NO TE PIERDAS Hay hasta 300 razones para tomar magnesio y el bruxismo es una de ellas

Coordinar brazos, piernas y estirar sin dificultad. Parece fácil pero no lo es. FOTO: Klaus Vedfelt/Getty.

Estirar y aprender a soltar

Estar fuerte y fit no significa estar bien: la relajación muscular también cuenta

A veces las contracturas no son solo culpa de pasar demasiadas horas sentados, sino de la tensión por querer controlarlo todo.

Por Salomé García Gómez

26 DE JUNIO DE 2026 / 07:30

Hoy me toca día de confesiones: muchos días mi jornada de trabajo consiste en pasarme ocho horas seguidas sentada dándole a la tecla. Al terminar, voy al gimnasio o salgo a correr. Vamos, que en esencia, soy una sedentaria activa. Y eso que intento seguir los consejos que nos dio Dr. Aldo en la pasada edición de WeLife Longevidad de levantarme cada hora y hacer unas sentadillas en mitad de la redacción. 

Para colmo de males soy perfeccionista a morir. Tiendo a supervisar milimétricamente cada trabajo y no siempre logro desconectar de ese runrún dentro de mi cabeza que me susurra ‘todavía podrías hacer algo más’. 

Ya sabía que era así. Es mentalmente agotador. Lo que no podía imaginar es la factura muscular que me estaba pasando. Y lo descubrí en el spa del Four Seasons Resort Mallorca at Formentor.

TE PUEDE INTERESAR

El gran mal de nuestros días es el exceso de autoexigencia, la hiperconectividad y el no darnos tiempo para descansar. Saltamos de reto en reto como si la vida fuera uno de esos concursos televisivos de competición constante a ritmo infernal. «Llevo 7 años trabajando como entrenador de personas de alta responsabilidad, atletas de élite y deportistas amateurs que se toman la práctica deportiva con la intensidad de un olímpico. Pero estar fuerte y fit no significa que estés bien físicamente», me suelta a bocajarro Adrián Lahreche, TAFAD especializado en biomecánica deportiva y entrenador personal en el Four Seasons Resort Mallorca at Formentor. 

Cada día se encuentra con perfiles similares. Altos ejecutivos que corren un Ironman cada año, millonarios que lo dan todo en sus clases de Hyrox o jugadores de la NFL de vacaciones o en recuperación de lesiones. Son hombres y mujeres de músculos duros como rocas y la elasticidad del corchopán. «Están acostumbrados a la resistencia, al esfuerzo, a competir. Luego les pones a estirar y tienen un rango de movimiento muy corto», explica. 

Sus sesiones de Pilates no parecen duras. Pero es solo la apariencia. «Cuando pides que estiren, que relajen, que dejen de tener el cuerpo en tensión, descubren que no pueden. Que no llegan. Pueden correr maratones, pero no se tocan las puntas de los pies», añade.

«O no son capaces de coordinar movimientos», recalca viendo mi pésima coordinación mano-pie-derecha-izquierda. Deja caer que no es que no sepa hacerlo, es que tengo demasiado ruido en la cabeza. Y se me subleva hasta el Pilates.

Para que no me sienta mal por tener la flexibilidad de un Teletubby reconoce que mi perfil no es anormal. Les pasa a muchos de sus clientes. «Te dicen ‘yo no puedo, no soy elástico’, pero la elasticidad y la armonía en los movimientos también se trabaja. Se puede mejorar, pero implica un reseteo en su forma de ver el deporte. Pasar de algo competitivo a algo interior. Sin línea de meta, sin puntuación. Y les cuesta”, añade. 

Porque muchas veces cuesta más competir contra ti mismo que hacerlo contra otros.

El calor y el silencio de la sauna del spa obran maravillas en unos músculos en tensión. FOTO: Four Seasons Resort Mallorca at Formentor.

Y ahí estoy yo, intentando coordinar la postura, mantener la tensión, girar a la derecha cuando toca, y a la izquierda cuando es el momento . O elongar una espalda cuyas vértebras se obstinan en no despegarse. «Te tiene que salir fluido», sugiere mientras se estira con la gracilidad de una gacela. Como si no costara.

Sobre la esterilla somos más vulnerables que haciendo un press de banca o corriendo 20 kilómetros sin parar. Nos hemos acostumbrado a movernos siempre hacia delante, a doblegar al cuerpo haciéndole sufrir para sentir la satisfacción del reto cumplido. Es la dopamina del gimnasio, el runner’s high. Ese chute de energía que sientes cuando hoy levantas más peso que ayer o arañas unos segundos por kilómetro. 

Para ayudar a sus clientes a relajar los músculos y rebajar el estrés suele instarles a pasar por la sauna. O probar los chorros a presión. Unos minutos como un finlandés o torpedeándote en la zona de los omóplatos son mano de santo para rebajar la tensión.

Chorros a presión en la piscina del spa. FOTO: Four Seasons Resort Mallorca at Formentor

Pero nuestra biomecánica no está solo para dominar, avanzar, empujar y tirar. También debería poder girar, contorsionarse, retraerse, relajar sin dificultad y «respirar de forma profunda y controlada«.  

