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La terapia de pareja sólo es útil si hay algo que solucionar./ Foto: Graff.
MENTE
No hay un momento óptimo para decidir acudir a un profesional, pero sí hay situaciones en las que no tiene sentido acudir a una terapia de pareja porque ya no hay nada que hacer.
Por María Corisco
29 DE FEBRERO DE 2024 / 08:00
Rara es la pareja que nunca sufre una crisis en su relación. Hay malas rachas, desencuentros y conflictos que pueden superarse, enquistarse o llevar a la ruptura. Es habitual tirar para adelante, capear con mayor o menor fortuna el temporal y esperar que, progresivamente, todo vuelva a recolocarse. Pero hay veces en las que puedes sentir que todo se te hace bola y que no eres capaz de recorrer la distancia que te separa del otro. Puede que sea el momento de buscar ayuda en la terapia de pareja… o puede que no.
La idea de la terapia es “que un profesional externo ayude a mejorar la calidad de la relación. El objetivo no es generar una dependencia con los pacientes, sino dotarles de herramientas para que gestionen mejor sus problemas”, explica José Manuel Peidró, psicólogo clínico.
¿Cuándo te deberías plantear acudir a un profesional de este tipo? En realidad, explica Peidró, “no hay un momento específico, óptimo, para ir. No podemos hablar de una situación concreta: es muy subjetivo, y dependerá del estilo de la pareja y de cada uno de ellos”. Sin embargo, sí tiene claro “cuándo no tiene sentido hacer una terapia de pareja”.
La consulta no es un campo de batalla del que uno de los dos salga victorioso y el otro vencido. No se trata de tener razón y, para explicarlo, el experto plantea una analogía: “Imaginemos que tenemos tres sistemas: cada miembro de la pareja tiene el suyo, y después está el propio sistema de la pareja. Es imprescindible que comprendan que se trabaja con este último. Y, aunque uno crea que tiene la razón -incluso cuando objetivamente parezca que la tiene-, al trabajar con el sistema de pareja lo que se busca es encontrar el equilibrio. Si no, la barca no se va a mover”.
Otro campo interesante es el de conocer qué aspectos de ti mismo te beneficiaría trabajar antes de iniciar un proceso de pareja. “Conocerte tú, ser consciente de cuáles son tus necesidades, tus heridas, en qué tienes más tendencias automáticas a saltar… Todo esto ayuda muchísimo a que la terapia sea más eficiente”. Asimismo, también ayuda el plantearse antes “cuáles son las necesidades del otro, preguntarse qué le falta a tu pareja”.
Así, el experto apunta, como pasos previos:
“Este tipo de conversación primera, contigo mismo primero y después a nivel de pareja, es sumamente útil y sirve de gran ayuda al profesional, que puede intervenir de forma más efectiva”.