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Las formas de prevenir la demencia son cosas que puedes hacer en tu vida cotidiana./ Imagen: Pexels.

SALUD MENTAL

Cuatro formas fáciles de protegerte frente a la demencia que pueden cambiar tu vida

Vigilar tu vista y tu oído, respirar aire puro y actualizar tu calendario de vacunación pueden hacer por ti más de lo que imaginas.

Por María Corisco

15 de octubre de 2023 / 08:00

Por encima del cáncer o de un infarto, el Alzheimer (y, en general, todas las demencias) es la enfermedad que más nos preocupa. Sabemos que, en la actualidad, no hay todavía una cura o un remedio para lograr revertir el proceso de deterioro cognitivo, o al menos para detener su progresión. Pero no todo está perdido y, de hecho, aumenta el número de investigaciones que nos hablan de cómo podemos actuar para ayudar a prevenir la demencia.

En este sentido, desde la Fundación Pasqual Maragall para la Investigación sobre el Alzheimer, se nos pone sobre la pista de qué pasos debemos dar para intentar reducir al máximo nuestro riesgo de desarrollar la enfermedad. Según indican, “cada vez tenemos más indicios para afirmar que prevenir el Alzheimer está en nuestras manos. Con estos consejos, se calcula que podríamos evitar casi uno de cada tres casos”, apuntan. Estos son:

  • Controla tus factores de riesgo cardiovascular: colesterol, hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo…. Lo que es bueno para el corazón, es bueno para tu cerebro.
  • Dieta equilibrada: procura llevar una dieta variada y equilibrada, como la dieta mediterránea, que incluya alimentos como aceite de oliva virgen extra, legumbres, frutos secos, fruta, verdura, pescado…
  • Ejercicio físico: caminar y mantenerse activo es fundamental, pero siempre hay que adaptar la actividad a las características de la persona.
  • Mente activa: ofrecer retos a la mente ayuda a mantener nuestra reserva cognitiva. Podemos aprender nuevas habilidades, hacer crucigramas, leer, apuntarse a talleres o cursos…
  • Vida social: relacionarse con otras personas nos ayuda a mantener las conexiones neuronales activas y resulta clave para nuestro bienestar.
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Pero, más allá de estas recomendaciones genéricas que nos hablan de un cambio en nuestro estilo de vida (menos sedentarismo, mejor dieta, eliminar los tóxicos…), distintas investigaciones sugieren que podemos también actuar sobre el riesgo de padecer una demencia al tener en cuenta otros factores.

Cuida tu oído

La relación entre la audición y la demencia es un área de investigación en evolución y, aunque no se ha establecido una relación causa-efecto definitiva, existen vínculos significativos entre la pérdida de audición y la demencia. El prestigioso informe Prevención, intervención y atención de la demencia, de la Comisión Lancet, explora esta relación y señala que “la pérdida de audición puede provocar un deterioro cognitivo debido a una estimulación cognitiva reducida”. Y también que “el uso de audífonos tiene un factor protector en personas con dificultades auditivas”.

Se considera que la pérdida de audición no tratada puede elevar el riesgo de desarrollar demencia hasta cinco veces. Entre las causas, se apuntan las siguientes:

  • Aislamiento social y depresión. Las personas con dificultades auditivas a menudo tienen dificultades para comunicarse y participar en actividades sociales. El aislamiento social y la depresión son factores de riesgo conocidos para la demencia.
  • Carga cognitiva. La pérdida de audición puede aumentar la carga cognitiva de una persona, ya que debe esforzarse más para comprender lo que se dice y procesar la información auditiva. Esto puede agotar los recursos cognitivos y potencialmente contribuir a la deterioración cognitiva.
  • Cambios en el cerebro. Algunas investigaciones han sugerido que la pérdida de audición no tratada puede estar asociada con cambios en el cerebro, como una disminución en el volumen en áreas relacionadas con el procesamiento del sonido y la cognición.

Vigila tu visión

Al igual que sucede con el oído, también se ha investigado la relación existente entre tener problemas de visión y un mayor riesgo de sufrir algún tipo de demencia. En este sentido, un estudio reciente ha demostrado que quienes tienen degeneración macular, glaucoma o retinopatía diabética tienen mayor probabilidad de ser diagnosticados con enfermedad de Alzheimer que quienes no presentan estas afecciones. Se trata de enfermedades degenerativas (empeoran con el paso del tiempo) y más frecuentes a medida que envejecemos.

Según el doctor Nathaniel Chin, de la División de Geriatría y Gerontología del Departamento de Medicina de la Universidad de Wisconsin, la conexión puede ir un paso más allá. Perder la vista no sólo empeora la confusión, sino que también puede acelerar cambios en el cerebro responsables de la demencia. Según él, la pérdida de visión reducirá lentamente la cantidad de información que alimentamos al cerebro. A su vez, «tener menos estimulación de la visión conduce a que los procesos cerebrales se descompongan».

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Respira aire puro

A nadie se le escapa que vivir en un ambiente libre de contaminación es un factor protector frente a enfermedades respiratorias. Pero también parece que puede protegernos del riesgo de desarrollar una demencia o del deterioro de la salud cognitiva en personas mayores, como apuntan diversas investigaciones.

  • Partículas finas (PM2.5) y otros contaminantes. La contaminación del aire incluye una variedad de contaminantes, como partículas finas (PM2.5), dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono y ozono. Estas partículas y gases pueden penetrar en el sistema respiratorio y, en algunos casos, llegar al cerebro. La exposición crónica a estos contaminantes se ha asociado con la inflamación cerebral, la acumulación de placas beta-amiloide y la disminución de la función cognitiva, que son factores relacionados con la demencia.
  • Inflamación sistémica. La exposición a la contaminación del aire puede desencadenar una respuesta inflamatoria sistémica en el cuerpo, que a su vez puede afectar la salud cerebral. La inflamación crónica se ha relacionado con el riesgo de demencia y otros trastornos neurodegenerativos.
  • Efectos cardiovasculares. La contaminación del aire también puede contribuir a enfermedades cardiovasculares, como hipertensión y aterosclerosis. Estos problemas de salud, a su vez, están vinculados a un mayor riesgo de demencia vascular, que es un tipo de demencia causada por problemas en los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro.
  • Estrés oxidativo. Los contaminantes del aire pueden generar estrés oxidativo en el cuerpo, lo que daña las células y los tejidos, incluido el cerebro. El estrés oxidativo está implicado en el proceso de envejecimiento y en varias enfermedades neurodegenerativas.
  • Riesgo a largo plazo. La exposición crónica a la contaminación del aire a lo largo de la vida, especialmente en áreas urbanas con altos niveles de contaminación, puede tener un efecto acumulativo en el cerebro y aumentar el riesgo de demencia en la vejez.

Las vacunas

Hablamos de vacunas, pero no de una contra el Alzheimer, sino contra el herpes zoster, el neumococo y la Tdap (tétanos, difteria y tos ferina). Un reciente estudio del centro académico y de investigación científica UTHealth Houston asoció la administración de estas vacunas con un menor riesgo de enfermedad de Alzheimer en adultos mayores de 65 años.

  • Tdap: las personas que recibieron esta vacuna tenían un 30% menos de probabilidades de desarrollar Alzheimer.
  • Herpes zoster: se ha encontrado una reducción del 25% en el riesgo de desarrollar la enfermedad.
  • Neumococo: la reducción del riesgo sería del 25%.
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