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NUTRICIÓN

La polémica entre Nutriscore y la dieta mediterránea. ¿Por qué saca mejor nota un refresco que el aceite de oliva?

El semáforo europeo que pretende arrojar luz sobre la calidad de los alimentos procesados y envasados sigue enfrentando a políticos, productores del sector agroalimentario y la opinión pública.

Por Mónica Heras

24 de noviembre de 2021 / 17:15

Si no teníamos bastantes dolores de cabeza intentando descifrar las etiquetas de los alimentos, llegó  Nutriscore. Este sistema que clasifica la calidad de los envasados y procesados a través de 5 colores y letras. El problema es que lejos de aclararnos, su algoritmo ha puesto en pie de guerra a consumo, el Ministerio de Agricultura, los nutricionistas y a los productores de aceite de oliva, embutidos o quesos, entre otros.

El semáforo nutricional aprobado por Oxford, lleva vigente en Francia desde 2017 y pretendía entrar en España durante el 2020, aunque se retrasó al 2021. Sin embargo, no parece que vaya a ver la luz antes de que finalice el año. Si has visto la etiqueta en tus yogures, por ejemplo, es porque algunas marcas ya han empezado a señalizar sus envases con este semáforo. Ahora mismo la cosa está en un limbo legislativo y los fabricantes deciden, según les parezca, si imprimen o no el Nutriscore en sus productos.

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Entendiendo qué es Nutriscore

Para comprender la polémica, debemos saber el funcionamiento de esta herramienta. En principio nació para facilitarnos la vida a los consumidores. Su objetivo es que pudiéramos ver en el etiquetado frontal de los productos envasados y procesados, un código de color y letras que nos indica su calidad nutricional.

Para valorarlos emplea un algoritmo que suma la cantidad de calorías, sal, azúcar o grasas saturadas; y resta la calidad de frutas, verduras, proteínas y fibras. El verde oscuro y claro con las letras AB, el amarillo con la C, y en naranja y rojo la D y la E, correspondiendo estas a los alimentos menos saludables.

Eso sí, compara productos de la misma familia, por lo que no se puede hacer una clasificación general de los alimentos. Pero, ¿Esto de verdad ayuda a los consumidores?, ¿existe la suficiente cultura alimentaria? La respuesta es no, y de ahí que se esté generando tal polémica.

La polémica entre Nutri Score y la dieta mediterránea. ¿Por qué saca mejor nota un refresco, que el aceite de oliva?

Alimentos que no están obligados a poner el sello Nutriscore

  • Productos frescos como la carne, el pescado, frutas, verduras, legumbres y huevos.
  • Aquellos productos que solo tienen un ingrediente en su composición, siempre y cuando no sean procesados, como el vinagre, y la miel.
  • Alimentos que sean suministrados directamente por el fabricante o tiendas minoristas pequeñas.
  • Los alimentos que se venden en envases de menos de 25 cm2 (chocolates, gominolas, barritas de cereales, etc.).
  • Café, té, infusiones de hierbas y frutas.
  • Bebidas alcohólicas.
  • El aceite de oliva.

¿Dónde está el problema de esta clasificación?

Frente a cada opinión negativa acerca de Nutriscore, aparece su contraparte hablando de las virtudes de la herramienta. Aunque lo cierto es que  no está encajando nada bien con los amantes de la dieta mediterránea.

  • Los nutricionistas hablan de absurdo cuando nos encontrábamos en un primer momento al aceite de oliva puntuado con una D, mientras que un refresco light con edulcorantes en lugar de azúcar, obtiene una B. Si bien es cierto que son de distintas familias, puede llevar a confusión a los consumidores. Por ello, el Ministerio ha eximido de este etiquetado precisamente al aceite.
  • El sector agroalimentario no ve con buenos ojos a Nutriscore y después de que sacaran al aceite de oliva de la lista, los productores de embutidos y queso también han protestado. Argumentan que están asociados a la dieta mediterránea, que forman parte de nuestra cultura, sin embargo, ¿es realmente cierto?, ¿son saludables? Aquí de nuevo hay polémica, porque en realidad son productos cuyo consumo se recomiendan de manera ocasional, siempre de buena calidad, al fin y al cabo son alimentos procesados. Su contenido en grasas saturadas es alto, al igual que el de sal, por lo que ocupan la categoría D.
  • Otro de los fallos es que no diferencian entre los productos refinados y los integrales. Tampoco si un aceite es virgen o refinado, o si las proteínas son de alto o bajo valor biológico. Además, no tiene penalización el uso de aditivos.
  • Por si todo esto fuera poco, pese a que aún no se ha regulado la entrada en España de Nutriscore,  ya hay empresas que han empezado a incluir el semáforo en sus productos, como Danone y Nestlé, partidarias de la herramienta. Por su parte, también encontramos algunos supermercados como Carrefour, Eroski, Aldi, Lidl, Alcampo o Caprabo, que defienden esta aplicación y están haciendo uso de ella.
  • Al no haber aún consenso y no estar regulado, las empresas son libres de decidir si poner o no la etiqueta a ciertos productos, según les convenga. Pese a que no se están planteando que sea obligatorio, cuando se apruebe su entrada en vigor, quienes se decidan a usarlo tendrán que incluirlo en todos sus productos y no a su elección, como está sucediendo.

Nutriscore contra la dieta mediterránea

Con todos estos frentes abiertos, no es de extrañar que muchos ataquen a este sistema, esgrimiendo que va en contra de la dieta mediterránea, considerada una de las mejores del mundo por lo saludable, variada y sostenible que es.

Uno de ellos ha sido Marcos Vázquez, que reconoce que el semáforo podría tener una buena intención, pero que necesita algunos ajustes. «Una clasificación basada en el grado de procesamiento del alimento sería mucho más útil. Lo podríamos llamar Indice de Comida Real».

Y no es el único. Carlos Ríos, que ya venía avisando hace años de los peligros de este tipo de clasificación, y daba su opinión a través de su cuenta de Instagram:

«Es un algoritmo que tiene fallos al considerar a la comida como nutrientes, en lugar de alimentos». Carlos Ríos

De ahí que el AOVE saque una mala nota. Toman en cuenta su grasa, sin que se puntúe que hablamos de una de las grasas saludables mejor valoradas del mundo.

Por último, uno de los puntos más preocupantes y algo de lo que ya están advirtiendo los expertos en salud, es lo fácil que les va a resultar a las marcas hacer un lavado de cara y ofrecer productos que engañen al algoritmo. Así que, de nuevo, la responsabilidad vuelve a los consumidores que necesitan más información.

Necesitamos ponernos las pilas y aprender qué nutrientes necesita nuestro organismo, qué alimentos son saludables y cuáles debemos evitar, más allá de cualquier semáforo. Un buen tip es lo que nos dice Gemma Bes, que nos invita a que comamos comida real, de fácil cocinado, lo más parecido a lo que hacían nuestras abuelas.

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