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El músculo se construye a base de entrenamiento, pero también necesita buenos materiales para hacer su trabajo. Foto: Mikhail Nilov / Pexels
La nueva pareja del fitness
Científicos españoles descubren la curiosa relación entre la Roseburia y el crecimiento de nuevas fibras musculares
Por Verónica Palomo
9 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 07:30
Hace ya tiempo que hemos dejado de creer que el intestino es solamente el lugar donde termina la digestión. Se sabe que es el epicentro de nuestra salud, un sofisticado centro de mando que se comunica con el cerebro, el sistema inmunitario y, según las investigaciones más recientes, hasta con los músculos.
Este es el hallazgo de un grupo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Leiden (LUMC), en colaboración con las universidades de Granada y Almería, publicado recientemente en la revista Gut. El protagonista se llama Roseburia inulinivorans, un género de bacterias cuya presencia parece ser determinante para mantener la fuerza física y prevenir el deterioro muscular asociado al envejecimiento.
Para entender la magnitud de este hallazgo y comprender qué papel juega este microorganismo en nuestro cuerpo, hablamos con el científico principal del trabajo, Borja Martínez-Téllez, investigador en la Universidad de Almería.
"Roseburia es un grupo de bacterias beneficiosas que viven de forma natural en nuestro intestino. Podríamos decir que forman parte de los 'buenos vecinos' de nuestra microbiota". Esta buena relación de vecindad se traduce en una función biológica silenciosa que resulta vital para el equilibrio metabólico.
Según explica Martínez-Tellez, "su labor principal consiste en procesar lo que nosotros no podemos digerir solos. Es decir, en alimentarse de la fibra que consumimos y transformarla en compuestos beneficiosos para nuestro organismo, especialmente unos llamados ácidos grasos de cadena corta". Recordemos que estos compuestos no se quedan en el colon, sino que actúan como mensajeros químicos que viajan por el torrente sanguíneo.
Aunque lleva años siendo considerada una bacteria importante para la salud metabólica, el científico nos cuenta que es ahora cuando están empezando a descubrir que sus efectos podrían ir mucho más allá.
Recientemente, Boticaria García destacaba la relación entre el entrenamiento y la salud de la microbiota intestinal. La ciencia ahora detecta que esa relación también se da a la inversa: hay una correlación directa entre la abundancia de Roseburia en el organismo y una buena capacidad física.
Como explica Borja Martínez-Téllez, "aunque pueda parecer sorprendente, el intestino y los músculos están constantemente comunicándose. Las bacterias intestinales producen moléculas que pasan a la sangre y pueden llegar a tejidos lejanos, incluido el músculo".
En su trabajo de investigación, al comparar a adultos jóvenes (de 18 a 25 años) con personas mayores de 65 años, la presencia de Roseburia inulinivorans marcó una gran diferencia entre el grupo de la tercera edad. Aquellos mayores que portaban esta bacteria presentaban un 29% más de fuerza de agarre que quienes carecían de ella.
Este patrón no es exclusivo de la vejez. En los jóvenes, niveles altos de este microorganismo se asociaron con una mejor condición física general, lo que posiciona a esta bacteria como un marcador de salud muscular para toda la vida.
Para demostrar que no se trataba de una mera coincidencia, el equipo de investigación trasladó el estudio a modelos experimentales. Los resultados en ratones, tras ocho semanas recibiendo cepas de Roseburia, fueron concluyentes: la fuerza de los roedores también aumentó. En este caso, hasta un 30%.
Lo más fascinante no fue el incremento de potencia, sino el cambio estructural. "Los músculos de estos animales se transformaron desde dentro. Desarrollaron fibras más grandes y, lo que es más importante, produjeron más fibras de contracción rápida". Estas son, precisamente, las fibras necesarias para los movimientos explosivos y potentes, y las que más tendemos a perder con el paso de los años.
Aunque con la cautela que merecen los resultados en roedores y no en humanos, la investigación abre una esperanza a poder recuperar músculo restaurando la población bacteriana. En especial, a medida que cumplimos años.
En los jóvenes, la fuerza muscular es algo que se da por sentado, pero según vamos envejeciendo, tener más o menos potencia en los músculos marca la diferencia. Uno de los grandes temores a los que nos enfrentamos según vamos cumpliendo años es la sarcopenia o atrofia muscular. Con el paso del tiempo, el cuerpo pierde masa y fuerza de forma natural, lo que deriva en fragilidad, caídas y una dolorosa pérdida de independencia.
El investigador, aunque cauteloso, se muestra optimista ante esta posibilidad: "Todavía estamos investigando los mecanismos exactos, pero creemos que esta bacteria podría producir compuestos capaces de mejorar el metabolismo energético del músculo, favorecer su funcionamiento y ayudar a preservar su capacidad de generar fuerza".
A la espera de que la ciencia concrete tratamientos específicos, el investigador recuerda que ya existen formas de fortalecer la microbiota.
El horizonte de esta investigación es bastante ambicioso: lograr un probiótico basado en Roseburia que ayude a prevenir la atrofia muscular. "Aunque ese es precisamente uno de los objetivos a largo plazo, todavía es pronto para recomendar un probiótico basado en Roseburia para la población general", explica el investigador.
"Necesitamos confirmar estos resultados en ensayos clínicos en personas y demostrar que la administración de la bacteria es segura y eficaz. Pero si los próximos estudios son positivos, en el futuro podríamos disponer de nuevas estrategias basadas en la microbiota para ayudar a prevenir la pérdida de fuerza y masa muscular asociada al envejecimiento", señala.
"Lo interesante es que estaríamos hablando de un planteamiento completamente nuevo: ¡actuar sobre el intestino para beneficiar al músculo!", exclama Martínez-Tellez.
Sin duda, el optimismo del científico es contagioso. A partir de ahora, la próxima vez que pienses en tu salud muscular, también mira un poco más hacia adentro.
Recorrer cientos de kilómetros sin más compañía que la propia sombra se hace con los pies y con la mente.