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Puede que no te guste lo que estás viendo. ¿Lo dejarás pasar? / Foto: Madewell.

MENTE

Cuándo debes hacer la vista gorda con cosas que no te gustan para que no afecte a tu energía

¿Cuándo merece la pena intervenir en un asunto, y cuándo es preferible mirar hacia otro lado? La experta Sonia Díaz Rois nos da las claves.

Por María Corisco

30 de abril de 2024 / 13:00

Te das cuenta de que tu hijo ha cogido cinco euros de tu monedero, o ves que tu pareja le dio un pequeño golpe al coche y no te lo dijo, o que ese compañero de trabajo se ha cogido dos días de vacaciones más de la cuenta, o que tu mejor amiga ha vuelto a fumar a escondidas… Y lo dejas estar, porque para qué enredar y atosigar cuando tampoco tiene mayor importancia. Prefieres hacer la vista gorda.

¿Es lo mejor? ¿Es un signo de debilidad y miedo al conflicto, o más bien una estrategia de simplificación en el día a día? Sonia Díaz Rois, coach y experta en gestión de la ira, explica que “puede ser útil ignorar o pasar por alto algo cuando se trata de un asunto trivial, que ni nos va ni nos viene o que consideramos sin importancia. Si no anticipamos consecuencias negativas, puede ser una solución rápida y sencilla para sortear alguna que otra situación”. Así, en algunas situaciones laborales, familiares o sociales, “puede ser estratégico evitar conflictos menores para mantener la armonía y la colaboración a largo plazo”.

Cuándo es bueno no decir nada

Pero callar no siempre va a ser la mejor idea, especialmente cuando aquello ante lo que haces la vista gorda es algo que realmente te molesta, que choca con tu sentido de la justicia o que puede suponer algún perjuicio o entrañar un peligro. Por ejemplo, mirar hacia otro lado cuando alguien va a conducir a pesar de haber bebido alcohol; o no decir nada cuando alguien en el trabajo coge dinero de la caja, o ante ese amigo que siempre se escaquea de pagar su ronda.

“Optar por hacer la vista gorda para evitar un posible conflicto, ignorando conscientemente algo que no nos gusta y que consideramos incorrecto o inadecuado, podría no ser la mejor opción”.

Se trata de valorar la situación y el compromiso que te supone. Si se trata de asuntos serios que involucran valores o principios éticos, explica Díaz Rois, “el silencio puede llevar al arrepentimiento por no haber expresado nuestra postura desde un primer momento, transigiendo algo con lo que no estamos de acuerdo, pudiendo llegar a magnificarse. En estos casos, callarse puede poner en riesgo la integridad personal y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás”.

Al mismo tiempo, aun cuando el asunto en cuestión no te concierna realmente, “es importante valorar y reflexionar cómo esos temas nos afectan personalmente. Callar o ceder puede llevarnos a descuidar nuestros límites, nuestra salud emocional y nuestra autoestima”.

Evitarás el conflicto

A veces, el problema estriba en que no quieres meterte en un jardín. Te resulta más cómodo quedarte al margen, aun cuando esté sucediendo algo que no te parece bien, o decides callar para evitar que “algo tan tonto” pueda generar una discusión.

Tal vez entonces debas darle una vuelta a tu postura, sugiere la experta: “Expresar y compartir nuestro punto de vista no debería ser sinónimo de exigencia sino más bien de transparencia. Compartir con los demás nuestras preferencias y también lo que consideramos importante, aporta información para que otros nos conozcan mejor”.

Asimismo, señala que “es fundamental recordar que, aunque evitar conflictos puede parecer una opción cómoda, con el tiempo puede generar resentimientos y deterioro de nuestras relaciones interpersonales. Establecer límites y comunicarnos de manera asertiva nos permite mantener una convivencia saludable y respetuosa”.

Te ayudará a ser más flexible

Puede, no obstante, que el tuyo sea el caso contrario: sabes muy bien poner los límites y “no dejas pasar una”. Para ti no hay minucias, insignificancias o pequeños pecadillos: cuando algo no está bien, no miras a otro lado.

Si eres así, tal vez venga bien tener en cuenta que aprender a hacer la vista gorda en asuntos menores también puede serte muy útil, especialmente para darle un empuje a tu flexibilidad. Las cosas, a menudo, no son tan importantes. “Desarrollar la habilidad para explorar desde una postura tolerante y discernir cuándo es apropiado compartir o intervenir en ciertos asuntos nos ayuda a abordar los problemas y los conflictos de manera constructiva”.

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