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NO TE PIERDAS Pau Inspirafit: "Yo también me sentí un bicho raro en mi primer día de gimnasio"
¿Y todos estos discos cómo se usan? El primer día de gimnasio hay muchas cosas por aprender. FOTO: Andrea Piacquadio/Pexels.
Estará en WeLife Festival 2026 el 24 de octubre
Sentir que eres un bicho raro el primer día entre máquinas de fuerza y mancuernas es normal. Pero hay que superarlo.
Por Ana Serrano
23 DE OCTUBRE DE 2026 / 11:24
Quizá tú también has estado (o todavía estás) ahí: estás en esa franja de edad de más de 40 años, te has matriculado en un gimnasio y tienes muchísimas ganas de empezar porque sabes que es beneficioso a todos los niveles. Pero no acabas de encontrarte cómoda en la sala de musculación. La sientes como un lugar hostil.
Las mujeres (y más aún las que están cerca o ya en plena perimenopausia) han protagonizado una verdadera revolución fitness en la última década, pero se las sigue asociando a las clases de grupo, el yoga, el Pilates o el running. Y eso que en deportes como el Hyrox la presencia de las mujeres ronda ya el 50%.
Pero el primer día se hace duro. Es fácil sentirse como un bicho raro. Paula Butragueño, conocida en redes como @pau_inspirafit, es una de las divulgadoras de deporte más reconocidas de nuestro país y participará en la 6ª edición de WeLife Festival. Con ella hemos charlado sobre esa sensación rara que nos dan los primeros días de gimnasio. Y que hay que superar.
Es la gran paradoja del gimnasio: por un lado, sabes que tienes que mejorar el trabajo de fuerza con máquinas y mancuernas porque es la mejor palanca para el control metabólico y hasta para mejorar el estado de la microbiota. Pero sientes que ese territorio te viene grande. La zona de musculación de los gimnasios puede intimidar a muchas principiantes en el trabajo de fuerza. "Yo misma también pensaba que no era mi sitio", reconoce Pau Inspirafit.
"Sentía las miradas cuando estaba allí con mi top y con mis mallas", consciente de esa sensación de ‘qué hago yo aquí’. Si ella, que hoy se dedica profesionalmente al deporte y a inspirar a las demás, también tuvo esa sensación, es sin duda la más indicada para darnos algunas claves que nos lleven a allanar ese camino hacia la temida sala de musculación.
Para empezar, esa sensación de que no encajamos tiene mucho que ver con que "la sala tiene unas limitaciones que no nos han explicado. Falta información que nos haría sentir más cómodas y menos pequeñas allí". Hace referencia a una realidad demasiado frecuente en los gimnasios: faltan entrenadores de sala que acompañen, supervisen y enseñen a usar los aparatos de forma correcta. Algo tan simple como no saber cargar los discos en la barra puede hacer que el primer día del gimnasio sea el último. No por lesión, sino por vergüenza.
"Unas mujeres bien informadas y con todo a su alcance sería un primer paso imprescindible para estar a gusto allí", recomienda la experta. Sentirse extraña en un lugar desconocido lleno de gente que no se parece en nada a ti y sin saber cómo funciona nada es, sin duda, el caldo de cultivo perfecto para que tu voluntad fitness termine por los suelos.
Paula Butragueño aboga por quitarse los miedos a la hora de preguntar al personal profesional de la sala por todas las dudas que surjan. Un personal que, por cierto, debería estar formado para trabajar con todos los rangos de edad.
"Algo que daría mucha seguridad a esa mujer recién llegada es reservar, antes de lanzarse al vacío, una sesión con un entrenador en sala para hacer los primeros circuitos con él”, recomienda. Nada hace sentir más segura que el saber qué hacer y cómo hacerlo.
Uno de los grandes errores de principiante es creer que el resto de usuarios le miran, le juzgan y se ríen de su inexperiencia. La realidad es justo lo contrario. "Para empezar, hay que tener claro que cada uno va a lo suyo. A la hora de la verdad, no están allí para fijarse en si lo hacemos bien o mal, en nuestro aspecto o nuestra edad", nos recuerda.
"Tú te sientes intimidada por ese chico que está levantando lo que a ti te parece una tonelada de peso mientras que tú apenas estás dando tus primeros pasos, pero la realidad es que él solo quiere cumplir sus objetivos y hacer sus rutinas”, expone.
Preguntar cómo se usa un aparato suele encontrar una respuesta amigable en casi todos los usuarios. De hecho, es normal que comenten que a ellos también les pasó eso de sentirse pez fuera del agua. Y es en ese momento cuando descubres que el gimnasio no es tan hostil como lo pintaban.
Y aquí sucede lo que no imaginabas: al acabar tu sesión ya tienes ganas de volver.
El miedo a hacer el ridículo puede ser uno de los mayores frenos para empezar a entrenar. La psicología explica por qué creemos que nos miran y cómo dejar de sentirnos el centro de la sala