
Esperabas un reloj inteligente y ese paquete tan grande anuncia un pijama del felpa. Es la antesala del desastre: la gran decepción previa a la ruptura. FOTO: Anntarazevich/Pexels.
Ni el ticket regalo salva algunos errores
La resaca de los regalos de Reyes: por qué un regalo equivocado puede detonar una relación
Lo que molesta no es esa bufanda tan fea o el libro que jamás leeríamos. Lo que duele es que interpretamos que quien lo regaló no ha pensado en ti. O peor, que no te conoce en absoluto.
Por Verónica Palomo
7 DE ENERO DE 2026 / 07:30
Se acabó. No puede ser que me haya regalado por Reyes una bata de guatiné para estar calentita en casa. O el mismo perfume que usaba su ex, porque en el fondo, cree que huele fenomenal. O un juego de sartenes antiadherentes para que me queden perfectos los huevos fritos. Eso no es un regalo y demuestra que no le importo. Así que, se acabó. Fallar en ese regalo anuncia la ruptura de la pareja. Porque igual que hay regalos que nos hacen felices, hay otros que se interpretan como un certificado de defunción de la relación.
Sonia Díaz Rois, coach y mentora especializada en gestión de la ira, autora del libro Y si me enfado, ¿qué?, (VR Europa, 2024), explica que «un regalo no es solo un objeto, es como un mensaje oculto. Y cuando ese mensaje no encaja con lo que esperábamos, lo vivimos como una desconexión emocional». Y así comienza el desastre.
La decepción que nos rompe por dentro
Pero, ¿qué nos molesta exactamente? «En realidad no nos molesta el objeto, lo que nos duele es lo que interpretamos que significa. Ya no estamos hablando del regalo, sino de nosotros. No porque seamos superficiales, sino porque nos toca algo muy humano: ¿Ha pensado en mí? ¿Le importo de verdad?», reflexiona la autora. Por eso fallar en un regalo puede abrir la puerta a una ruptura.
Cada persona es libre de interpretar los gestos, aunque evidentemente el problema aparece cuando no se interpretan correctamente. Sonia Díaz Rois cuenta que «para muchas personas, el regalo se convierte en una especie de prueba emocional: si acierta, siento que me conoce. Pero si no acierta, la mente hace lo que mejor sabe: simplificar y llegar a la conclusión: no le importo».
El enfado toma las riendas
Aún con los papeles de regalo entre las manos, la decepción cede paso al enfado. Posiblemente, injustificado, pero le atribuimos a ese gesto equivocado un significado que quizá no tiene. «Las personas con altas expectativas no verbalizadas suelen idealizar el regalo perfecto y esperan que el otro acierte sin haber dicho lo que querían. Cuando eso no pasa, lo viven como un desinterés absoluto y, en algunos casos, como una traición emocional» indica Sonia Díaz Rois.
Al final, quien se enfada mucho tiende a interpretar el regalo como una medida de cariño. De enfadarse a llegar a romper con todo hay un abismo, ¿o quizá no tanto? La coach asegura que «puede pasar, pero normalmente el regalo no es la causa real». Al final, esa bata horrible no va a hacer que rompas. Pero es la gota que colma el vaso.
El regalo, por feo que sea, es solo el detonante
«Una relación sana no se rompe por una bufanda fea. Sin embargo, en relaciones donde ya hay distancia, falta de escucha o una sensación de que te ignoran, el regalo inadecuado se convierte en la prueba tangible de algo que viene de antes», asegura.
El regalo equivocado se interpretad como la prueba irrefutable de que para esta persona yo no ocupo el mismo lugar que ella ocupa para mí. «Ahí el regalo solo aprieta un botón que ya estaba muy sensible», matiza.
¿Cómo quieres que acierten si nunca dices lo que te gusta?
Para ser justos, acertar con los regalos es pedirle mucho a Melchor. Solamente hay que ver el nivel de devoluciones que se producen cada año el 7 de enero. Una encuesta realizada a 1 millón de personas el pasado mes de enero por una plataforma de venta de segunda mano (Milanuncios) confirmaba que un 57% de la población ha devuelto alguna vez un regalo.
Hay quienes regalan por cariño. Otros, por presión social. Están quienes compran regalos para la proyección que crean en su cabeza de la persona a la que regalan (te compro una sudadera modernísima porque sé que eres joven deportista pero no me planteo que tú eres runner y jamás corres con una sudadera de algodón). Luego están los que, simplemente, lo intentan pero fallan.
Ambos casos, nos enfadan. «A veces lo que ocurre es que confundimos nuestras expectativas con la realidad y esperamos que el otro adivine lo que queremos, aunque jamás lo hayamos dicho en voz alta», explica Díaz Rois.
Evitar la tragedia por un mal regalo
La experta nos da 3 pautas:
- Detener la interpretación automática
Antes de pensar ‘no le importo’, hay que aplicar algo muy básico: la presunción de inocencia y recordar que la torpeza no es maldad. La mayoría de los regalos reflejan más el mundo del que los hace que nuestro valor como personas.
- Hablar claro y con respeto
Si queremos evitar dramas navideños o aniversarios intensos, pedir lo que queremos ayuda muchísimo. Sí, quita magia, pero añade tranquilidad. Y eso, según pasan los años, empieza a ser el mejor regalo.
- Usar el humor
Un regalo no define una relación. Por no hablar de que algunas personas regalan lo que les gustaría recibir, que otras tantas no tienen este aspecto ni desarrollado ni entrenado, que algunas regalan lo que su economía alcanza, que otras regalan y desequilibran porque se han excedido con el precio, etc… Si aún así el regalo sigue siendo rarísimo o feo de narices, entonces apliquemos el playfulness, porque el humor puede salvarnos el día. A veces reírnos juntos de la situación nos une y nos acerca. Y ese es el mejor regalo del mundo.
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