
Son gestos pequeños, apenas visibles para los demás, que te cuidan por dentro. FOTO: Pexels
MENTE
Guía de autocuidados invisibles: gestos que te cuidan, sin que lo vea nadie
El verdadero autocuidado no siempre brilla. A veces se parece a salirse de un grupo de WhatsApp o a remolonear un rato más en la cama. Y a muchas cosas que puedes hacer hasta en la cola del super
Por María Corisco
28 DE AGOSTO DE 2025 / 14:02
No todo los autocuidados se parecen a una taza de té caliente, una vela aromática o un baño con espuma. Hay gestos que no se fotografían ni se cuentan, pero que te sostienen. Elecciones silenciosas que no buscan aplausos ni aprobación, pero que te hacen bien. Eso es el autocuidado invisible: lo que te cuida desde dentro, aunque nadie lo note.
Puede parecer sencillo, pero no lo es tanto en una cultura que ha convertido el autocuidado en un producto, en algo que se puede comprar, mostrar y compartir. Pero el cuidado real no siempre reluce. A veces se parece más a una negación, una ausencia, una retirada o una pausa. Y, sin embargo, es ahí, en esos gestos cotidianos que nadie ve, donde empieza tu salud emocional.


Así lo señala la terapeuta Nedra Glover Tawwab, autora de Cuestión de límites (Ed. Diana), que te recuerda que «los límites son el espacio donde termina el cuidado por los demás y comienza el cuidado por ti». Y, muchas veces, esos límites no se trazan con palabras ruidosas, sino «con acciones pequeñas y consistentes que eliges cada día».
¿Cuál es tu autocuidado para hoy?
Aquí tienes una guía de autocuidados invisibles. Tal vez ya haces algunos, pero posiblemente descubras otros que necesitas permitirte.
- Salir de un grupo de WhatsApp que te genera ansiedad. Parece un detalle sin importancia, pero dar ese paso puede cambiar tu día. No necesitas justificarte: si ese espacio te estresa o te condiciona, cerrarlo es proteger tu paz.
- Decidir no responder de inmediato a ese mensaje que te presiona. El mundo no se acaba si tardas en contestar, y tu valor no depende de tu velocidad de respuesta. Elegir tu ritmo también es una forma de respeto hacia ti.
- Comer sin distracciones, aunque estés solo. Pon el móvil a un lado, come con calma y siente el sabor. Estás diciendo: «Mi presencia me basta». Es un acto sencillo y poderoso.
- Llorar a tiempo. A veces, lo más valiente que puedes hacer es no contenerte las ganas de llorar. Y no por debilidad, sino por salud. Como dice la investigadora y terapeuta Brené Brown, “llorar es una forma de procesar, no de romperse”. Y llorar a tiempo evita que explotes más tarde.
- Pedir ayuda sin sentir culpa. No puedes con todo, y no deberías. La autosuficiencia extrema es una trampa. Sostenerte también implica saber cuándo soltar y dejarte sostener.
- Poner límites, aunque se molesten. No todos tienen por qué entender entender que te priorices, pero tú sí necesitas entenderlo. Cada vez que dices ‘no’ a lo que te lastima, le estás diciendo ‘sí’ a tu salud.
- No justificar cada decisión personal. No tienes que explicar por qué no quieres ir, por qué necesitas silencio o por qué cambias de opinión. Tu bienestar no necesita argumentos. Mereces cuidarte sin dar razones.
- No forzar ese plan que no te apetece. Puedes cancelar. Puedes no ir. Puedes no estar disponible. «No siempre tienes que complacer. Estar para ti a veces significa no estar para todos», señala Nedra Glover Tawwab.
- Elegir ropa cómoda, pese a que no te ‘favorezca’. No necesitas encajar para estar bien: si tu cuerpo se siente a gusto, tu mente también respira. La comodidad, al fin y al cabo, es una forma de autoestima.
- Ir a terapia, aunque nadie lo sepa. No se ve en el exterior, pero se nota en tu calma, en tu forma de hablarte, en cómo respondes. Emily Nagoski, coautora de Burnout, afirma que «el descanso real empieza cuando le das a tu cuerpo y mente lo que necesitan para cerrar ciclos de estrés». Y, a veces, eso empieza con hablar de lo que duele.
- Apagar el móvil una hora antes de dormir. No necesitas consumir más estímulos justo antes de cerrar el día. Necesitas silencio, oscuridad y tregua. Y elegir desconectar es una forma de volver a ti.
- Quedarte en el silencio, aunque el resto hable. No opinar, no intervenir, no forzar una presencia. Quedarte contigo en medio del ruido también es autocuidado. Aprender a callar por dentro y por fuera calma más que muchas respuestas.
- Dormir más, aunque te digan que ‘no haces nada’. La cultura del rendimiento no debería marcar tu ritmo vital. Dormir no es perder el tiempo. Es darle al cuerpo lo que necesita para seguir sosteniéndote.
- Escuchar al cuerpo y hacerle caso. Esa tensión en los hombros, ese nudo en el estómago, esa fatiga que no es sueño. El cuerpo habla, e ignorarlo es posponer el cuidado. Escucharlo, aunque no te guste lo que dice, es una forma de amor propio.
Cuidarte sin que se note también es autocuidado
«La integridad personal es elegir el coraje por encima del confort, y lo que es correcto sobre lo que es fácil», apunta Brené Brown. Por eso no importa que lo correcto para ti pueda ser invisible para el resto. Lo que haces por dentro vale tanto o más que lo que muestras fuera.
Así que, si hoy no has ido al gimnasio, ni cocinado algo instagrameable, ni tachado mil tareas, pero sí has dicho un ‘no’ necesario, llorado a solas, dormido diez minutos más, apagado una pantalla, salido de un chat que te angustiaba o elegido tu paz, estás practicando el autocuidado más valiente: el que nadie ve, pero te salva cada día.
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