Y eso no suele entrar en la rutina de entrenamiento. Nos resulta más fácil machacarnos en el gimnasio tras una jornada dura en la oficina que dedicar unos minutos a la meditación. O a hacer unos ejercicios de respiración. O ambas. «Construimos la rutina desde la repetición. Pero de vez en cuando necesitamos resetear en lo físico y en lo mental. Sentir que pertenecemos de nuevo al mundo», declara Lahreche. 

En su obsesión por lograr un punto de encuentro entre el bienestar físico y el mental se cruzó con Des Murray, un osteópata irlandés que en 2023 cambió el verde del atlántico por el sol balear. Actualmente trabaja en el spa del Four Seasons Resort Mallorca at Formentor y allí ha desarrollado mano a mano con Lahreche The 360 Reset, un protocolo integral de 90 minutos a base de estiramientos y acupresión para estimular la circulación, seguido de una terapia facial revitalizante con máscara de luz LED

Sus clientes no quieren ser más fuertes, ya lo son. Lo que necesitan es recuperar toda la movilidad de unas articulaciones más enmarañadas que ese cajón de los cables que siempre están liados entre sí. Como las mías. 

Primero trabaja los músculos, cadena a cadena, deshaciendo nudos y liberando tensiones escondidas entre las fibras musculares. Conmigo se emplea a fondo. De entrada, para conseguir que relaje y le deje movilizar mis articulaciones. Asumo que no es fácil, y menos cuando el estiramiento duele y el osteópata aprieta con ganas. «Esos puntos que duelen son meridianos de dolor. Según la medicina oriental al presionarlos conseguimos que los músculos relajen y la sangre fluya mejor», me explica. Contengo la respiración y me tenso.  

Que es justo lo que no hay que hacer. Pero es que duele. Siento que no controlo, que estoy fuera de mi zona de confort. Es la hormesis, supongo.  

OTROS TEMAS WELIFE

La terapia avanza trancas y barrancas. Des aplica presión y yo retraigo. Llevo mal las visitas al fisioterapeuta, pero esto estaba siendo un nivel superior. «Tienes los músculos muy rígidos. Y lo que es peor, no relajas y no me estás dejando trabajar», me recrimina en un inglés suave, con ese tono amable y calmado que te insta a confiar. Porque este irlandés apacible en la mediana edad transmite una paz encomiable. Todo lo contrario que yo, que en ese momento solo valoro la posibilidad de huida. 

«Me da que eres de esas personas que necesitan tener todo controlado. Y esa rigidez mental es lo que hace que tengas esta rigidez muscular», añade. Y recuerdo hace años durante un entrenamiento previo al maratón en la Casa de Campo en el que el olímpico Chema Martínez no paraba de decirme «pero mujer, relaja, que estás corriendo con los hombros subidos». 

A lo largo de su trayectoria profesional, Desmond –o Des– se ha especializado en un abordaje de la terapia física, la movilidad, la recuperación física y la gestión de las emociones. “Deberías darte tiempo para ti. Centrarte en el presente. El pasado no lo puedes cambiar, así que deja de rumiarlo. Y el futuro no puedes controlarlo porque no ha sucedido. Ese deseo de control, ese estar siempre en tensión sin estar abierta a lo que suceda, te está bloqueando los músculos”, añade. 

Y termina con una frase lapidaria: «Le echas la culpa a la silla de trabajo de tu dolor de espalda. Pero en buena medida la causa está en tu propia rigidez mental que hace que acumules tensión». La buena noticia es que tiene solución.

Solo tengo que dejarme llevar, desconectar y reconciliarme con el ahora. 

La terapia termina con una power nap de 20 minutos. Confieso: tras la paliza muscular, caigo rendida. No son ni las 12 del mediodía y me quedo dormida sobre la camilla. Por primera vez en mucho tiempo siento que mi cuerpo es más ligero. 

«Tendrías que hacer estiramientos a diario. O Pilates, como te ha enseñado Adrián. También te vendrían bien unos minutos de meditación y respiración consciente cada mañana», explica este irlandés cuyo talante calmado ha conquistado a todos en el spa del Four Seasons Resort Mallorca at Formentor.

Él mismo sigue una estricta rutina matinal que pasa por agradecimiento al despertar, unos minutos de reflexión introspectiva escribiendo en su diario, 15-30 minutos de meditación y taichi. «Me aporta presencia, claridad y más libertad de movimientos. Esta rutina ha sido el catalizador de los cambios que he implementado en mi vida en los últimos años. Ahora veo los retos desde otra óptica», concluye. 

Antes de despedirnos, Den me cuenta que mudarse a España con toda la familia fue un reto. «Ahora mis hijos, Archie y Sonny, van al colegio aquí en Mallorca y hablan castellano perfectamente. Son más elásticos que nosotros», bromea. 

«Hay veces en las que tienes que parar, replantearte la vida y construir las rutinas que te hacen sentir bien. La rutina no te lo soluciona todo, pero te aporta una base estable en esos días donde todo falla. Recuerda: estira, relaja y vive el presente. Te sentirás mejor”, se despide mientras yo siento que me han quitado un peso de encima. 

Salir de la versión móvil