
Para muchos, el solsticio trae malestar físico, mental y social (por el enfado que transmiten a cuantos les rodean). Foto: Cottonbro / Pexels
Para algunos, la playa está sobrevalorada
«Lo confieso, no me gusta el verano»
Hay quienes no soportan el calor y se agobian con la arena y las multitudes. La felicidad estival no es para todos, y también tienen derecho
Por Paka Díaz
25 DE JULIO DE 2026 / 08:00
Hay quien espera que lleguen julio y agosto todo el año. Y hay quien siente un odio por el verano visceral, rotundo, manifiesto. El relato dominante asocia verano con descanso, libertad y disfrutar… Pero no todas las realidades encajan ahí. Hay quienes no soportan el calor, se agobian con las multitudes, incluso en destinos no masificados, detestan la arena en la piel y no pueden con los planes milimétricos de las vacaciones organizadas.
O, simplemente, no conectan con esa idea de felicidad obligatoria asociada a la época estival. Vaya, que no les gusta: son los grinchs del verano. Digamos que son la versión en pantalón corto de los que odian a los Reyes Magos.
Anatomía del Grinch del verano
Pero, ¿es solo cuestión de gustos o hay algo más detrás? «Ocurre por muchas causas, algunas traumáticas y otras contextuales. Las experiencias que tenemos nos pueden condicionar y podemos concluir, erróneamente, que el verano es un fastidio y odiarlo», explica el psicólogo Tomás Navarro, autor de La zona (ed. Zenith), donde propone fórmulas accesibles para vivir más presentes y más felices.
A eso se suma un factor psicológico importante: la presión social. «Si todo el mundo parece disfrutar y tú no, el malestar se multiplica porque te sientes fuera de lugar».
De molestia a pasarlo mal
No disfrutar del verano no es, en sí mismo, un problema. Pero conviene diferenciar entre una simple preferencia y algo que genera sufrimiento. «Si es una preferencia, hablamos de incomodidad. Si es algo más profundo, lo que aparece es sufrimiento. La clave está en la intensidad y en los esfuerzos evitativos», aclara Navarro.
Es decir, no es lo mismo decir ‘no me gusta jugar a la videoconsola’, que evitar sistemáticamente planes, aislarse o experimentar ansiedad intensa en situaciones veraniegas. En algunos casos, pueden influir factores como la ansiedad social, la hipersensibilidad sensorial o incluso experiencias negativas previas asociadas a esta época del año.
El calor también afecta a tu mente
Aunque a menudo se minimiza, el calor tiene un impacto real en el bienestar psicológico. Irritabilidad, fatiga, dificultad para concentrarse o peor calidad del sueño son efectos habituales de las altas temperaturas. Y todo eso influye directamente en el estado de ánimo.
Por eso, una de las claves no es aguantar, sino adaptarse.
«Se trata de hacerte la vida lo más cómoda posible. Desde elegir bien las vacaciones hasta acondicionar tu casa para que sea un refugio», recomienda Navarro. El autocuidado, en este contexto, pasa por mejorar lo práctico. Y empieza por no pasar calor en casa (ventiladores, aire acondicionado si es posible, persianas bajadas en horas clave) o reorganizar horarios para evitar el calor extremo.
Diséñate un verano a tu medida
Más allá de resistir, la idea es encontrar formas de transitar el verano con menos malestar. Una opción son los llamados microescapes o calmaciones de verano, escapadas a lugares más frescos o tranquilos. «Van genial, pero siempre haciéndolo con sentido común. Si el propio proceso de escaparte te genera más estrés, no compensa», advierte Navarro.
Otra estrategia es cambiar la forma de vivir tu propia ciudad. «Adopta una actitud de vacaciones. Aprovecha la oferta cultural, sal a la fresca, haz lo que hacen los turistas, pero con tus propias condiciones», propone. No se trata de imitar el verano de otros, sino de diseñar uno que encaje contigo.
¿Y si tu pareja es todo lo contrario?
El conflicto aparece, y mucho, cuando en la pareja hay preferencias opuestas. Mientras uno sueña con una playa tórrida, el otro, con el norte o el sofá con aire acondicionado. Aquí, la clave no es ceder siempre ni imponer, sino negociar.
«Definid unas vacaciones juntos. Un año a la playa y otro a la montaña. Y dejad también días para que cada uno haga lo que quiera», recomienda Navarro. Puede parecer una solución simple, pero toca un punto esencial: no todo tiene que compartirse. «Hay parejas muy independientes y otras que quieren hacerlo todo juntas. Pero si no comparten prioridades de ocio, acabará pasando factura», explica. Por eso, hablarlo, de verdad, es fundamental.
Diseñar veranos compatibles
Más allá del destino, lo importante es acordar cómo se va a vivir ese tiempo. «Aquí no vale suponer lo que el otro quiere», insiste Navarro. «Hay que hablar, compartir y definir desde la sinceridad. Esto implica pactar tiempos juntos y separados, ajustar expectativas y entender que el descanso no es igual para todos. Para una persona puede ser playa y actividad constante; para otra, silencio y sombra». Y ambas son válidas.
Además, hay que tener en cuenta que uno de los mayores problemas no es el verano en sí, sino la culpa por no disfrutarlo. «Si te sientes culpable por no disfrutar, tienes un problema. Y si te hacen sentir culpable, tienes otro», afirma Navarro.
Aceptar que el verano no es tu estación favorita no es un fracaso. Es una preferencia. El riesgo aparece cuando intentas forzarte a sentir algo que no sientes, o cuando invalidas tu experiencia porque no encaja con la de los demás.
Pequeños placeres para Grinchs
No hace falta amar el verano para encontrar momentos agradables. La clave está en identificar pequeños rituales, o microplaceres, que sí encajen contigo. Por ejemplo, leer a primera hora, pasear al anochecer, nadar en una piscina tranquila, ver una película con el aire acondicionado o disfrutar de una cena al aire libre sin calor extremo.
«Acordad microplaceres o rutinas. Las compartidas son las más efectivas», sugiere Navarro. Porque, incluso si no te gusta el verano, puedes construir una versión más amable de él. En una cultura que idealiza el verano, reconocer que no es tu estación puede ser incómodo. Pero también liberador. Porque el verdadero descanso no está en cumplir expectativas ajenas, sino en encontrar una forma de estar, en cualquier época del año, que no te obligue a dejar de ser tú, aunque seas un grinch estival.
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