
Dicen que el entrenamiento de fuerza es innegociable en menopausia, pero, ojo, hay que hacerlo correctamente para no dañar el suelo pélvico. FOTO: Pexels.
UNA CITA MÁS PARA AGENDAR
Ante la duda, cualquier mujer en perimenopausia debería hacerse una valoración de suelo pélvico
No tiene por qué pasar, pero las disfunciones de esta musculatura se disparan a partir de los 45. Prevenirlas —que se puede— es fundamental para mantener una buena calidad de vida en esta etapa.
17 DE JUNIO DE 2026 / 07:30
Hay un dato del año 2012 que es bastante ilustrativo sobre todo lo que hemos aprendido del suelo pélvico últimamente. En ese momento, solo una de cada cuatro mujeres (de una muestra de casi 1.500) sabía lo que era este conjunto de músculos, ligamentos y tejidos. Y, más preocupante aún, únicamente ese 25% aseguraba conocer qué función cumplía en el cuerpo. Afortunadamente, casi 15 años después, quedan pocas que no hayan oído hablar de esta zona y de todo lo que implica que no esté en forma. Pese a todo, sigue siendo un punto débil de la salud femenina.
Uno de los mayores estudios sobre el tema, realizado por Intimina sobre más de 8.000 mujeres de toda Europa, arrojaba un dato significativo: el 57% de ellas, entre 25 y 55 años, tiene algún problema en la zona. Por países, las españolas ocupan el tercer lugar en el podio. Además, avanzan posiciones —el número de casos aumenta hasta casi el 70%— cuando se trata de la franja entre los 40 y los 55 años, precisamente la que coincide con la cercanía y llegada de la menopausia. No en vano, en esta época «el suelo pélvico sufre una atrofia neurovascular y del tejido conectivo debido al envejecimiento general y a la pérdida de estrógenos, ya que estos tejidos contienen gran cantidad de receptores estrogénicos», detalla Corcuera.
Buenas noticias: la prevención funciona
A pesar de su prevalencia, hay una buena noticia. «La aparición de problemas relacionados con el suelo pélvico se puede retrasar e, incluso, prevenir», afirma Lorena Corcuera, especialista en suelo pélvico y matrona en HLA Puerta del Sur (Jerez), del grupo ASISA. En líneas generales, hay tres grandes armas: «un estilo de vida saludable; mantener una buena actividad sexual y practicar, de forma regular, ejercicios específicos para la zona», enumera. Sin embargo, antes de todo ello, hay un paso innegociable: hacerse una valoración de suelo pélvico.
Agendar una valoración de suelo pélvico
Está bien. Hablar, hablamos de suelo pélvico. En el gimnasio, entre amigas, con las compañeras de trabajo, en las redes sociales o con la pareja. Lo de revisar su estado ya es harina de otro costal. Evidentemente, hoy se hace mucho más que hace 10 años, cuando ni se mencionaba. Pero la mayor parte solo acude cuando ya existe el problema. Es más, algunos estudios observacionales refieren que es una decisión que toman solo tres de cada 10 mujeres.
Sin embargo, la valoración del suelo pélvico debería ser casi obligatoria. Lorena Corcuera recuerda que se recomienda «en el embarazo a partir del segundo trimestre, en el postparto, en mujeres deportistas a cualquier edad y en perimenopausia y menopausia». Y, por supuesto, siempre que haya molestias. En resumen, que todas las mujeres, especialmente las mayores de 40, tendrían que reservar un hueco en su agenda para esta evaluación.
¿En qué consiste?
Las valoraciones de suelo pélvico constan de una entrevista —para recabar información de antecedentes y estilo de vida— y una exploración física, tanto visual como de palpado. En esa se comprueba el estado de la musculatura pélvica, la estabilidad de la zona, la movilidad de los órganos…
Aunque hay matronas que pueden realizarla, lo más habitual es acudir a una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico. Ya que la fisioterapia está considerada la primera línea de tratamiento para este tipo de disfunciones y, como decíamos, también para prevenirlas. Por tanto, a partir de esa evaluación, el profesional determinará la ruta a seguir: «con ejercicios de Kegel si procede; fisioterapia manual; hipopresivos; electroestimulación o vibradores, etc».
Evitar que empeore el día a día
La importancia de ir un paso por delante es fundamental. «Hay que entender que los problemas en esta musculatura implican un deterioro significativo de la calidad de vida, afectando la función sexual y la esfera social de la mujer», advierte la experta de ASISA.
Esto se traduce en incontinencia urinaria, dolor al mantener relaciones sexuales, infecciones de orina y/o vaginales recurrentes… Pero también afecta a la postura —y, por tanto, al dolor de espalda—, puede provocar escapes involuntarios de gases, sensación continua de pesadez o estreñimiento. No hay dudas posibles: apostar por la prevención es una gran idea.
Otros gestos preventivos
Además de ponerse en manos expertas, hay muchos pequeños gestos que, sumados, pueden ayudar a mantener en forma el suelo pélvico, especialmente en perimenopausia. Algunos son de sentido común, como seguir una dieta equilibrada, evitar el tabaco y el alcohol y practicar ejercicio. Eso sí, cuidado con el impacto (saltos, correr…) y la carga de peso excesiva. «Ya que pueden producir o empeorar los problemas en la zona». Por ejemplo, activar el músculo del transverso del abdomen en los esfuerzos puede evitar el daño.
Por último, no hay que olvidar que mantener una vida sexual activa —ojo, que no hablamos de penetración, sino más bien del beneficioso efecto del orgasmo— mejora la oxigenación y elasticidad de los tejidos. ¡Todo sea por el suelo pélvico!
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