Cada vez que te haces un selfie sonriendo, ahí también están tus bacterias amigas. Y hay que cuidarlas con cada cepillado. FOTO: CottonBro (Pexels)
No todo es eliminar sarro
El superpoder del cepillado de dientes para proteger el cerebro
Nuestra boca no necesita desinfección, sino equilibrio y una limpieza respetuosa con la microbiota.
Por Abigail Campos
7 DE JULIO DE 2026 / 07:30
Hubo un tiempo en el que cuidar la boca se reducía a tratar las caries, prevenir el mal aliento y retrasar todo lo posible las visitas al dentista. Ahora sabemos que ahí dentro sucede algo bastante más sofisticado. La cavidad oral alberga uno de los ecosistemas microbianos más complejos del cuerpo humano: más de 700 especies bacterianas conviven entre dientes, lengua, saliva, encías y mucosas en un equilibrio tan delicado como decisivo para la salud. Dicho de otra forma: tu boca es una auténtica jungla microscópica con una variadísima microbiota. Y la solución no pasa por arrasarla a golpe de colutorio.
La microbiota oral es, después de la intestinal, la segunda más compleja y numerosa del organismo. La base de datos científica eHOMD (Expanded Human Oral Microbiome Database) ha identificado aproximadamente 774 especies bacterianas en la cavidad oral humana, aunque algunos estudios elevan la diversidad total por encima de los 1.000 microorganismos si se incluyen hongos, virus y protozoos.
Quitar sarro y cuidar de la microbiota
«Durante años hemos hablado de la microbiota intestinal como si fuera el gran ecosistema del cuerpo, pero la boca es probablemente una de las ‘selvas’ más sofisticadas que tenemos», explica Eugenia Cervantes, fundadora y directora de Eugenia Cervantes Estética Dental, clínica especializada en odontología estética y diseño de sonrisa. «No todas las bacterias son malas. Muchas bacterias orales ayudan a mantener el equilibrio, participan en la defensa frente a patógenos, contribuyen al metabolismo del nitrato y forman parte de una barrera biológica natural».
La clave está precisamente ahí: en el equilibrio. Porque una boca sana, sin sarro, no es una boca estéril, sino una en la que las distintas especies microbianas conviven sin imponerse unas sobre otras. Cuando ese ecosistema se altera, aparece lo que los expertos llaman disbiosis oral: un desequilibrio que favorece la proliferación de bacterias inflamatorias y patógenas asociadas a caries, gingivitis, periodontitis o halitosis.
«La microbiota oral es uno de los ecosistemas microbianos más complejos del organismo: alberga más de 700 especies distintas que conviven en un equilibrio muy preciso», subraya la doctora Beatriz Rodríguez-Vilaboa, especialista en Estética Dental de la Clínica Vilaboa. «Cuidarla no significa eliminarla, sino proteger ese equilibrio y evitar situaciones de disbiosis, es decir, alteraciones del ecosistema microbiano que favorecen la aparición de enfermedad«.
La boca no es un quirófano
Y aquí llega uno de los grandes giros de la salud oral contemporánea: quizá llevamos años entendiendo mal la higiene bucal. Porque hay errores aparentemente inocentes capaces de alterar el microbioma oral más de la cuenta. Uno de los más frecuentes, según las expertas, es obsesionarse con ‘desinfectar’. «El primer error es pensar que una boca sana es una boca ‘esterilizada’. No queremos una boca sin bacterias; queremos una boca en equilibrio», advierte Cervantes. La doctora Vilaboa coincide: «La boca no es un quirófano: necesita sus bacterias».
En ese intento por dejar la boca ‘ultralimpia’, muchas personas utilizan colutorios antibacterianos de forma rutinaria y sin supervisión profesional. El problema es que algunos antisépticos de amplio espectro no distinguen entre bacterias beneficiosas y perjudiciales. «El uso indiscriminado de colutorios con clorhexidina de forma prolongada genera una disbiosis importante», explica Vilaboa, también miembro de la Academia Europea de Estética Dental y profesora de Odontología Estética de la Universidad San Pablo-CEU.
