La actriz británica, que ahora tiene 57 años, empezó con fuertes cambios hormonales hace más de dos décadas. FOTO: Getty Images.
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Menopausia precoz: cuando el cambio llega a traición
Entrar en esta etapa antes de los 40 sigue siendo minoritario, pero afecta a muchas mujeres supervivientes de cáncer o por causas desconocidas. La información ayuda a afrontar esta noticia inesperada.
23 DE MAYO DE 2026 / 08:00
Cuando cumplió 36 años, la actriz Naomi Watts se quedó helada cuando su médico le dijo que, en realidad, lo que le pasaba (sofocos y sudores nocturnos, reglas irregulares, fatiga…) es que estaba llegando a la menopausia. «Casi me caigo de la camilla. ¡Eso es cosa de abuelas y yo ni siquiera soy madre aún!, exclamé al escucharlo». La británica, protagonista de Lo Imposible o King Kong, empieza así su libro Me atrevo a contarlo (Lunwerg). Una especie de memorias sobre su brusco aterrizaje en esta etapa, en un momento en el que ella, como muchas mujeres a esa edad, lo que buscaba era quedarse embarazada.
Pese al impacto emocional y físico que supuso la noticia de esa menopausia precoz —o más bien perimenopausia precoz—, Watts tuvo dos hijos (no olvidemos que el embarazo es posible hasta pasado más de un año del último periodo). Con 42 años, casi en pleno posparto del segundo, entró ya de forma definitiva en esta nueva etapa. Es lo que la investigadora Adela Muñoz, una de las ponentes del último ASISA WeLife Festival, llama menopausia a traición.
Una excepción que va dejando de serlo
Aunque a ella le haya dado para escribir un libro, el caso de Naomi Watts no es excepcional. Y cada vez menos. De hecho, según los últimos estudios, su incidencia ha aumentado de forma significativa en las últimas décadas. Hasta hace 10 o 12 años, el cese de la función ovárica antes de los 40 —lo que se considera menopausia precoz— afectaba a un 1% de la población femenina.
Las guías actualizadas, como la de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), sitúan su prevalencia actual en un 3,5% de las mujeres. Puede que el porcentaje siga sonando anecdótico, pero lo cierto es que, si hablamos en términos absolutos, representa una cantidad importante de mujeres.
No existe un consenso global sobre por qué se está dando este incremento de casos. Aunque son muchos los expertos, como la propia Muñoz, que lo relacionan con diversos factores como la mayor supervivencia a tratamientos oncológicos gracias a tratamientos agresivos con la función ovárica; la mayor visibilidad y diagnóstico temprano de esta condición; posibles infecciones o el impacto del estrés crónico, los disruptores endocrinos y el tabaquismo, entre otros.
¿Por qué dejan de funcionar los ovarios antes de tiempo?
En realidad, los ovarios comienzan a envejecer desde el nacimiento. Como explica la doctora Matilde Gómez, autora de Mujeres sin reglas (Zenith), «se van perdiendo folículos según pasan los años hasta llegar al cese definitivo de su función que, de manera fisiológica, debería darse alrededor de los 45 o 50 años». ¿Y si esto ocurre antes de los 40? Curiosamente, «en el 90% de los casos no se detecta el causante», añade. Los médicos lo achacan a alteraciones genéticas, enfermedades autoinmunes, metabólicas o infecciosas.
Recientemente también se está abordando la relación de la menopausia precoz con los tóxicos ambientales. Microplásticos, pesticidas, disolventes o tabaco actúan como disruptores hormonales que confunden a las células y llegan a alterar la función ovárica.
El otro gran causante de la Insuficiencia Ovárica Primaria (su nombre médico y preferido) son los tratamientos médicos. Ya que en casos de mujeres jóvenes con cáncer a veces es necesario recurrir a cirugías o quimioterapias que pueden anular la función de los ovarios. Incluso pueden llegar a ser extirpados. Si bien en estos casos, se trata de una consecuencia esperada -y que supone, por otro lado, aumentar la supervivencia-, el organismo experimenta el cambio y todos sus síntomas de forma mucho más acusada y abrupta, prácticamente, de la noche a la mañana.
¿Cómo sé si es una menopausia precoz?
El caso de Watts sirve también para ilustrar la forma en que la mayor parte de mujeres se entera de que la menopausia va a llegar de forma prematura a sus vidas: por casualidad. De hecho, coincidiendo con el retraso en la edad de maternidad, es habitual que muchas vayan al ginecólogo porque no se quedan embarazadas. Y, ¡zas!, ahí llega la noticia: esos desarreglos en la menstruación y los problemas de fertilidad son, en realidad, los primeros pasos hacia el climaterio.
Otras llegan a consulta hablando de reglas irregulares, sofocos y un cansancio llamativo. En todos esos casos, especialmente si aún no se han cumplido los 40, es importante visitar al experto médico. Ya que, tal y como indica la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), el tratamiento de preferencia en estas mujeres es la terapia hormonal siempre que sea posible (en los casos de cáncer ginecológico no lo es, por ejemplo). «Además de los problemas de fertilidad que supone o la cascada de síntomas, estos cambios hormonales prematuros provocan incrementos significativos en las tasas de cardiopatías, problemas urogenitarios, mayor riesgo de osteoporosis y de sufrir trastornos del estado de ánimo», afirma Adela Muñoz.
Poco preparadas, poco informadas
Sin embargo, si hay un punto que se puede mejorar sin fármacos es la información. «La queja más generalizada de estas mujeres menopaúsicas adelantadas a su tiempo es que lo desconocen casi todo de un proceso para el que nadie las ha preparado», lamenta la investigadora. La mayor parte de las supervivientes de cáncer se dan de bruces con los síntomas sin tener ni idea de a qué se deben. Y, por supuesto, las que llegan de forma espontánea ni siquiera los identifican. ¿Cómo van a tener ellas sofocos o sequedad vaginal con 35 años?
«Esa falta de información merma su capacidad para afrontar el proceso y puede ser motivo de trauma«, apunta. Por todo ello es tan importante que más allá de los ginecólogos, los oncólogos e, incluso, los médicos de atención primaria estén al tanto de esta situación, sus síntomas, consecuencias y tratamientos. Y, por supuesto, que se visibilice su incidencia igual que la de la menopausia ‘a tiempo’.
Una menopausia que no siempre es definitiva
Por último, al hablar de insuficiencia ovárica primaria hay que recordar un aspecto bastante peculiar: no siempre es definitiva. En su guía para la menopausia precoz la AEEM advierte que «no se trata de una condición permanente». De hecho, es intermitente. Esta sociedad científica apunta que hasta un 50% de las mujeres diagnosticadas volverán a tener la regla, aunque sea temporalmente. Algo que puede suceder hasta ocho años sin menstruar.
Esto es importante porque, también según la AEEM, entre el 5 y 10% de ellas se quedan embarazadas de forma espontánea. Volvemos a Naomi Watts. En su caso, esos embarazos eran deseados, pero no siempre será así. Por eso es fundamental, de nuevo, que la información sea clara y compartida por todos los profesionales médicos. Y, sobre todo, que la mujer, una vez más, pueda conocer lo que sucede en su cuerpo.