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Sostenibilidad

De la luz natural al olor: lo que tienes que tener en cuenta para saber si tu casa es lo suficientemente saludable para ti

Hay indicadores que dictan si nuestra casa es un lugar saludable. Luz natural, ventilación y temperatura, materiales de construcción, uso de tecnología útil... Así se define la biohabitabilidad del espacio

Por Sara Trueba Rodríguez

17 de marzo de 2023 / 07:00

Si mirásemos el espacio que habitamos (o lo que es lo mismo, nuestro hogar) con otra mirada, tomaríamos algunas decisiones importantes. Nos referimos a que si prestásemos atención a los materiales que componen el continente, reduciendo seguramente la cantidad de elementos del contenido y vigilando un montón de detalles que, priori, no molestan pero a la larga no nos ayudan a crear un entorno saludable en nuestra propia casa. Es decir, así sabríamos si nuestra casa es lo que se conoce como biohabitable.

Veamos el término con un ejemplo para entenderlo mejor. Visualicemos un posible anuncio en cualquier portal inmobiliario:

Lo que leemos: Cuarto piso con ascensor, luminosa vivienda inteligente con sistema domótico, gran terraza acristalada. Insonorización, Recién pintada. Para entrar a vivir.

Lo que no nos preguntamos y deberíamos empezar a cuestionar: ¿De qué material está construida la vivienda? ¿Cantidad de horas de luz natural? ¿Cómo es la fuente de calor en invierno? ¿Está en una calle ruidosa y muy transitada? Todo esto es lo que hace que una casa sea biohabitable o no.

Qué es la biohabitabilidad

Para algunos, el término biohabitabilidad suena a algo parecido a vivir dentro de una burbuja, un lugar donde reina la asepsia, el blanco nuclear es el color predominante y el olor a desinfectante, la banda sonora aromática. A otros, en cambio, les puede hacer pensar en un vergel repleto de plantas de interior, cantar de pájaros y una casa construida en un árbol. Y, en realidad, ni lo uno ni lo otro.

Entendiendo que el entorno es clave para la salud de las personas, ¿por qué dar por hecho que nuestros hogares son biohabitables? O mejor, ¿por qué considerar que más que vivir, sobrevivimos y para gozar de espacios saludables la única solución es trasladarse a vivir al campo? Elisabet Silvestre es bióloga y docente en biohabitabilidad nos lo explica.

«Se pueden abordar los espacios desde la biohabitabilidad, desgranando e intentando eliminar los aspectos que no aportan salud al entorno», señala Silvestre. «Todos habitamos varias casas: el cuerpo es nuestra primera casa; el hogar, la segunda; el planeta, la gran casa madre. Necesitamos entornos que nos cuiden, que no nos expongan a contaminantes y respondan a la urgencia climática«, comenta la bióloga y divulgadora, autora de libros como La oficina en casa, Tu casa sin tóxicos o Geobiología y biohabitabilidad: la salud a través del hábitat. Así, las casas del futuro deberían diseñarse para promover la salud física, mental y espiritual.

Indicadores para saber si tu casa es saludable

No hace falta irse a los extremos para volver a gozar de una vivienda saludable ni renunciar a la innovación y la tecnología que nos acompaña y hace la vida más fácil. Sin embargo, hay detalles que marcarán la diferencia y a los que debemos prestar atención.

La luz natural

«Una persona que se expone de forma regular a la luz natural por la mañana tiene sistemas biológicos en equilibrio, tendrá más energía, mejor estado de ánimo, mejor atención, creatividad y eficiencia. La luz natural actúa como nutriente imprescindible para el cerebro y el organismo. Debe estar presente todos los días».

Y si no es posible acceder a la luz natural, «es necesario iluminar con lámparas que reproduzcan al máximo el espectro de la luz natural del sol según el momento de la jornada. No es lo mismo iluminar una estancia para realizar actividad de día o de noche. A partir del atardecer se precisa de bombillas de luz más cálida para prepararse para el descanso nocturno», declara la bióloga. Ayudar a nuestro reloj biológico a ponerse en hora incluye la iluminación, intentando vivir lo más ajustado a los ritmos naturales del cuerpo, reproduciéndolos en el interior de casa, en la oficina o en el colegio…

Temperatura

Según la bióloga, «es uno de los indicadores ambientales que se debe tener en cuanta para conseguir un espacio más saludable». ¿Cómo? «Buscando espacios atemperados, más calientes en los meses de frío y más frescos en verano». La experta establece cómo hacerlo:

  • Optar por fuentes de calor radiante en detrimento de los sistemas de convección. La radiación ofrece un clima más confortable, la estancia se resecará menos y no se forma más moho, entre otras ventajas.
  • Enfriar con opciones pasivas como la ventilación cruzada y elementos de protección solar como toldos o contraventanas.
  • Materiales de construcción naturales con propiedades térmicas que no obliguen a encender equipos eléctricos de manera continuada.

A qué huele una casa biohabitable

El olor de la casa no debe comprometer a la salud. Con esa clave, Silvestre determina que lo primordial es que «no haya olores que resulten desagradables o que, no siendo desagradables, ensucien el aire de casa. Cuidado con los ambientadores, aceites esenciales, velas o perfumes… «Muchos incluyen compuestos orgánicos volátiles derivados de la industria del petróleo. Si se quiere incluir odorizadores, mejor con flores, un limón, ramas de vainilla…»

Materiales de una casa biohabitable

Según la docente, deberíamos rodearnos de materiales de interior naturales como madera, piedra, tierra, cal, fibras y tejidos vegetales como el cáñamo, el algodón, paja, corcho, sisal… Colores cálidos que aporten calma… Pero no solo se trata de lo que añadir, si no también de lo que eliminar: «Nos rodeamos de detergentes, abrillantadores, limpiacristales… Olvidemos los más agresivos como el safumán, el amoníaco y la lejía. En cambio, elijamos productos de química verde».

De hecho, se pueden elaborar productos de limpieza caseros con lo que tenemos en la despensa: «agua, vinagre y bicarbonato es un buen limpiador y mucho más natural. Con ellos cuidamos la piel, respiramos aire más sano en casa, cuidamos el agua y desechamos productos inocuos», profundiza.

Tecnología en una casa saludable

Hemos cambiado la manera de relacionarnos y la era digital aporta nuevas formas de abordar las tecnologías, pero también hay consideraciones a tener en cuenta según el tipo de tecnología que tenemos en casa. La higiene energética trabaja precisamente para implementar instalaciones eléctricas biocompatibles con la idea de disponer de electricidad evitando la exposición a campos eléctricos alternos «Se consigue con desconcertadores automáticos, tomas de tierra eficientes…»

¿Tienes la wifi conectada 24 horas? «Las conexiones por cable son más eficientes y seguras que las inalámbricas, por ejemplo, y es muy conveniente desconectar los dispositivos electrónicos, teléfonos móviles y wifi cuando nos vamos a descansar», concluye.

¿Por qué no empezar a pensar en espacios que sean mucho más que un refugio o una guarida, pensados para nutrir, restaurar y que cuidar a las personas?

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