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Los baños de hielo refuerzan el sistema inmune./ Foto: Pexels.

Cuerpo

Crioterapia: todo lo que los baños de hielo pueden hacer por ti (especialmente en invierno)

Darse un baño helado o una ducha gélida disminuye la inflamación y el dolor, mejora los sistemas cardiovascular e inmune y reduce el riesgo de diabetes.

Por Marcos López

22 de enero de 2024 / 08:00

Frente al frío del invierno, calor. Así que lo último en lo que piensas cuando llegas a casa es en llenar la bañera de agua helada, añadirle unos cubitos de tu congelador y ponerte en remojo. Una idea que tampoco parece demasiado atractiva cuando el despertador te obliga a salir del abrigo de tu cama para enfrentarte al mundo. Pero, en realidad, no importa la temperatura que marquen los termómetros de la calle. Ya sea enero o agosto, un baño de hielo de vez en cuando puede ser muy bueno para tu organismo.

La crioterapia es el término que se emplea para englobar todos aquellos tratamientos en los que el cuerpo es expuesto al frío, en ocasiones tan extremo como ¡-185º C! Pero no te asustes. En el caso de un baño de hielo, o incluso de una ducha gélida, la temperatura suele oscilar entre los 7,5º C y los 13º C, y no llega, en ningún caso, a bajar de los 4º C. Lo que es más que suficiente para extirpar de raíz toda somnolencia matutina. Y a ello se suman muchos otros efectos positivos, muchos de ellos terapéuticos.

Recuperación muscular

Los atletas de élite llevan años sumergiéndose en baños de hielo para recuperarse de un ejercicio de alta intensidad. Y es que el agua gélida ayuda a mitigar el dolor muscular y favorece su recuperación.

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La razón es muy simple: al someterse al frío, los vasos sanguíneos que irrigan los músculos se contraen y drenan una sangre rica ácido láctico generado por el ejercicio. Pero una vez se sale del agua, los vasos se ensanchan y se llenan de sangre nueva y llena de oxígeno que, además de mejorar el funcionamiento del músculo, lo limpian de todo resto de ácido láctico.

Ayuda a combatir las migrañas

Los estudios también han mostrado las bondades de los baños fríos a la hora de disminuir la inflamación y el dolor. Resultan recomendables para reducir la frecuencia de las migrañas, mejorar el sistema cardiovascular, la sensibilidad y resistencia a la insulina –lo que reduce el riesgo de desarrollar diabetes–, y el sistema inmune.

Estimula el nervio vago

Parece que muchos de los efectos positivos de estos baños de hielo se explican por su estimulación del nervio vago, uno de los 12 pares de nervios que parten del cerebro para recorrer ambos lados del cuerpo y comunicarse con la mayoría de los órganos.

Además, este nervio también regula el sistema nervioso parasimpático. Es el encargado de controlar muchas de las funciones que se realizan de forma involuntaria, algunas tan vitales como la respiración, el latido del corazón o la digestión.

Por tanto, con la estimulación de este nervio mediante la crioterapia se consigue ralentizar el ritmo cardiaco y la frecuencia respiratoria, promover la digestión y reducir la presión arterial. El resultado es una relajación del cuerpo tras un episodio de estrés –como sería someterlo a un ejercicio intenso–, razón por la que  los baños gélidos se evalúan para reducir la ansiedad y mejorar el sueño.

Pruébalo en casa

No es necesario ser un deportista olímpico para beneficiarse de una inmersión en el hielo. Ha llegado el momento de probarlos en casa. De sumergirse en aguas gélidas durante cinco o diez minutos. Pero lograr que el agua de la bañera permanezca a una temperatura constante es difícil. Da igual: una ducha fría también es efectiva.

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Para ello, tan sólo tienes que abrir el grifo, dejar que corra el agua fría –por lo general, la temperatura oscilará entre los 15º C y los 16ºC– y permanecer bajo la alcachofa unos 30 segundos. Y a base de repeticiones incrementarás el tiempo en el que esta temperatura te resultará tolerable. Paso a paso: no hace ninguna falta esperar a que tu piel adquiera en los primeros intentos un color azulado.

Frío local

Hay que tener en cuenta que la tolerancia al frío varía, y mucho, de una persona a otra. Quizás los baños y duchas gélidos no sean para ti. No pasa nada. También puedes disfrutar de los efectos positivos de la crioterapia a un nivel más «local». Como se ha hecho siempre: coge un pañuelo, llénalo de cubitos de hielo y aplícalo en esa zona del cuerpo o músculo que está inflamado y que te duele.

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