica Javier Morales, fisioterapeuta y entrenador, que señala que “las sillas ergonómicas, siempre que estén bien ajustadas a las necesidades del usuario, pueden reducir la tensión en la espalda y ayudar con las molestias en esta zona. Ahora bien, no siempre son la panacea: no podemos esperar de una silla que, por sí sola, pueda compensar el estar demasiadas horas sentados. Por eso, aunque parezca contradictorio, a veces puede venir bien que la silla no sea excesivamente cómoda”.

Consecuencias de estar mucho tiempo sentado

La reflexión surge a partir de los problemas que nos puede ocasionar permanecer durante largos periodos de tiempo sentados en el trabajo:

  • Mala postura. Sentarse durante mucho tiempo puede llevar a adoptar una mala postura, lo que puede provocar dolor de espalda, cuello y hombros, así como problemas musculares y articulares.
  • Sedentarismo. El sedentarismo, o la falta de actividad física, está asociado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
  • Disminución de la circulación sanguínea. Permanecer sentado durante períodos prolongados puede reducir la circulación sanguínea en las piernas, lo que puede aumentar el riesgo de desarrollar coágulos sanguíneos y problemas circulatorios.
  • Riesgo cardiovascular. Estudios han demostrado que el sedentarismo y permanecer sentado durante largos períodos de tiempo están asociados con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, como enfermedades del corazón y accidentes cerebrovasculares.
  • Fatiga mental y física. Permanecer sentado durante largos períodos de tiempo sin tomar descansos adecuados puede provocar fatiga mental y física, lo que puede afectar negativamente la productividad y el bienestar general.

Por qué te tienes que mover

Si tienes un trabajo que te obliga a estar sentado durante horas, “es fundamental tomar medidas para intentar, en la medida de lo posible, movernos y modificar la postura. Con ello conseguimos distintos beneficios, no solo a nivel físico, sino también mental”.

Debes recordar que el cuerpo humano no está diseñado para la inactividad, sino para el movimiento. Detrás de muchos de los problemas de salud que nos aquejan se encuentra la falta de actividad. “Por eso, es importante que seamos conscientes de la importancia de alternar ratos de estar sentados con otros en los que nos movemos, aunque solo sea para ir a por un café”. Entre las mejoras que nos puede aportar, el experto cita las siguientes:

  1. Alivio de la tensión muscular. Cambiar de posición y moverse ayuda a aliviar la tensión muscular acumulada en áreas como la espalda, el cuello y los hombros, reduciendo así el riesgo de desarrollar dolores musculares y articulares.
  2. Mejora de la circulación sanguínea. Moverse regularmente mientras se está sentado ayuda a mejorar la circulación sanguínea en el cuerpo, especialmente en las piernas, lo que puede prevenir la formación de coágulos sanguíneos y problemas circulatorios.
  3. Prevención de problemas de postura. Cambiar de posición con frecuencia ayuda a prevenir la adopción de una postura estática y poco saludable, lo que puede contribuir a problemas posturales crónicos a largo plazo.
  4. Estimulación mental. Tomar descansos activos y moverse mientras se trabaja puede ayudar a mantener la concentración y la energía mental, evitando la fatiga y mejorando el rendimiento cognitivo.
  5. Aumento de la productividad. Realizar pausas activas y moverse durante el trabajo puede aumentar la productividad al mejorar la concentración, la creatividad y la capacidad de resolución de problemas.
  6. Promoción de la salud general. La actividad física regular, incluso en forma de pequeños movimientos mientras se está sentado, es beneficiosa para la salud general, ayudando a prevenir enfermedades cardiovasculares, problemas metabólicos y otros riesgos para la salud asociados con el sedentarismo.

Por qué no usar una silla demasiado perfecta

Las sillas ergonómicas están diseñadas para proporcionar comodidad y apoyo, pero pueden presentar algunas desventajas, entre ellas su complejidad de ajuste: “Suelen tener numerosas funciones y controles para ajustar la altura, inclinación, apoyo lumbar… y no siempre es fácil hacer el ajuste idóneo”. Además, aunque están diseñadas para adaptarse a una amplia variedad de cuerpos y preferencias, “pueden no ser fáciles de adaptar a personas muy bajas, muy altas o con demasiado peso, que pueden requerir ajustes adicionales no siempre disponibles”.

Por tanto, si se opta por invertir en una silla ergonómica, el consejo del experto es que nos aseguremos de que “se adapta perfectamente a nuestra posición, altura de la mesa, largo de las piernas… Mal ajustada sólo supone un coste extra”.

Además, recuerda que esa sensación de comodidad puede jugar en nuestra contra: “Si nos zambullimos en sillas con relleno, acolchadas y mullidas, podemos terminar pasando más horas de la cuenta sin movernos. Con ello, aumentamos el riesgo de sufrir problemas de salud asociados a un estilo de vida sedentario”. Una silla menos “perfecta” puede hacer que “seamos más conscientes de nuestra postura y más propensos a movernos”.

No se trata, claro, de que nos sentemos en una silla de faquir: una silla demasiado incómoda puede causar molestias o incluso problemas de salud a largo plazo, como el ya comentado dolor de espalda o las contracturas. Por lo tanto, concluye Javier Morales, “es crucial encontrar un equilibrio entre una silla que promueva el movimiento y una que también proporcione el soporte adecuado y la comodidad necesaria para mantener una postura saludable durante períodos prolongados de trabajo”.

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