
De casi proscrita a protagonista absoluta. La carne roja es la gran vencedora en esta nueva pirámide creada a la medida de los gustos del ciudadano estadounidense. FOTO: Dogu Tuncer/Unsplash
El MAGA llega al plato
La nueva pirámide alimentaria de la era Trump dinamita algunos pilares de la dieta mediterránea
Las legumbres pierden la batalla frente al chuletón y la mantequilla. Los nutricionistas españoles aplauden sus aciertos, pero cuestionan algunas claves presentes solo para agradar a los estadounidenses
Por Abigail Campos
10 DE ENERO DE 2026 / 08:00
Los estadounidenses estrenan la nueva pirámide alimentaria de la era Trump. Recién salida de think tank del Departamento de Salud y Servicios Humanos que lidera Robert Kennedy Jr. Un compendio de directrices nutricionales alineada con el movimiento MAHA (Make America Healthy Again) que busca salvar a los norteamericanos de su actual nefasto patrón alimentario basado en hamburguesas, perritos calientes y todo lo que se pueda descongelar y comer sin cocinar.
Esta nueva pirámide de los alimentos invierte el orden tradicional: prioriza las proteínas y las grasas de calidad —incluida la carne roja— y restringe los cereales, considerados desde mediados del siglo XX como básicos. La primera reacción de la comunidad médica y de los dietistas-nutricionistas ante esta nueva pirámide invertida es un aplauso sincero, aunque con matices. Porque avala una hoja de ruta dietética sin ultraprocesados y basada en alimentos frescos y sencillos. Pero también se configura como un traje a medida para los gustos de los norteamericanos.
Y, desde luego, un espaldarazo a su sector agrícola y ganadero.
Otra forma de comer para ganar salud
La comida puede ser un seguro de vida o un lastre para nuestra salud. Hay mucha evidencia científica de que la mala dieta occidental, regada de ultraprocesados y con escasísima presencia de hortalizas y vegetales, es un vale para desarrollar una larga lista de enfermedades cardiometabólicas.
Para promover la salud ciudadana esta nueva guía se presenta, en palabras del secretario Kennedy, como «unas directrices para devolvernos a lo básico. Los hogares estadounidenses deben priorizar los alimentos frescos y ricos en nutrientes (proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y cereales integrales) y reducir drásticamente los alimentos altamente procesados. Así es como lograremos que Estados Unidos vuelva a ser saludable».

Come comida real
Bajo el slogan ‘come comida real’ (Eat Real Food) esta nueva hoja de ruta se basa en 9 puntos:
- Priorizar las proteínas en cada comida (1,2–1,6 g/kg/día)
- Consumir productos lácteos enteros sin azúcares añadidos
- Comer verduras y frutas durante todo el día (3 raciones vegetales/2 fruta)
- Incorporar grasas saludables procedentes de carnes, mariscos, huevos, frutos secos, semillas, aceitunas y aguacates
- Sí a los cereales integrales y reducción drástica de los refinados
- Consumo limitado de alimentos altamente procesados, azúcares añadidos y aditivos artificiales
- Elegir agua y bebidas sin azúcar para apoyar la hidratación
- Limitar el consumo de alcohol para una mejor salud general
- Adecuar las cantidades a la edad, el sexo, el peso y el nivel de actividad
Una victoria para las proteínas
El nuevo planteamiento alimentario «creado bajo el liderazgo valiente del presidente Trump» (palabras literales del propio secretario Kennedy refiriéndose al inquilino de la Casa Blanca, bien conocido por su gusto por las hamburguesas de McDonald’s), desataca el papel que se concede a las proteínas. Laura Salud, nutricionista y farmacéutica y CEO de Salmo Labs, aplaude este paso y destaca que «la cetosis, que es básicamente un estado en el que no se utilizan tantos hidratos de carbono, es el ideal para evitar enfermedades y la inflamación».
Recuerda que «la pirámide nutricional antigua precisamente provoca todo lo contrario y genera enfermedades. Y por eso tenemos una sociedad tan enferma metabólicamente, con diabetes, obesidad, hipertensión, síndrome metabólico… En la nueva, por fin, se ponen los carbohidratos donde deben de estar, que es en el pico inferior. Solamente se tienen que tomar puntualmente y podemos vivir perfectamente sin ellos».
¿Y de dónde sale entonces la glucosa? «El cuerpo es capaz de sintetizarla a partir de proteínas y grasas. De ahí su posición en esta nueva pirámide».
Adiós, ultraprocesados, adiós
La doctora Beatriz Beltrán, especialista en medicina interna, medicina estética y nutrición, y fundadora de la clínica de Barcelona que lleva su nombre, considera que el aspecto más positivo es que pone el foco en la comida real y reduce el protagonismo de los ultraprocesados. «Sin duda, un punto claramente alineado con la evidencia científica actual».
Este paso adelante frente al avance de los ultraprocesados es algo que también propugna Maira Bes-Rastrollo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, investigadora del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA) y de CIBEROBN.
Todas las proteínas en el mismo saco
Beltrán celebra que se refuerce la importancia de una ingesta proteica adecuada, pero con matices. «No todas las proteínas deben interpretarse como saludables sin límites. La carne roja no debería considerarse una proteína de consumo diario, sino ocasional y combinada con otras fuentes (pescado, aves, huevos y proteínas vegetales)».
Destaca su disconformidad con que este aumento de las proteínas, «se haga a costa de reducir vegetales y legumbres, cuando estos alimentos son una fuente esencial de fibra, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que modulan la inflamación y sostienen la salud metabólica», explica.
