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Sara Marín microbiota

Comer deprisa y 'lo que sea' no ayuda en absoluto a cuidar la microbiota. FOTO: Nataliya Vaitkevich/Pexels.

Estará en WeLife Festival 2026 el próximo 24 de octubre

Sara Marín, doctora y divulgadora: “No está de moda la microbiota, sino querer encontrarse bien”

Hay un motivo por el cual cada vez se habla más del eje intestino-cerebro: porque funcionan como un órgano clave en el (buen) funcionamiento de la salud global. 

Por Ana Serrano

21 DE OCTUBRE DE 2026 / 17:00

Si antes solíamos decir 'soy yo y mis circunstancias', ahora la expresión de moda es 'soy yo y mi microbiota'. Es ese ejército de bacterias que viven en nuestro cuerpo, nos ayudan en la digestión o en la gestión del sistema inmune, y que mantienen un peculiar equilibrio entre ellas. Tanto que nos enteramos de que algo va mal porque nosotros también empezamos a ir mal. Sara Marín lleva años estudiando el papel de este gran 'órgano invisible'. Es médico residente en el hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, cuenta con casi 2 millones de seguidores en Instagram (@uncafecontudoctora) y participará en el próximo WeLife Festival con un novedoso enfoque sobre las hormonas femeninas, la microbiota y el nervio vago.

Ella misma empezó a investigar sobre la microbiota cuando todavía era una estudiante de Medicina. Sus propios problemas digestivos y el hijo de su prima, con autismo, que mostraba una notable mejoría tras empezar a tomar probióticos, la empujaron a investigar y dedicar su trabajo de fin de grado a una microbiota de la cual apenas se hablaba aún. 

¿Por qué ahora y no antes? 

Hasta un 90% de la población podría tener problemas digestivos de diversa índole, "siendo la hinchazón abdominal y la inflamación los más habituales", señala la médico. Las causas son de sobra conocidas: un estilo de vida y una alimentación apresurada que dista mucho del 'puchero' de nuestros abuelos, unos niveles de estrés crónico estratosféricos, falta de sueño... Y todo converge en un mismo punto: afecta a nuestra microbiota, de ahí el auge del interés por estas bacterias. "Cada vez vemos más digestiones difíciles, enfermedades autoinmunes que están relacionadas en un 70% de ellas con la microbiota y la permeabilidad intestinal... Paralelamente, tenemos nuevas generaciones que quieren cuidarse y sentirse bien. Por eso los estudios sobre este asunto se han multiplicado”, cuenta. 

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Si antes el malestar intestinal se vivía en silencio, ahora se buscan respuestas y soluciones. "Queremos entender qué nos pasa, ver de dónde surge y saber qué podemos hacer nosotros inteligentemente para optimizar o ‘hackear’ nuestra salud”, cuenta la doctora, en un lenguaje muy propio de la Generación Z. "La gente ya no quiere normalizar lo de ‘es que no te queda otra’ porque ¡sí te queda otra!", enfatiza. 

Sara Marín recuerda cuando otros profesionales decían ‘qué tontería es esta’, que no eran más que "bichos y bacterias". Ahora la evidencia científica es aplastante y está obligando a los médicos a actualizarse y tener en cuenta el bienestar de la microbiota antes de pautar un tratamiento. La prueba más clara es la cautela ante los antibióticos, las estrategias que pasan por modificar la dieta o la incorporación de los probióticos en la alimentación habitual.

Todo sucede en nuestro intestino 

Te preguntarás por qué ahora parece que todo sucede en nuestro intestino y afecta al resto de nuestro organismo. "La microbiota no se altera en un día. Esto viene desde la infancia, cuando las familias no sabían que la harina blanca no es tan buena, con el sándwich de Nocilla, con comer chucherías todas las tardes… Han sido años y años que han ido afectando a nuestro intestino y que han hecho que en este punto estemos así”, revela. 

