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Un problema de autoestima o tener un capricho pueden ser algunas de las razones./ Foto: Gossip Girl.

SALUD MENTAL

Por qué nos sentimos irresistiblemente atraídos por personas que no nos convienen

Si sientes atracción por los perfiles que más te hacen sufrir, del canalla a la femme fatale, descubre con el psicólogo José Manuel Peidró las claves por las que te fascinan (y te dañan)

Por María Corisco

17 de febrero de 2024 / 09:30

Es un clásico: te gusta justo aquel chico (o aquella chica) que menos te conviene. Lo sabes y, aunque te dices que querrías que te atrajera alguien menos problemático, al final sientes fascinación por los perfiles más tóxicos y con los que más sufres: el malote, la femme fatale.

“Hay ciertas características que suelen parecer atractivas a determinadas personas”, explica José Manuel Peidró Díaz, psicólogo clínico especializado en terapia de pareja, apego y autoestima. Entre estas características, destaca “la supuesta seguridad que desprenden, el aire de superioridad y de que todo les da igual. No significa que sean realmente así, pero dan esa apariencia y la indiferencia que transmiten puede hacer que algunas personas se sientan atraídas por estos perfiles, que sientan esa atracción por lo prohibido, lo difícil, lo que no está a su alcance”.

¿Por qué te atrae quien te va a hacer daño?

Existen diversos factores que favorecen que una persona se pueda interesar por alguien de quien, a priori, sospecha que no le conviene.

Tener una autoestima y un ego dañado

“Si tienes un ego bien trabajado y seguridad en ti mismo, no necesitas demostrarte que puedes alcanzar a quien te muestra indiferencia -continúa el experto-. Si tienes un problema de autoestima, te puedes sentir atraído por quienes no te tratan bien ni te muestran el respeto que te mereces, y pensar que, hasta que no logres su atención, no vales como persona”.

Apego e historia familiar

A lo largo de nuestra crianza se conforman patrones de aprendizaje con respecto al amor. “Según cómo te han tratado los amigos, la familia, las relaciones, vas aprendiendo a relacionarte de una u otra manera. Es posible que hayas interiorizado que el que mola es el que grita más, el que castiga”.

La inconformidad del humano

Desde una perspectiva más evolucionista, casi filosófica, Peidró apunta al inconformismo del ser humano: “Deseamos lo que no podemos tener o lo que es diferente a nosotros. Lo anhelamos, buscamos una supuesta perfección y, si vemos que no tenemos unas determinadas características, las buscamos en el otro”. Aquí se entronca con el problema de autoestima, ya que “puedes haber aprendido que, si tú no tienes eso, si no eres así, no eres valioso”.

El bucle y el refuerzo intermitente

Si en las primeras relaciones nos hemos sentido atraídos por alguien que no nos ha hecho bien, es posible “terminar identificando ese tipo de vínculo con el amor y acostumbrarse a que esa intensa sensación que viviste entonces es el amor”.

A partir de ahí, se puede entrar en un bucle en el que se busca “ese pico de serotonina y dopamina que te generó el malote o la malota, te acostumbras a subidones cada vez más altos y llega un momento en el que piensas que, hasta que no vuelvas a sentir eso, todo lo que vives es una farsa, no es amor de verdad”.

A ello se une el refuerzo intermitente, tan habitual: “Te castigan y perdonan de forma intermitente y, tras el castigo, el perdón posterior provoca un pico tremendo, y el cerebro se acostumbra y tienes la percepción de que lo único que te hace feliz, que te hace “sentir de verdad” es una relación así.

¿Cómo puedo evitar que me siga pasando?

Es posible que, si ya te has visto más de una vez envuelto en una relación así, te digas que quieres cambiar, elegir a otro tipo de persona con quien puedas encontrar otro tipo de felicidad menos dañina. “Se puede intervenir de muchas maneras”, señala el psicólogo, y nos da las siguientes pistas:

Encontrar un sentido en el cambio

Teóricamente sabes, y te lo ha dicho todo el mundo, que esa pareja no es buena para ti, que te hace daño. Lo sabes, pero una cosa diferente es “que realmente integres que eso es algo que deseas cambiar y que estás dispuesto a responsabilizarte. Muchas personas se quejan de que eligen malos compañeros, pero no están dispuestos a tomar decisiones para cambiarlo. No es un camino sencillo, y acabar con esos patrones o automatismos requieren mucho esfuerzo. Por eso, lo primero es saber que realmente quieres trabajar por ello”.

Desarrollo del autocontrol

Una de las claves para llevar a cabo este trabajo es el desarrollo del autocontrol de los impulsos. “Es muy difícil avanzar cuando la capacidad de juicio racional, de crítica, está afectada. Si no trabajas el autocontrol, va a ser mucho más difícil luchar a favor de esos patrones buenos que quieres incorporar”.

Aprende (bien) de tu experiencia

Es frecuente el error de idealizar la pasión y los momentos intensos vividos junto a una pareja tóxica. “Por eso es interesante traer también a la memoria el malestar que te generaban esas experiencias dañinas y entender que la felicidad no está exclusivamente unida al placer”.

Cuidado con las expectativas

Una fuente de frustración es esa idea de que podemos cambiar a la otra persona, que a nuestro lado será diferente. Asimismo, hay que identificar otras creencias erróneas, como el hecho de pensar que, para amar de verdad a alguien, tienes que sentir y desear de forma intensa y para siempre. “El cerebro es una esponja que va aprendiendo a través de lo que le enseñamos. Si solo se le enseña ese subidón de placer, con una vida más rutinaria se quejará y demandará su dosis”, concluye.

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