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En la última temporada de los Bridgerton los amigos se enamoran. FOTO: cortesía Netflix.
SALUD MENTAL
Penelope y Colin no están solos. Más a menudo de lo que se piensa, detrás de una gran amistad hay sentimientos románticos y atracción sexual.
Por María Corisco
14 DE JUNIO DE 2024 / 07:30
Pocas cosas enganchan tanto en la pantalla como una buena tensión sexual no resuelta. Ese ‘sí, pero no’ entre amigos que no saben o no reconocen que se hacen tilín; ese juego de miradas, acercamientos y descubrimientos; ese deseo que se reprime por el bien de la amistad… Lo hemos visto en películas como Cuando Harry encontró a Sally, La boda de mi mejor amigo y lo han explotado series como Bones o Castle. Ahora, los fans de Bridgerton han podido al fin llegar al clímax al mismo tiempo que dos de sus protagonistas, que por fin han cruzado el puente que va de la amistad al amor. El puente del sexo.
En la serie de época creada por Shonda Rhimes, basada en la saga romántica de Julia Quinn, el espectador es testigo de cómo esa relación de mejores amigos entre Penelope y Colin está, en realidad, enturbiada por la atracción que siente ella hacia él. Y de cómo los distintos giros de guión van propiciando que también Colin se sienta atraído por esa muchacha a la que nunca había mirado con los ojos del deseo hasta culminar en una ardiente escena en un carruaje en el que todo al fin explota.
Más allá de un argumento de Corín Tellado o de Megan Maxwell, el enamoramiento entre amigos está más presente en la vida cotidiana de lo que se suele pensar. En un interesante artículo, publicado en Social Psychological and Personality Science, la psicóloga social Danu A. Stinson recoge que los estudios e investigaciones se han centrado “abrumadoramente en el romance que surge entre extraños y han pasado por alto en gran medida el que se desarrolla entre amigos”. Y no es porque ese amor entre amigos fuera raro, ya que, según su metaanálisis, dos tercios de los participantes habrían comenzado su relación amorosa tras una primera etapa de amistad.
Los psicólogos que han estudiado las relaciones han entendido desde hace tiempo, señala Stinson, que “existen al menos dos tipos de intimidad. Una es la intimidad basada en la amistad, que es una experiencia cognitiva y emocional que comprende interdependencia psicológica, calidez y comprensión, relacionada con el amor de compañía que nutre vínculos íntimos a largo plazo. La otra es la intimidad basada en la pasión, que es una experiencia principalmente emocional que comprende romance y excitación positiva, relacionada con el amor apasionado que tipifica las relaciones novedosas y, a menudo, sexuales”.
El guión de citas dominante habla de que es el deseo apasionado el que desencadena la interacción entre parejas románticas potenciales. Es decir, te sientes atraído sexualmente por alguien, y ese alguien por ti, y dais rienda suelta a esa pasión. Y puede que, a partir de ahí, se vaya estableciendo un vínculo amoroso que lleve esa relación a otra dimensión.
Pero no siempre es así, ni mucho menos. “La atracción entre amigos, el enamoramiento que va más allá de la amistad, es enormemente frecuente”, apunta la psicóloga Esther Cantos, que también advierte que “esto no quiere decir, ni mucho menos, que no pueda existir una amistad entre un hombre y una mujer heterosexuales o entre amigos homosexuales”.
Existe, pero muchas veces se oculta. “El miedo a reconocer sentimientos románticos hacia un mejor amigo es multifacético y puede estar influenciado por distintos factores, que puede hacer que una persona se sienta atrapada entre el deseo de ser honesta y el temor a las posibles consecuencias”. Entre estos factores por los que una persona puede no reconocer que está enamorado o se siente atraído por su mejor amigo están las siguientes: