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NO TE PIERDAS El sofoco acaba en minutos: lo que pasa en tu piel puede durar mucho más
Sobrepensar es la forma que tenemos de rellenar los silencios con explicaciones que pueden no ajustarse a la realidad. FOTO: Jegor Jakowlew (Pexels)
El drama que nadie escribió...
Nuestra mente tiende a construir una autopista de siete carriles entre un mensaje breve y una catástrofe emocional. Con carril rápido para todo tipo de suposiciones...
Por Paka Díaz
26 DE AGOSTO DE 2026 / 07:30
Hay dos tipos de personas, según el modo de actuar y, sobre todo, de pensar. Quienes leen un mensaje y siguen su vida y los que llaman a sus guionistas internos para montarse películas en la cabeza. ¿Un ejemplo? "Solo me ha puesto un 'OK', ¿qué querrá decir con eso?". Si eres de esas personas que continuamente ve segundas y hasta terceras intenciones en las respuestas de la gente a tus mensajes, probablemente perteneces a ese segundo grupo.
¿Hay un grupo correcto? Para tu salud mental, sí: que todo te importe menos. O, mejor dicho, evitar la rumiación innecesaria.
Los emoticonos, las respuestas breves o la ausencia de respuesta en el móvil puede desencadenar reacciones de ansiedad. A veces creemos ver mucho más en las cosas sencillas. La hiperinterpretación puede convertir los silencios (o respuestas escuetas) en auténticos puñales emocionales. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se trata de puñales ficticios. Que no quita para que puedan provocar mucho dolor y agotar más que una mudanza en agosto.
El nuevo detox es dejar de montarte películas mentales y empezar a vivir tu propia vida (plot twist: ya era hora).
Si empieza por 'hiper', mal vamos
La hipervigilancia emocional se aprende en biografías donde estar atento al humor ajeno era supervivencia. El adulto paga la factura con ansiedad y necesidad de validación constante. La psicóloga clínica Montse Escobar, responsable del área psicológica en Monarka Clinic precisa que esto ocurre porque "algunas personas interpretan señales neutras como algo negativo".
Esta hipervulnerabilidad a las palabras –o a los silencios– de otra persona "ocurre porque tu sistema emocional está más sensible a posibles señales de rechazo, distancia o conflicto. Cuando hay poca información clara, muchas veces se completan los vacíos con interpretaciones basadas en inseguridades, experiencias pasadas o miedo al rechazo", explica Escobar.
La realidad tras el bucle
El mecanismo que nos empuja a darle vueltas y más vueltas a las cosas nos hace creer que nos proporciona más control. Sin embargo, no es así. "Detrás del sobreanálisis constante suele haber una necesidad profunda de anticipar, controlar o evitar el malestar emocional. El problema es que cuanto más se analiza, más dudas aparecen", destaca la psicóloga.
La energía que se consume en leer a otras personas es agotadora. "Vivir pendiente del estado emocional de los demás consume una enorme cantidad de energía mental. Muchas personas terminan desconectándose de sus propias necesidades porque están demasiado enfocadas en regular el ambiente emocional externo", subraya Escobar.
Intuición vs. sobreanálisis
La experta anima a aprender a distinguir entre lo que te dice tu intuición, una forma de inteligencia desde el análisis de la experiencia, y lo que te grita la ansiedad. Aprender a distinguirlas es pasar de vivir en la cabeza de los demás a habitar, por fin, la propia.
"La intuición suele ser más simple, clara y tranquila. Las películas mentales vienen acompañadas de ansiedad, urgencia y sobreanálisis", comenta la experta. Si la supuesta corazonada que estás sintiendo te pide pruebas cada diez minutos, no es intuición, es alarma.
Cómo evitar el melodrama mental
Montse Escobar sugiere empezar por trabajar y mejorar la autoestima. "Cuanto más sólida sea, mejor toleraremos mejor la incertidumbre sin tomarnos todo como algo personal".
Salir de ahí no es sencillo, pero merece la pena porque genera una mayor libertad personal. Se puede empezar por tener en cuenta una obviedad olvidada: no es tu responsabilidad regular emociones ajenas.
No siempre podemos saber qué piensa el de enfrente. Y no es un cataclismo. La tolerancia a la incertidumbre se entrena evitando llenar cada silencio con explicaciones. Por ejemplo, preguntar de forma directasolo cuando proceda. Preguntar a la otra persona si le pasa algo contigo puede desactivar en un momento la película que te has montado.
Volver la atención al propio cuerpo también ayuda a cortar el circuito de rumiación de pensamiento.
La libertad no llega cuando todo el mundo te sonríe, sino cuando compruebas que lo que piensan te deja de dar miedo.
La ciencia ha dibujado una especie de curva del bienestar para responder a una pregunta difícil: cuándo empieza de verdad el efecto reparador de alejarse de la rutina