De mayores empeoramos el escenario.Añadimos estrés, ansiedad o alteraciones del sistema nervioso central. "Estamos viendo cómo nuestras bacterias tienen una conexión estrechísima con el cerebro, lo que conocemos como el eje intestino-cerebro. Muchos problemas que vemos como ansiedad o depresión vienen originados con trastornos digestivos. Al final, los tratamos con fármacos como la serotonina, que está relacionada con la felicidad y realmente estamos poniendo un parche porque muchas depresiones tienen otra causa detrás, como, por ejemplo, una alteración digestiva que está haciendo que todo esto ocurra. Tratamos las consecuencias y no el foco", reconoce. 

Tratar la depresión sin saber el origen

Las primeras investigaciones sobre la microbiota se remontan hasta finales del siglo XVII, con los primeros descubrimientos del doctor Anton van Leeuwenhoek sobre microorganismos, pero no sería hasta 2006 cuando la tecnología permitió descifrar la diversidad de los microorganismos y entender por qué cada individuo tiene una microbiota única.

Sara Marín revela, por ejemplo, que las personas de su centro de salud que toman ansiolíticos, antidepresivos y fármacos para dormir tienen también problemas digestivos, de hinchazón, reflujo o dispepsia. A raíz del descubrimiento de esa conexión entre las bacterias y el cerebro se sabe ahora que muchos de esos trastornos vienen originados por la digestión. La medicación que estaban tomando no era la solución, sino un parche.

Había que canalizar el abordaje hacia el microbioma. 

Atender a las señales de la microbiota

La microbiótica está respaldada por una investigación científica sólida que ya ha confirmado que, por ejemplo, cuando tomamos antibióticos se debería administrar un probiótico porque va a evitar que se altere el intestino o surja la inflamación o las infecciones.

Marín también destaca lo bien que funcionan para solucionar problemas digestivos, especialmente, en las gastroenteritis de los niños o los cólicos del lactante. “Y es muy interesante su uso para ayudar a personas que sufren de colon irritable, donde más se ha demostrado su evidencia”, añade.

Mención especial merece cómo también esos últimos descubrimientos han encontrado la relación entre la microbiota y el desarrollo del Alzheimer. Hay bacterias que pueden influir en que se acumule la proteína que contribuye al avance de esta enfermedad. “En dosis concretas, las bacterias se podrían utilizar para prevenir trastornos neurodegenerativos o para prevenir el autismo”, cuenta, esperanzada.

Incluso podrían ayudar a predecir el riesgo de cáncer de colon. 

Hacia una medicina más personalizada

Los investigadores en microbiota rechazan que esto sea una moda. "Lo que está de moda es no conformarse con un diagnóstico que no convence. Todos queremos sentirnos bien y eso nos obliga a saber más de la microbiota", señala Marín. Y asume que es difícil estudiarla porque la microbiota de cada persona cambia cada 24 horas, por lo que es difícil encontrar patrones con los cuales poder continuar una investigación. 

Pero los estudios van por buen camino y Sara Marín espera que “llegaremos a una medicina personalizada cuando los análisis de microbiota sean más habituales, como una manera de prevenir enfermedades o de encontrar tratamientos más eficaces”, cuenta. Contribuirá a diagnósticos y terapias precisas gracias a la personalización y a tratar cada trastorno de una manera individual. 

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La microbiota influye en todo… pero no lo es todo

Sara Marín tiene un mensaje para todos aquellos que se están empezando a preocupar sobre lo que sucede en su intestino: “La microbiota influye en todas las enfermedades, pero no nos la tomemos como algo para excluir otras patologías, ni le atribuyamos todo lo que nos pasa", comienza. “Revisemos nuestra salud y aprendamos a descartar otras cosas que hay detrás, aparte de una microbiota que quizá no está tan sana como nos gustaría”, remata.

“Ahora parece que todo el mundo tiene SIBO en redes sociales. ¡Todo es SIBO!”. Pero una hinchazón abdominal o un malestar no tiene por qué estar necesariamente relacionado con las bacterias intestinales, y menos sin una analítica. Se ha puesto muy de moda hablar de este sobrecrecimiento bacteriano cuando, muchas veces, lo que está pasando es que estamos estresados y no nos hemos alimentado bien. “Tu microbiota es una chivata de cómo te cuidas”, añade. Porque no siempre que nos encontramos mal es culpa suya. 

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