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Gabriela Pocoví: «Las mayores causas de la inflamación son el estrés y la alimentación»

Gabriela Pocoví se sentía cansada, sufría migrañas y no tenía energía. Se puso a estudiar y no paró hasta entender que la inflamación es una respuesta del cuerpo, pero no tiene por qué gobernarnos.

Por Sara Trueba Rodríguez

16 de julio de 2023 / 06:30

«La inflamación crónica es un mal moderno. No basta con hacer una dieta más. De hecho, no pretendo que hagas más dietas. Piénsalo: ¿qué pasó durante los seis meses anteriores a que empezaras a encontrarte más inflamado? Estrés, mal sueño, cambio de alimentación, cambio de rutina, alguna infección… Cuando tu sistema inmunológico se pone en alerta entra en modo de defensa y estar en constante defensa lleva a la inflamación». Así arranca el libro de la Nutricionista-dietista y doctora en Medicina Gabriela Pocoví, Atención con la inflamación (Ed. Zenith).

A partir de su propia experiencia, Pocoví empezó a hacer una investigación profunda para llegar a la causa de su cansancio, falta de energía, migrañas y aumento de peso incontrolable. Ahora, a través de su libro, quiere hacer partícipe a todo el mundo del conocimiento que a ella le dio las claves. «No somos conscientes, pero el 85% de la población sufre algún tipo de proceso inflamatorio», señala.

La autora, que participará en el próximo Mercedes-Benz WeLife Tour que tendrá lugar en Sevilla, asegura que la inflamación se puede combatir, pese a ser una respuesta fisiológica del cuerpo. Pero lejos de ofrecer una guía de alimentación sana, Pocoví busca con su libro que el público general entienda cómo funciona el organismo. Comprenderlo desde un punto de vista global, que todo está interrelacionado y que, más que buscar solución para la migraña (u otro tipo de inflamación concreta), es esencial descubrir su causa. Curiosamente, muchas veces se encuentra en una cuestión hormonal, un deficit nutricional, del sistema inmune o en un desequilibrio de la microbiota

Al leer el libro descubrimos que no es nada fácil descifrar las causas de un proceso inflamatorio, ¿cómo pudiste ver el tuyo?

Soy sanitaria, me gradúe como nutricionista… Siempre me he cuidado bien, hago deporte… Pero yo no estaba bien. Vivía con migrañas, sobrepeso, ovarios poloquísticos, problemas de tiroides… Me di cuenta de que todo estaba relacionado. Nunca hay una sola causa de inflamación, es un proceso multifactorial. Menciono en el libro diez factores que son el caldo de cultivo para que haya inflamación: alimentación, estrés, sedentarismo, mal sueño, exceso de pantallas… Cuando me puse a estudiar inmunología empecé a cambiar y ataqué el problema desde la raíz. Pasé a un plan de alimentación distinto, empecé a trabajar el estrés y comencé a ver cambios, todo tomaba forma.

Dices que la inflamación es un proceso celular. ¿Qué nos puede querer decir?

Bueno, no solo es un proceso celular, también es fisiológico. No se puede pretender vivir sin inflamación, gracias a ella nos defendemos de los estímulos agresores. Pero hoy tenemos demasiada carga de agentes proinflamatorios así que el cuerpo no deja de defenderse. Nuestras células van cambiando y son cada vez menos capaces de trabajar y luchar contra esa inflamación. En esto tiene mucho que ver la alimentación. La Vitamina D y el Omega 3, por ejemplo, luchan contra la inflamación y si tenemos déficit de estos nutrientes, no estaremos bien.

La sintomatología de las enfermedades inflamatorias es variada: migrañas, tiroides, enfermedades autoinmunes, cáncer, hígado graso, endometriosis, alergias, problemas digestivos, colon irritable…

Pero hay veces en las que aparentemente todo está bien…

Sí, claro, puede ocurrir, y casi siempre son enfermedades cajón de sastre de difícil diagnóstico donde no hay alteración grave, pero algo no va bien y se recomiendan antiinflamatorios. Depender de un fármaco no soluciona el problema… Es el caso de la fibromialgia, donde no hay un proceso degenerativo, pero sí una excesiva sensibilidad al dolor y problemas digestivos y hormonales. Es importante darse cuenta de lo que ocurre cuando mejoras el ambiente digestivo y la microbiota. Suelen mejorar el dolor o la percepción de dolor y se lleva al paciente a remisión. Por eso digo que la inflamación no te mata pero te hace vivir peor. 