Pasarse con la limpieza trae problemas
Cervantes añade por su parte que estos productos «pueden producir cambios importantes en la microbiota salival, favorecer un ambiente más ácido y alterar bacterias beneficiosas».
La fuerza tampoco ayuda. Cepillarse como si uno estuviera lijando una pared no limpia mejor. De hecho, puede retraer encías, desgastar esmalte y alterar el entorno donde vive la microbiota: «La placa bacteriana se desorganiza con técnica, no con agresividad».
Querido hilo dental
Y luego está el gran olvidado de la higiene oral: el espacio entre los dientes. Ese territorio minúsculo donde el cepillo apenas llega y en el que las bacterias campan a sus anchas si nadie las molesta. «El hábito silencioso que subestimamos más probablemente es no limpiar entre los dientes. Porque la inflamación interdental puede estar activa durante años sin dolor», advierte Cervantes.
La recomendación más repetida por ambas especialistas es tan poco glamurosa como eficaz: limpieza interdental diaria. Hilo dental, cepillos interproximales o irrigador, según cada caso. Pero limpiar: «El cambio más sencillo, barato y con más impacto es este: limpiar entre los dientes una vez al día. La salud real muchas veces se decide en los espacios invisibles».
Mucho más que una sonrisa bonita
Una buena higiene dental no se queda en dientes, encías, lengua y saliva. Lo que ocurre en la boca no siempre se queda en la boca. En los últimos años, diferentes investigaciones han relacionado la disbiosis oral con enfermedades cardiovasculares, diabetes, deterioro cognitivo y otras patologías sistémicas. La hipótesis que manejan los investigadores tiene que ver con la inflamación crónica y el paso de bacterias o toxinas al torrente sanguíneo.
Además es sabido que una mala salud dental puede repercutir en problemas musculares.
De las encías al cerebro
«Una encía que sangra no es una encía sensible; es una barrera inflamada y abierta», explica Cervantes. Y una barrera abierta no solo afecta a la boca: puede hablar con todo el organismo. Uno de los campos que más interés científico ha despertado es la posible relación entre determinadas bacterias orales y el alzhéimer. En concreto, la bacteria Porphyromonas gingivalis, vinculada a la periodontitis crónica.
Investigaciones publicadas en revistas como The Lancet y Journal of Oral Microbiology relacionan la disbiosis oral con enfermedades cardiovasculares, diabetes y Alzhéimer. Un estudio detectó esta bacteria y sus toxinas —las gingipaínas— en cerebros de pacientes fallecidos con enfermedad de Alzheimer. En modelos animales, además, la colonización oral por esta bacteria permitió su desplazamiento hasta el cerebro. «Hay hipótesis sólidas sobre cómo la neuroinflamación crónica derivada de una disbiosis oral podría contribuir al deterioro cognitivo», detalla Vilaboa.
Eso no significa, advierten las expertas, que una gingivitis cause directamente alzhéimer. La relación no puede simplificarse así. Pero sí apunta a algo relevante: la inflamación periodontal crónica podría actuar como un factor modificable dentro de procesos inflamatorios más amplios. «La encía es una frontera biológica. Cuando sangra, no solo nos está hablando de dientes: nos está avisando de inflamación», resume Cervantes.
Y también al corazón
La relación con la salud cardiovascular también empieza a acumular evidencia. El estudio Improved oral hygiene care is associated with decreased risk of occurrence of atrial fibrillation and heart failure: A nationwide population-based cohort study, realizado en Corea del Sur y publicado en European Journal of Preventive Cardiology, observó que las personas con una higiene oral más frecuente presentaban menor riesgo de fibrilación auricular e insuficiencia cardíaca. El grupo con tres o más cepillados diarios mostró un riesgo significativamente menor. La hipótesis: reducir el paso de bacterias al torrente sanguíneo.
«La boca no es una isla: es la puerta de entrada al organismo», señala Vilaboa. Cuidar su microbioma es cuidar el organismo entero. Quizá ha llegado el momento de mirar la higiene oral con otra perspectiva. No se trata de declarar la guerra a las bacterias, sino de convivir con las adecuadas. «La boca no necesita guerra. Necesita equilibrio», sentencia Cervantes.