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A pesar de que es algo que hacemos desde pequeños, hay cosas que no hacemos bien en la ducha./ Foto: Pexels.

CUERPO

Cinco errores que cometes todos los días en la ducha (y, sobre todo, al lavarte el pelo)

¿Hay que usar esponja? ¿Es mejor el agua fría para revitalizarnos? ¿Por qué tu cabello se sigue viendo graso? La dermatóloga Isabel Del Campo te da las claves de los errores de higiene más frecuentes.

Por María Corisco

30 de enero de 2024 / 14:00

Párate a pensar en cómo te duchas. ¿Alguna vez alguien te explicó cómo debías hacerlo? Lo más probable es que te hayas guiado a lo largo de los años por la inercia, por las costumbres que había en tu casa, por la textura de un exfoliante o la cremosidad de un gel. Pero, en este acto tan habitual, es muy frecuente cometer errores que pueden dañar nuestra piel y nuestro cuero cabelludo.

La doctora Isabel Del Campo, dermatóloga del Instituto de Dermatología Integral, te da cinco pistas para evitar que te equivoques en tu higiene diaria.

La temperatura

Es sabido que el agua muy caliente, aunque enormemente apetecible en estos días gélidos, no es buena para la piel. Pero nos equivocamos si pensamos que la alternativa es el agua fría. La doctora Del Campo señala que “sí podemos emplear agua fría durante unos segundos, al tener un efecto vasoconstrictor y revitalizante, pero no es beneficioso que la ducha completa se haga con agua fría. El motivo es que cierra los poros y, por tanto, la higiene no es completa. Por otra parte, si la temperatura del agua es muy alta podemos dañar la barrera hidrolipídica que protege la piel de las agresiones externas”.

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Sobre si el agua fría deja el cabello más brillante, “no hay aval científico al respecto. El agua fría lo que hace es cerrar la cutícula, por eso puede utilizarse para finalizar el lavado del cabello, tras eliminar el suavizante”. Su conclusión: “Las duchas templadas son las más adecuadas para la piel, además deben ser duchas cortas, que no excedan los cinco minutos”.

¡Sin esponja!

Es uno de los errores más frecuentes que se comenten al ducharse, explica la doctora: “Utilizar la esponja, guantes o cepillos cada vez que nos duchamos hace que la piel se vea desprotegida ya que se daña la capa hidrolipídica que recubre la piel. Utilizar únicamente la mano para frotarnos y eliminar los restos de espuma del gel y champú es más que suficiente para eliminar también las células muertas que se acumulan a diario en el cuerpo”.

Cuando se piensa en exfoliación, muchas veces se asocia únicamente “al utilizar productos como geles o cremas tipo scrub, es decir, que tienen pequeñas partículas que ayudan a arrastrar las células muertas de manera más efectiva. Pero el hecho de usar esponjas, guantes o cepillos cada vez que nos duchamos ya supone una exfoliación”.

Para que sea efectiva, la doctora Del Campo recomienda:

  • El periodo entre exfoliaciones debe ser entre siete y diez días, ya que es cuando las células muertas pueden empezar a acumularse en demasía en el cuerpo y muestre un aspecto apagado y los poros estén obstruidos.
  • La exfoliación no solo elimina las células muertas, sino que además al masajear el cuerpo se estimula circulación sanguínea y prepara la piel para absorber mejor los productos hidratantes y nutritivos que se deben aplicar posteriormente.
  • También es recomendable que la exfoliación se haga por la noche, de manera que esté más protegida de los rayos UVA, aunque siempre es necesario aplicar fotoprotectores al día siguiente (también durante todo el año, especialmente si durante la primavera y el verano).

La elección del jabón

Son tantas las opciones que resulta difícil elegir. Antes de dejarse llevar por modas y reclamos publicitarios (con avena, con aloe vera, con miel) que no son sino estrategias de venta, la experta recomienda “optar por productos que no contengan excesiva cantidad de jabón, ya que puedan dañar la barrea protectora; para ello existen los denominados geles sin jabón (syndet)”.

  • Por otra parte, el gel más adecuado para la ducha es aquel se sea más respetuoso con la piel, por ejemplo, los que tienen un pH 5-5,5 son recomendado para todo tipo de pieles (ya que es el pH que tiene la piel).
  • Si se tiene piel sensible es mejor “optar por aquellos que no contengan químicos, perfumes o colorantes y optar por syndets y aceites de ducha, ya que pueden provocar irritaciones e, incluso, reacciones alérgicas”.
  • Las pieles atópicas se caracterizan por sufrir descamaciones, eczemas o picores, de manera que la mejor opción son los geles dermatológicos indicados especialmente para este tipo de pieles.

Qué champú elegir

En cuanto a los champús, también hay que tener en cuenta el tipo de cabello que se tiene, ya no todos tienen las mismas necesidades.

  • Para los cabellos grasos, hay que decantarse por aquellos que dejen limpio el cuero cabelludo, que es donde se produce la grasa. Ingredientes como los extractos de frutas antioxidantes, los frutos rojos, o el bambú. Si se tienen a la vez las puntas secas, se pueden emplear mascarillas hidratantes en estas zonas para conseguir un cabello sano y cuidado.
  • Los cabellos secos deben elegir fórmulas que nutran el pelo de la raíz a las puntas. “Puedes optar por aquellos que tienen aceite de argán, almendras o coco entre sus ingredientes, y las mascarillas nutritivas serán una buena opción. Si tienes el cabello teñido, se pueden emplear champús que mantengan el color cada 7-10 días y luego seguir utilizando los que componen la rutina de un pelo seco”.
  • Los champús que se venden en supermercado no tienen por qué ser necesariamente malos. Lo que hay que hacer es leer bien las etiquetas y reconocer aquellos ingredientes que son los mejores para cada tipo de cabello. No obstante, es recomendable que podamos contar con el asesoramiento de un profesional.
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Para evitar las placas y la caspa

“La caspa o las placas se deben a que el cuero cabelludo se descama más de lo normal (puede ser por un crecimiento excesivo de un hongo llamado Malassezia)”, explica la experta, y detalla errores con los que se puede incrementar:

  • No lavar el cabello con la frecuencia adecuada.
  • Utilizar champús con demasiados aceites.
  • Lavar el pelo con agua muy caliente (lo que hace es dañar más un cuero cabelludo ya con problemas).
  • Frotarse la cabeza durante el lavado agresivamente puede fomentar que la caspa se incremente.

“La utilización de champús agresivos para el cuero cabelludo y que arrastren demasiado la grasa natural del cuero cabelludo puede hacer que el cabello se vuelva más graso”. También se engrasará más:

  • Si no lo lavamos cuando se vea sucio, ya que la grasa se irá acumulando y será más difícil de eliminar.
  • Si no lo aclaramos adecuadamente, pues los productos de limpieza se irán acumulando en el cabello y este se volverá más graso y con aspecto sucio.
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