 

Atención con la inflamación, de Gabriela Pocoví (Ed. Zenith).

¿En qué momento de la historia la inflamación se convierte en un problema moderno?

Hoy sabemos que quedan poblaciones con muy buena longevidad, gracias a la alimentación y un estilo de vida tranquilo. Intentar replicar estas zonas azules del planeta en la sociedad moderna es bastante utópico. Alguien en una ciudad grande no puede vivir así, aunque desde el punto de vista biológico, el ambiente adecuado es la naturaleza. Yo planteo, desde nuestra realidad, hacer cambios. No sé cuál fue el punto de inflexión, pero los últimos cinco años han sido determinantes. Vivimos los peores momentos a nivel de salud e inflamación. Antes, los niños comían mejor y venían programados con un sistema inmune más resistente y fuerte. La madre transfiere parte de su sistema inmune. Si la madre ya viene con deficiencias, los niños también van a heredar eso desde edades tempranas.

En general, ¿cuál es la mayor causa de inflamación, la más habitual? 

De de los diez factores inflamatorios que trato en el libro, si tuviera que quedarme con dos, diría que estrés y alimentación. Y si tuviera que quedarme solo con uno, sería el estrés… El estrés determina también cómo va a ser nuestra alimentación… Alguien estresado come lo que pilla porque no es su prioridad, en cambio, si todos viviéramos con un estrés adecuado podríamos escoger mejor lo que comemos. Estrés y alimentación van de la mano, pero si vivo tranquilo como mejor, sin duda.

¿Qué alimentos debemos comer para un plan antiinflamatorio?

Tenemos que potenciar el consumo de verdura y fruta, pero no solo eso. Tenemos que hacerlo al menos dos o tres veces al día y tiene que ser de temporada, porque hay vida más allá de la lechuga, el tomate y la zanahoria… Por otro lado, nos estamos olvidando de comer pescado, que aporta ácidos grasos omega 3 (junto a la vitamina D son los nutrientes antiinflamatorios por excelencia). Caballa, sardina, bonito, melva… Al menos dos o tres veces por semana.

¿Y qué debemos desterrar o reducir?

No puedo decir que hay que dejar de comer azúcar, procesados y bollería, eso ya lo sabemos y lo dicen todas las guías nutricionales. Hay otros alimentos como los cereales (trigo, avena, centeno y cebada) que, aunque no son malos, hoy hacemos un consumo excesivo de ellos. Desayunamos con pan, comemos con pan… Además, el pan no tiene los nutrientes de antes, el trigo ha sufrido cambios y su proceso de fermentación no es largo en la mayoría de los casos, lo que afecta a la microbiota. Eliminar el pan, o pasarnos a uno de muy buena calidad, es importante.

Otro alimento a vigilar mucho son los lácteos. Tomamos café con leche, yogures, queso… Hemos sacrificado a otros alimentos por comer lácteos. 

Otro elemento clave en la inflamación es el hormonal… Ya hemos hablado del estrés, que produce cortisol pero, ¿cómo afecta la histamina a la inflamación?

Es curioso porque la histamina siempre se ha relacionado con procesos alérgicos, pero hoy se estudia en los procesos inflamatorios porque puede acumularse histamina en los tejidos sin que haya un proceso alérgico, lo que provoca síntomas e inflamación. Tenemos receptores de histamina repartidos por todo el cuerpo y, por ejemplo, los pacientes con fibromialgia tienen alterada la producción y degradación de la histamina, que hace que se genere una mayor sensibilidad al dolor. En una analítica normal no ves la histamina, sin embargo, puede ser le foco de ese dolor. Es importante estudiar a fondo cada caso para ver las causas concretas, que pueden llegar por distintos caminos.

¿Alguna recomendación básica para una vida menos inflamada?

Diría que practicar ayuno nocturno de 12 horas, respirar como estrategia para relajarnos en el día a día, para entrenar el nervio vago e incorporar ratitos de paz, alimentarse según las recomendaciones anteriores, por lo menos, y reírse todo lo posible. Sin duda, la gente que se ríe mucho está menos inflamada, el estado de ánimo es determinante. No obstante, si ríes mucho y fumas o comes mal, no se sentirán tan claros los efectos beneficiosos.

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