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Poner nuestros propios límites es necesario para nuestro bienestar./ Pexels.

Mente

Claves para aprender a decir que no sin sentirnos mal al hacerlo

Hablamos mucho del consentimiento pero, ¿realmente sabemos decir que no? Aprender bien a marcar nuestros límites, desarrollar el pensamiento crítico y educar en la reflexión son cruciales.

Por Paka Díaz

27 de febrero de 2023 / 13:30

Con los casos de violencia sexual y la Ley del solo sí es sí, la sociedad ha empezado a tener en cuenta la importancia del consentimiento, que jurídicamente se refiere a exteriorizar la voluntad, de forma clara. Hablamos mucho de consentimiento, sí, pero, ¿realmente sabemos decir que no? Aprender bien a marcar nuestros límites, desarrollar el pensamiento crítico y educar en la reflexión son cruciales para ello.

La etapa del ‘No’

“Los niños y niñas entre los 2 y los 4 años muestran un comportamiento de negación llamado la edad del No. Esa etapa característica de negación es importante para su desarrollo emocional cognitivo, emocional y social”, explica Eulàlia Torras, directora del grado de Psicología de la Universidad Carlemany e International Board Education.

Esa fase debería desaparecer de forma natural, siempre que se den determinadas circunstancias favorables: «Que las normas del mundo adulto sean claras, se permita al menor la expresión del no, que pueda elegir entre otras opciones y amplíe su vocabulario”. Además, la psicóloga recuerda la importancia de “plantear a los menores soluciones en positivo y prestar atención al sí”.

Con todo, la experta destaca que más que enseñar a decir no o a decir sí, hay que “respetar las etapas de desarrollo en la infancia y potenciar los comportamientos saludables”. Si no se hace, “podemos encontrarnos con jóvenes y adultos con dificultades en los dos extremos: tanto con falta de habilidad para expresar negativas, como con un comportamiento negativo demasiado frecuente”.

Reflexionar es la clave para decidir

Aunque aprender a decir que no es necesario, Torras, doctora en Psiquiatría y Psicobiología Clínica y licenciada en Psicología, subraya que “en el desarrollo cognitivo, social y afectivo de los niños y las niñas, el elemento más importante es trabajar la capacidad de reflexión”. Por eso, recalca la importancia de “aprender a recoger información relevante, buscar alternativas a los problemas, valorar los pros y los contras. En definitiva, a tomar decisiones razonadas y consecuentes”.

En este sentido, indica que “el punto más importante es que el aprendizaje permita la reflexión para alcanzar el resultado más idóneo buscando el bienestar de la persona y de su entorno. Tanto si el resultado comporta una afirmación como una negación”, y recuerda que “puede ser tan erróneo un no inadecuado, como un sí inadecuado”.

Consentimiento y asertividad

Según explica Torras, una persona adulta puede encontrar ciertos problemas para afirmar de forma clara su voluntad. “Si no se han facilitado las circunstancias para una negación sana, no se fijan correctamente los aprendizajes de la asertividad, la habilidad que permite a las personas una expresión adecuada”, explica la experta. Por eso, aclara, “algunas personas tienen dificultad para comportarse libremente expresando sus intenciones legítimas”.

Sin embargo, la batalla no está perdida y es posible desarrollar la asertividad cuando ya eres mayor, algo muy útil en nuestras relaciones personales, como también en ambientes laborales. “Un adulto puede dedicar esfuerzo y tiempo para ir avanzando en esta habilidad”, apunta Torras.

Cómo aprender a decir que no

Aprender a decir no es muy útil para marcar nuestros límites y no vernos obligados a hacer aquello que no deseamos. “La salud mental puede definirse como la capacidad para desarrollar el propio yo dentro de los límites que supone el respeto a uno mismo y a los otros”, aclara la profesora universitaria. Para aprender a negarse, a establecer esos límites que no queremos cruzar. Y lo más importante es reflexionar de forma crítica, con atención y detenimiento, para tomar tu decisión.

“La pauta más relevante es potenciar la capacidad de reflexión, es decir, iniciar un proceso de pensamiento que permita llegar a una respuesta adecuada desde el punto de vista individual y social”, explica Torras. Además, señala que “las habilidades sociales, incluida la de negociación, permiten expresar tus opiniones y mantener la capacidad de escucha”. Y siempre hay margen de mejora, ya que “aunque durante la infancia el entorno educativo no haya sido óptimo, se puede aprender a ser asertivos, trabajando la capacidad de reflexión y de comunicar emociones, sin dañar al entorno”.

 

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