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Mujer practicando running sobre asfalto

Algunos deportes de impacto, como el running, pueden favorecer la incontinencia urinaria. Foto: Unsplash.

SALUD HORMONAL

Incontinencia urinaria durante la menopausia: por qué no debes normalizarlo y qué hacer al respecto

Una de cada cuatro mujeres sufre pérdidas de orina; dato que incrementa tras cumplir los 45. Pero, por común que parezca, nadie debería convivir con esta patología que afecta tanto a la calidad de vida.

Por Cristina Martín Frutos

27 de febrero de 2024 / 13:00

Al toser. Al reírse. Al correr. Para muchas mujeres sentir que se escapa algo de pis en alguna de estas situaciones es algo habitual. De hecho, una de cada cuatro mujeres sufre incontinencia urinaria, según datos del Observatorio Nacional dedicado a esta patología. Una cifra que roza el 40% cuando se han cumplido los 45 (¡y alcanza el 70% a partir de los 70!).

Pese a que, como demuestran los números, estamos ante una afección bastante frecuente -afecta a más de 300.000 millones de mujeres en el mundo-, no es tan habitual buscar remedio para tratarla. «Se trata de una patología infradiagnosticada. No se busca ayuda profesional porque se piensa que esas pérdidas, a cierta edad, son normales o porque da vergüenza hablarlo», lamenta el doctor Carlos Errando, Jefe de la Unidad de Urología Funcional y Femenina  de la Fundació Puigvert.

Existen varios ejemplos ilustrativos que apoyan las palabras del doctor. Basta con echar un vistazo a una de las últimas encuestas de la Asociación Europea de Urología. El sondeo indica que solo una de cada tres afectadas busca ayuda médica. Del resto, el 35% no acude a ningún profesional porque piensa que el problema se resolverá solo, y otro tanto (27%), porque le incomoda hablar del tema.

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Esta curiosa combinación entre la normalización y estigma social puede desembocar en un cierto conformismo. O, en última instancia, hacer que la situación empeore y el tratamiento sea más complicado. Y no debemos olvidar que, como señalan desde la Fundación Puigvert, estamos ante la tercera enfermedad crónica que mayor pérdida de calidad de vida provoca, solo por detrás de las patologías mentales y los problemas cardiovasculares.

La relación entre las pérdidas de orina y la menopausia

El primer factor importante a la hora de hablar de incontinencia urinaria es la edad. Se sabe que la prevalencia de esta patología incrementa a partir de los 45-50 años, lo que coincide con la llegada de la perimenopausia y la menopausia.

«Además, existe una estrecha relación entre el hipoestrogenismo y los síntomas urinarios«, apunta el doctor Pablo González Isaza, uroginecólogo y presidente de la Asociación de Ginecólogos de Colombia.

Se ha visto que la reducción del nivel de estrógenos, al afectar a los músculos abdominales, puede también provocar cambios en la vejiga, donde, por cierto, existen también receptores de estrógenos y progestágenos.

Además, en mujeres con atrofia urogenital -uno de los síntomas más comunes de la menopausia– existe mayor predisposición. ¿La razón? El afinamiento y sequedad de tejidos no solo incumbe a la vagina sino también al tracto urinario.

Incontinencia urinaria y suelo pélvico

Otro aspecto muy relacionado con esta afección es el estado del suelo pélvico. Los embarazos, partos y el propio envejecimiento cronológico son enemigos de su tonicidad.

Como indica el doctor González Isaza, «cuando los músculos del suelo pélvico no proporcionan suficiente apoyo o sujeción, puede llevar a una disfunción con resultados directos en la incontinencia urinaria». Esto, a su vez, explica por qué la incontinencia más común entre las mujeres con menopausia es la de esfuerzo (20% de los casos). Es decir, aquella que sucede cuando se realizan ciertos esfuerzos como algunos ejercicios, toser, estornudar o reírse.

El otro tipo de incontinencia, la de urgencia -esa que hace ir corriendo al baño o levantarse por la noche- afecta al 10% de mujeres.

Otros factores que predisponen a padecer esta afección son, como enumera el experto, «el sobrepeso, el estreñimiento, el abuso de alcohol o un fallo ovárico».

El deporte, en especial el de impacto (como el running) y gran esfuerzo, también parece guardar relación con la falta de continencia. Diversos estudios muestran que las atletas, las saltadoras de trampolín o las mujeres que practican crossfit sufren esta patología en una amplia mayoría y de forma prematura.

Cómo tratar la incontinencia urinaria

Pese a que, como destacan los expertos, existe una falta de diagnóstico generalizada, cada vez es más frecuente que la mujer busque tratamiento para solucionar las pérdidas de orina. Existen diferentes tratamientos y, por supuesto, diferentes niveles de actuación.

El doctor González Isasa insiste en la importancia de adecuar la solución al tipo de incontinencia y su severidad. En las mujeres con menopausia suele ser efectivo acudir a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico para que realice una valoración. De este modo, los ejercicios hipopresivos y de kegel pueden ser a veces suficiente para solventar el problema. «En estados iniciales también es interesante el uso de sillas basadas en electromagnetismo o protocolos con radiofrecuencia», añade.

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Además, González Isasa, gran experto en la aplicación de láser ginecológico, destaca que el láser de CO2 fraccionado microablativo -como Mona Lisa Touch- ofrece grandes ventajas en pacientes con menopausia».

Con respecto a la terapia hormonal no existen evidencias científicas suficientes para aclarar si su uso mejora o, en algunos casos, empeora la situación. «En casos más severos es necesario recurrir a tratamientos algo más invasivos, como la colocación de hilos tensores o de suspensión o, incluso, el manejo quirúrgico con cintas», apunta el doctor.

Sin embargo, el experto recuerda que «lo más importante es la prevención y el abordaje precoz, sobre todo si existen disfunciones de suelo pélvico». Por ello, vencer la vergüenza, dejar de normalizar y olvidarse de tabúes es clave para olvidarse de este problema.

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