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Sobreexponerse a la información puede acabar en apatía. /Foto: Pexels

Salud mental

Tecnoapatía: por qué estar demasiado informado te quita la energía

El gran océano de información en el que vivimos inmersos nos puede acabar por agotar la mente. La filósofa Margot Rot cuenta cómo evitarlo.

Por Paka Díaz

16 de enero de 2024 / 14:24

Hay varias guerras en el mundo: Palestina, Ucrania, Sudán del Sur, Siria… La ciudadanía, sin embargo, se muestra exhausta. En lugar de protestar, muchas personas manifiestan una profunda apatía. No quieren leer noticias de temas dolorosos y, mientras, el SEO gobierna nuestra visión del mundo. Para señalar esa posible indiferencia, la filósofa Margot Rot ha escrito Infoxicación, un fascinante libro que ejerce de espejo de la sociedad actual. Una en la que lo digital es tan íntimo que hasta sufrimos nomofobia, o miedo a estar sin tu teléfono móvil. Aunque en realidad, este libro “nació con la voluntad de entender el papel de la virtualidad en la constitución de la identidad”, aclara su autora.

En el libro, Rot reconoce que se centra en tratar de comprender cómo vivimos, o sobrevivimos, a esta era digital. Lo hace desde una reflexión y una duda, pura filosofía. “Tenemos dispositivos a través de los cuales estar más y mejor informadas de forma rápida y fácil, podemos saber más y saber mejor, pero ¿realmente lo hacemos?”, se pregunta. Quizás no y una de las razones sea, por ejemplo, el tecnoestrés.

Qué es la infoxicación

Según la RAE, infoxicación es un acrónimo de «información» y de «intoxicación». Este término se utiliza ya en el español reciente. De hecho, ya lo documentan en el banco de datos de la academia, con su verbo correspondiente, «infoxicar». La filósofa cuenta que se fijó en que estamos expuestos a más información que en ningún otro momento de la historia. ¿Nos ha infoxicado ese empacho informativo?

Uno de sus focos de interés era comprender cómo y por qué las “ingentes cantidades de acontecimientos horrorosos a los que tenemos acceso y con los que nos podemos vincular, porque asistimos a ellos la política, sea una cuestión de, cada vez, menos interés poblacional”. La respuesta es el agotamiento. En su libro, se pregunta si la desafección política general y el cansancio endémico, o la indiferencia de la sociedad tiene “algo que ver con el volumen informacional al que nos exponemos diariamente dentro y fuera de la red”. O dicho de otro modo, ¿nos conduce la sobreinformación a la apatía?

Impotencia ante las noticias

Una de las líneas de pensamiento que propone Margot Rot explica cómo nos influye la infoxicación. “El exceso informacional no conduce a la apatía, pero sí puede conducir a la impotencia”, destaca. En esa impotencia es donde se suelen desarrollar la apatía, primero, y luego la indiferencia. Como los hombres grises del famoso cuento Momo, esa niebla mental nos separa de la empatía y de nuestros congéneres.

Ante tanta cantidad de información y tantos problemas –del calentamiento global a los efectos de la pobreza en el mundo–, los seres humanos reaccionamos de diversas formas. Rot señala que hay quien puede sentir la responsabilidad de arreglar todo. También hay quién apuesta por buscar soluciones. Otros “estamos abrumados en ese sentido, en el que pertenecemos a un mundo en el que hay mucho sufrimiento, visible y sonoro, y no podemos acabar totalmente con él”. Pero también subraya que cuando nos es imposible solucionarlo, “no sólo no hacemos nada, sino que desarrollamos una desvinculación con el horror; una suerte de indiferencia frente al horror”.

Reflexionar para evitar la apatía

Esta indiferencia se ve claramente en cómo se afrontan hechos concretos como los ataques a Gaza. La filósofa señala que asistimos “a una masacre en riguroso directo”. Justo de lo que habla su libro. Para explicarlo, cuenta su experiencia personal. Los primeros 20 días estuvo muy pendiente de la información sobre el conflicto. “Aquellos primeros días me costaba explicar que no me encontraba bien anímicamente a causa de las imágenes que veía”, recuerda. Paulatinamente, dejó de consumir información sobre la guerra.

Según pasa el tiempo, el dolor de lo que ves, la lejanía real y la impotencia te pueden llevar al olvido. “Nos preguntamos qué podemos hacer y parece que, como no podemos parar una guerra la otra opción es no hacer nada, no pensar en ello, no hablar de ello”, señala Rot. Para ella, no se puede, o debe, de “regañar” a la sociedad por ello. Lo que queda es reflexionar. “Preguntarse sinceramente qué podemos hacer, aunque no podamos arreglar el mundo es un gran paso, creo”, anima.

Cómo luchar contra la infoxicación

En su libro también habla de la relación que hay entre nuestras experiencias emocionales a través de las pantallas y la creación de nuestras identidades. “La virtualidad actúa como una especie de rueda de hámster de nuestro deseo”, señala Rot y explica que todo se basa en las posibilidades. Pero son tantas que nos pueden conducir al bloqueo. “La virtualidad se sustenta en nuestra emotividad, en nuestros deseos. El deseo, del que no siempre somos conscientes, nos determina y nos mueve”, comenta.

Lo que es importante comprender es cómo opera en las personas este sistema virtual. “Es un engranaje económico muy sofisticado que involucra nuestras expectativas vitales, nuestras emociones y sueños como seres humanos. La virtualidad se sustenta en nuestra emotividad, en nuestros deseos”, indica la filósofa. Ser conscientes de ello ayuda a estar alerta, porque lo que está en juego es vital, según advierte: “La felicidad, la alegría, la esperanza y los derechos sociales”. Para luchar contra la infoxicación, sugiere “comenzar por darle a la virtualidad la importancia fundamental que se merece. Dada su intima imbricación en nuestras vidas es un gran primer paso”.

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