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Es normal olvidar las cosas, pero si pasa a menudo es momento de preocuparse./ Imagen: Pexels.

SALUD MENTAL

¿Son preocupantes los lapsus de memoria? Qué hacer cuando se te olvida algo (y lo tienes en la punta de la lengua)

Se te olvida lo que estás haciendo o a punto de hacer puede deberse a muchas razones, pero a unas hay que prestarles más atención que a otras, e incluso acudir al especialista.

Por María Corisco

26 de septiembre de 2023 / 08:30

“Lo tengo en la punta de la lengua”. Todos hemos tenido alguna vez esa incómoda sensación de no ser capaces de recordar un nombre, una tarea pendiente, una dirección o incluso nuestra contraseña del móvil. Pero, a medida que nos hacemos mayores, es habitual que esos lapsus sobrevengan cada vez más a menudo. Y es entonces cuando se nos plantea la duda de si esos fallos en la memoria son la antesala de algún problema neurológico mayor, si los olvidos son normales o podrían ser la primera señal de una enfermedad como el Alzheimer. ¿Cuándo debemos preocuparnos?

La primera recomendación es tranquilizarse. Como nos explican desde la Fundación Pasqual Maragall, “a medida que envejecemos, el funcionamiento de nuestro cerebro varía y no tenemos exactamente las mismas capacidades que de jóvenes. Pero esto no significa que algo vaya mal. No hay nada extraño en olvidar de manera ocasional fechas señaladas o cometer errores puntuales en actividades rutinarias. Nos pasa a todos. No debemos preocuparnos si somos plenamente conscientes de ello y no supone un problema para el desarrollo normal de nuestras actividades cotidianas”.

Para entenderlo de una forma sencilla, puede sernos de utilidad tener en cuenta que el cerebro, al igual que el resto de nuestro organismo, también acusa el paso de los años. Si aceptamos que no tenemos la misma agudeza visual, ni la misma fuerza en los brazos ni corremos a la misma velocidad que cuando éramos más jóvenes, también podemos aceptar que podamos perder agilidad mental… o que se nos olviden algunas cosas.

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Cuándo debo preocuparme

Aun así, es fácil que nos preocupemos y que queramos identificar con prontitud las señales de alerta que nos indicarían que debemos acudir a una consulta médica. La clave, según la Fundación Pasqual Maragall, es pedir consejo médico «cuando los problemas de memoria suponen un cambio relevante respecto a cómo ha rendido siempre la persona. Si esos cambios tienen un impacto en el desarrollo eficiente de las actividades cotidianas y se observa un empeoramiento progresivo, sin ser transitorios o secundarios a una circunstancia puntual (una época de estrés, un duelo, una enfermedad pasajera o una preocupación absorbente, por ejemplo)».

En este sentido, Antonio Mesonero y Javier Fombona, profesores de la Universidad de Oviedo, señalan en su estudio Envejecimiento y funciones cognitivas: las pérdidas de memoria y los olvidos frecuentes, que “es un hecho que las personas mayores se quejan, frecuentemente, de problemas de memoria: no recuerdan el nombre de alguien conocido; dónde han puesto las llaves; no encuentran la palabra adecuada cuando la necesitan; no recuerdan con precisión el día en que están; si salen de compras, olvidan algunas cosas que iban a comprar; o bien, si alguien deja un recado, olvidan comunicarlo a la persona indicada. Estos olvidos aumentan con la edad, pero existe una gran diferencia con los olvidos asociados con la enfermedad de Alzheimer: los olvidos normales, relacionados con la edad, no impiden el desarrollo de las actividades diarias, en forma plena”.

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Claves para identificar los olvidos y actuar sobre ellos

A partir de esta idea, también es importante estar atentos a esos olvidos y procurar entrenar la memoria para evitar que vayan a más. Para ello, los autores nos dan siete claves que debemos tener en cuenta:

  1. A medida que se envejece, aumentan los fallos de memoria, pero son fallos benignos que en modo alguno comprometen el desenvolvimiento normal de la vida de las personas mayores.
  2. Cuando la vejez no cursa con enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer u otra demencia), no hay motivos para alarmarnos si la memoria no parezca tan eficaz como cuando éramos jóvenes.
  3. Cuando los olvidos se dan con frecuencia y afectan cada vez más las actividades cotidianas, es momento de preocuparse y recurrir a un especialista.
  4. Las neuronas necesitan siempre cierto nivel de actividad persistente para las funciones de memoria.
  5. La memoria tiende a alterarse y a deteriorarse si no se utiliza. Es una base de datos, dinámica, y hay que mantenerla actualizada.
  6. A mayor variedad de actividad mental, mejor está nuestra memoria a medida que envejecemos.
  7. La memoria es susceptible de tratamiento y entrenamiento eficaz. Existe gran variedad de recursos y medidas para prevenir y mejorar su funcionamiento, en la vejez.

La idea es, por tanto, que aun cuando se trate de olvidos sin importancia, si vemos que aumentan es conveniente “reaccionar y desarrollar estrategias y programas de entrenamiento de la memoria, preventivos, incluso, de las demencias. Los resultados de tales intervenciones aportan notables mejoras”, apuntan los especialistas.

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