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La neurociencia descubre una forma de hacer que sea mucho más fácil conseguir la paz mental./ Pexels.

Mente

Así es como la neurociencia entrena tu cerebro para conseguir paz mental

Si ya sabes que tu cerebro no es algo rígido, descubre una tecnología puntera que activa las frecuencias cerebrales alfa y beta, llevándote directamente a la creatividad, la eficiencia y la serenidad.

Por Sara Trueba Rodríguez

14 de febrero de 2023 / 16:26

Ansiedad y estrés, insomnio, incomodidad emocional, baja autoestima, perfeccionismo, autocrítica, exceso de control, cambios de humor, sentir que uno ha dejado de ser uno… Falta de concentración, depresión, problemas madurativos, estrés postraumático… Y la lista continúa… Los males más comunes del siglo XXI parecen haberse anclado en nuestro día a día como una losa imposible de levantar. Pero hay una mujer que, de la mano de la neurociencia, trabaja un método propio de entrenamiento cerebral que permite, a través de la tecnología, acercar el bienestar a la vida de las personas, sin dejar fuera a nadie.

Ana Ibánez es Ingeniera Química, exnadadora de élite y piloto de helicóptero, currículo más que suficiente para comprender que la superación ha sido una parte importante de su vida: «Cuando eres deportista dentro de un alto nivel, tú mismo te sorprendes de cómo, con los esfuerzos bien dirigidos, se consiguen muchas cosas. Somos capaces de lograr estados mentales muy concretos si los trabajamos de manera adecuada. Desde la ingeniería siempre me han interesado los temas de neurociencia. Empecé a investigar sistemas de entrenamiento cerebral, en cómo entrenar tu cerebro y tu mente… De toda esa investigación uní la tecnología y mis descubrimientos para crear un método concreto orientado al bienestar. Si haces ejercicio te sientes mejor, ¿verdad? Pues con el entrenamiento cerebral es igual», nos cuenta desde su centro Mindstudio, en Madrid.

Partimos de la idea de que el cerebro no es algo rígido, se adapta a las situaciones y puede moldearse, puede funcionar mejor de lo que lo hace para, entre otras cosas, ser más eficiente, pero desde la calma. Y aquí es donde Ana mejor expresa la importancia de su trabajo: «Hay muchos caminos para conseguirlo, pero el entrenamiento cerebral es más rápido. Con él, tratamos patologías muy concretas como la ansiedad, el insomnio y la falta de concentración, pero también ayudamos al cerebro a que proyecte una mirada más amable, más objetiva sobre lo que nos ocurre. Cuando estás funcionando bien, cuando utilizamos la corteza prefrontal somos más analíticos, más creativos y eficientes y mejora nuestra capacidad de respuesta. Es decir, nos vamos a sentir más felices. Y digo sentir porque ser feliz es algo mental».

Un cerebro flexible nos acerca al objetivo

Para alguien como Ana Ibáñez, acostumbrada a trabajar con equipos de alto rendimiento, pero también con personas a las que les resulta difícil llegar a todo, la felicidad viene de saber irte a los extremos y tener la confianza de que vas a saber llegar al equilibrio: «Cuando caes es porque tenías que caer, pero tu sistema vuelve al equilibrio, tomando perspectiva, tanto cuando vives algo muy bueno como muy malo… Saber que es momentáneo y entender que regresarás al equilibrio es la clave». Para la neurociencia, un cerebro capaz de entender esto se adapta mejor a los cambios y, en definitiva, a la vida.

La paz mental, el estado emocional al que deberíamos aspirar

Desde el punto de vista lingüístico, serenidad se refiere a ser o estar tranquilo y sosegado, sin nervios o agitación; desde el lado científico, la serenidad se produce cuando el cerebro es capaz de producir el nivel de frecuencias Alfa y Beta adecuadas. Y ahí es cuando la neurociencia trabaja y empezamos a notar cambios en nuestro día a día.

¿Cómo expandir nuestro cerebro? 

Hay herramientas que siguen siendo el A, B, C para activar estas frecuencias de manera natural:

  • Meditación.
  • Ejercicio físico periódico.
  • Rodearse de personas que le hacen bien a uno mismo.
  • Escuchar música.
  • Desconectar de vez en cuando. Desenchufarse, no hacer nada y perder el tiempo y hacerlo de manera consciente.

«Estos son solo unos cuantos ejemplos, pero no a todo el mundo le va todo igual de bien… Hay un gran porcentaje de gente frustrada después de intentar meditar y no conseguirlo. Yo siempre abogo por hacer la meditación a la medida de cada uno. A veces en movimiento, mientras se pasea, por ejemplo… No es una ley rígida», cuenta Ana. Así, los entrenamientos ayudan al cerebro a producir esas frecuencias, de manera más rápida y más eficiente.

Cómo funciona la tecnología para dar paz mental

El trabajo de Ana Ibáñez no es ciencia ficción, está sujeto a unos pilares que marca la ciencia. «Es una tecnología de neurociencia de última generación que lee la actividad de frecuencias cerebrales para armonizarlas. Se realiza con unos sensores que hacen una lectura de la actividad cerebral a tiempo real y activa el cerebro en función de esas lecturas. A través de una serie de ejercicios, se ajustan las frecuencias. Se hace mientras se mira una pantalla y no necesita el esfuerzo consciente de la persona. Es el cerebro el que trabaja».

Tras una evaluación previa de síntomas (calidad del sueño, dolores, calidad de concentración, temas físicos…) se le pide al paciente que digan cómo se siente y cómo se quiere sentir. «Dentro de esa evaluación se puede ver si el cortisol esta alto, por ejemplo. El entrenamiento esta enfocado a funcionar sin producir cortisol, que no es más que la química que nuestro organismo libera en respuesta al estrés. Así, la parte eléctrica del cerebro hace que las neuronas se hablen entre sí antes de que se libere la química. Si las neuronas trabajan de una manera más calmada (armonizando las frecuencias), no se libera ese cortisol».

La importancia de poner límites

Según nos cuenta Ana, el perfeccionismo es una pandemia que afecta mucho más a mujeres y niñas. «Es un yugo que hay que quitarse. Lo mejor de ti, lo que puedes aportar, no viene del deseo de perfección si no de tu capacidad para descubrir tus talentos innatos, de poder disfrutar y desarrollarlos», concluye. 

En este sentido, alerta, hay un perfil que se repite entre sus pacientes. «Vienen muchas mujeres con situaciones parecidas; profesionales que hacen las cosas muy bien, pero tienen muy mala calidad de vida, que no llegan a todo, duermen mal, han perdido el sentido del humor y tienen sensación de vivir asfixiadas». Para todas ellas, tras entrenar su cerebro cambia su mirada.

«Cuando se entrena, se coge perspectiva, empieza a dejar cosas caer, a elegir y priorizar mejor, poner límites, ser más eficiente porque está serena, se cansa menos y mejora su vida personal también. Empieza a dividir mejor su vida personal y profesional. Duerme mejor (algo matemático cuando las frecuencias cerebrales están en armonía) y de repente su proyecto vive una evolución y un ascenso. No me canso de verlo».  

¿Quién no desea conectar con sus talentos? ¿Depende esto del esfuerzo? «El esfuerzo es muy importante para desarrollar talento, pero la verdadera brillantez viene de poder conectar cerebralmente con todo tu potencial, que supone la unión de nuestro cerebro consciente e inconsciente». De hecho, Ana rebela que los momentos cerebrales brillantes suelen venir después de un periodo de descanso y calma.

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