Grasas en el punto de mira
El discurso del movimiento MAHA pone en el mismo lugar a todas las grasas de la ‘real food’: carnes, mantequilla, frutos secos, leche entera, aceitunas y aguacates. Este supuesto ha levantado ampollas en la cultura mediterránea donde el aceite de oliva (grasa insaturada) ocupa una posición cardiosaludable muy superior al resto de grasas, en especial, de las saturadas.
«Aunque determinados lácteos fermentados se asocian a un mejor perfil lipídico y menor riesgo cardiovascular, no todas las grasas son equivalentes. Desde un punto de vista clínico sigue siendo prioritario favorecer grasas insaturadas (aceite de oliva, frutos secos) frente a mantequillas u otras grasas ricas insaturadas, para proteger el LDL y la salud cardiovascular», matiza la doctora Beltrán.
No es país para legumbres
Garbanzos, lentejas, soja… son los auténticos perdedores de esta nueva pirámide de los alimentos de la Administración Trump. En esta reorganización del imaginario nutricional made in USA hay una ausencia simbólica: las legumbres, piedra angular de la dieta mediterránea y alimento históricamente asociado a longevidad, accesibilidad y cocina doméstica. En la pirámide sí aparece un icono de cacahuetes, una lata de beans (alubias) y guisantes, pero el discurso es difuso.
«Las legumbres disminuyen el riesgo cardiovascular y la mortalidad asociada; son ricas en fibra, aumentan la saciedad y permiten sustituir parte de la proteína animal sin empeorar el perfil lipídico. Además, son accesibles y económicas, lo que las convierte en una herramienta fundamental para familias y políticas públicas, como comedores escolares». Pero no forman parte de la cultura culinaria básica de los Estados Unidos.
Atención a los cacahuetes
En cambio, la producción de cacahuetes tiene un enorme peso en el sector agrícola estadounidense. Y sí, son legumbres y no frutos secos. El problema, a ojos de los expertos es nutrición, es que este alimento suele consumirse bajo toneladas de sal, frito o bañado en miel o chocolate. En otras palabras, un ultraprocesado de manual. «Tiene un perfil cardiosaludable, pero debe consumirse en su forma natural y sin procesar, ya que versiones muy saladas o ultraprocesadas pueden generar confusión», explica Beltrán.
En España, su consumo no es tan habitual, «por lo que debe entenderse como una opción más, en cantidades moderadas, y no como sustituto del papel central de las legumbres tradicionales», recuerda.
¿Una pirámide estadounidense… o un exportable cultural?
Aunque se trata de una guía para los Estados Unidos, una de las grandes interrogantes es su capacidad para trasplantarse a otros países cuyo patrón nutricional —como el mediterráneo— se apoya en legumbres, cereales integrales y aceite de oliva como columna vertebral.
¿Puede realmente esta pirámide exportarse a España? La doctora Beltrán cree que sí. «En primer lugar, la cultura wellness y las redes sociales, que tienden a viralizar mensajes simples como «más proteínas» y «menos carbohidratos». Estos mensajes beben en parte de dietas de longevidad y de evidencia real, pero pierden los matices cuando se trasladan a formatos breves y visuales. La segunda vía es el auge de dietas de moda como la paleo, keto o low-carb, que efectivamente pueden producir pérdida de peso a corto plazo, pero no son adecuadas para todo el mundo ni como recomendación poblacional general», concluye.
¿Dieta saludable o pirámide MAGA?
En el imaginario del ciudadano americano medio el plato saludable ideal es un filete de grandes dimensiones, con sus patatas fritas o ensalada. «Y, por supuesto, con un vaso de leche como bebida principal durante las comidas. El vaso de agua que planteamos en nuestra dieta como bebida de referencia allí no es lo normal», explica Iva Marques, profesora titular de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Ciencias de la Salud y Deporte de la Universidad de Zaragoza, y patrona y académica de Honor de la Academia Española de Nutrición y Dietética.
Cierto que el agua sí aparece en la explicación extensa y literal, pero brilla por su ausencia en el dibujo simplificado que llegará a millones de norteamericanos. Y ese matiz importa, porque aunque estamos ante un menú más fresco y más saludable, también es muy MAGA (Make America Great Again), el slogan del presidente Donald Trump. «La nueva pirámide tiene matices políticos y de conflicto de interés muy marcados. Busca promocionar alimentos producidos en Estados Unidos, sobre todo, la carne roja y la carne mínimamente procesada, ya sea de vacuno o de cerdo. Si nos fijamos, al lado del chuletón viene una bandejita con carne picada».
Algo similar sucede con la leche de vaca, de ahí tanto protagonismo.
Un dibujo engañoso que dice mucho
Un chuletón de proporciones bíblicas abre esta nueva pirámide. Es la metáfora de que hay que comer más proteínas, pero transmite mucho más. Sobre todo, en tiempos de poca lectura y mucho dar por bueno lo que dice una foto. «A simple vista, el americano de a pie lo va a interpretar como que hay que comer filete con ensalada. ¿Eso es mejor que comer ultraprocesados? Para mí, sí. ¿Que no son las mejores recomendaciones? No, porque llevan manipulación política y no tienen un respaldo suficiente», apunta.
Pone como ejemplo los pescados, que aparecen solo como un lomo de salmón y latas. «No hay otros tipos de pescados frescos». Ni pescados blancos frescos (o congelados), ni los pequeños pescados azules tan habituales en nuestras pescaderías, como las sardinas, la caballa o los boquerones.
Tampoco aparecen otras carnes blancas muy del gusto de otros países occidentales, como el cordero o el conejo. «Mi opinión es que han usado la evidencia científica en función de los intereses de la política trumpista. Apoyarse en alimentos producidos en Estados Unidos obviamente mejora la economía, pero el respaldo con evidencia científica a todas sus recomendaciones es relativa y está manipulada».
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