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NO TE PIERDAS La fotoprotección oral: el complemento que ayuda, pero proteger, lo que se dice proteger, no protege
Crema solar siempre, gorra cuando sea necesario y pastillas con antioxidantes para no tener que lamentarlo. FOTO: Pexels.
Entonces, ¿merecen la pena?
Tiene un lugar importante, especialmente en la rutina de algunas pieles. Pero conviene llamar a las cosas por su nombre: no juega, ni de lejos, en la misma liga que una crema solar.
Por Amor Sáez
4 DE AGOSTO DE 2026 / 07:30
Los dermatólogos no se cansan de recomendar la fotoprotección combinada: protector solar tópico y oral. «La fotoprotección oral puede añadirse a la tópica porque actúa desde dentro sobre mecanismos que la crema no cubre por completo, sobre todo el estrés oxidativo, la inflamación inducida por la radiación ultravioleta y, en algunos casos, ciertos mecanismos de reparación celular. Es decir, no impide que la radiación llegue a la piel, pero puede ayudar a que la piel responda mejor frente al daño solar«, asegura Natalia Jiménez, dermatóloga de la Unidad de Dermatología Clínica y de la Unidad de Estética Facial de Grupo Pedro Jaén.
Actúa, principalmente, a través de ingredientes con una importante y demostrada actividad antioxidante: «Sabemos que tanto la radiación ultravioleta A y B, como la luz visible, inducen estrés oxidativo mediante la generación de especies reactivas de oxígeno. Estos antioxidantes ayudan a contrarrestar ese daño oxidativo inducido por la radiación solar«, añade María Vitale, directora médica del área de dermatología de Cantabria Labs.
La pregunta es, ¿qué antioxidantes y en qué combinación?
Esta fotoprotección dual crema-pastilla es especialmente recomendable, como asegura la doctora Jiménez, «en personas con fototipos claros, antecedentes de cáncer de piel, daño solar acumulado, melasma, enfermedades fotosensibles o en quienes prevén que van a tener una exposición solar intensa». Pero, y esto hay que marcárnoslo a fuego, fotoprotección oral es complementaria a la protección solar en crema. No la sustituye.
Tampoco equivale a un SPF4. «Esa idea es una interpretación errónea porque algunos estudios han sugerido que ciertos activos orales pueden aumentar discretamente la dosis mínima de radiación necesaria para producir eritema, equivalente a un SPF muy bajo, en torno a 3 o 4», asegura.
En la práctica, no significa que podamos exponernos más ni relajarnos con el sol. Un SPF4 es una protección prácticamente nula. «Los fotoprotectores solares por vía oral no crean una película protectora sobre la piel, ni bloquean la radiación de forma homogénea como un fotoprotector tópico bien aplicado», quiere dejar claro la doctora Natalia Jiménez. Aunque tomemos una suplementación solar hay que seguir usando un fotoprotector tópico de amplio espectro, con SPF50, y reaplicarlo correctamente cada dos horas o después de bañarte.
Como sucede con las cremas, en las pastillas para mejorar la resistencia de la piel al sol, no existe una única fórmula imprescindible. «Lo que sí deben llevar son ingredientes con actividad antioxidante. Y esos ingredientes que deben contar con evidencia científica sólida que demuestre su capacidad para prevenir el daño inducido por la radiación, incluyendo el estrés oxidativo, y los cambios moleculares y en el ADN que, a largo plazo, pueden favorecer el fotoenvejecimiento, la aparición de manchas o incluso el desarrollo de cáncer de piel», explica la doctora Vitale.
Cada laboratorio crea su propia fórmula, con sus propias combinaciones y en los porcentajes que estiman oportunos dentro de los márgenes que establece la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Y este es el primer escollo. Encontramos desde ingredientes patentados y estandarizados, como el Fernblock®, con avalada evidencia en la protección frente al fotoenvejecimiento, a otros ingredientes donde el laboratorio prioriza el precio y los incluye en dosis subclínicas, es decir, en porcentajes tan ínfimos que no se va a notar su acción.
Pese al marketing que rodea a estos productos, hay que recalcar que la EFSA no reconoce la fotoprotección oral como un protector solar, y no avala declaraciones de propiedades saludables que sugieran que un suplemento alimenticio proteja la piel de los daños por la radiación ultravioleta.
El Fernblock® es la denominación registrada para el extracto de Polypodium leucotomos. Tiene propiedades antioxidantes, antiinflamatorias e inmunomoduladoras. De origen natural, procede de un helecho que crece en Centroamérica. «Junto con Aspa-Fernblock (que incorpora además Aspalathus linearis, una planta sudafricana), es uno de los activos mejor estudiados en la prevención del daño ocasionado por la radiación ultravioleta, la luz visible y el infrarrojo», asegura la dermatóloga María Vitale. «Ayuda a prevenir las mutaciones inducidas por la radiación solar en el ADN de las células. De este modo, podría contribuir a disminuir el riesgo de desarrollar cáncer de piel no melanoma», según esta experta.
De toda la vida se ha asociado el consumo de zanahorias con un buen bronceado. La explicación está en los carotenoides, esos pigmentos intensos responsables del color de los vegetales.
En general, sí, porque actúan sobre vías complementarias: antioxidación, inflamación, reparación celular o respuesta inmune. De hecho, muchas fórmulas comerciales combinan varios de ellos. No obstante, más ingredientes no significa más eficacia.
«Hay que valorar dosis, calidad de la formulación, perfil del paciente y posibles interacciones o contraindicaciones. En pacientes con enfermedades crónicas, embarazo, lactancia, tratamientos oncológicos, inmunosupresores, anticoagulantes u otros medicamentos, conviene consultarlo antes con el médico», advierte la doctora Jiménez.
Aunque no suelen interferir con otros suplementos que te estés tomando, como la vitamina D, los ácidos grasos omega-3, el colágeno, el magnesio o la creatina, con los minerales puede tener sus matices: «Por ejemplo, el zinc, el calcio, el hierro o el magnesio pueden competir parcialmente en la absorción si se toman juntos en dosis altas. Por eso, si una persona toma varios suplementos minerales, puede ser razonable separarlos unas horas», cuenta la dermatóloga de Grupo Pedro Jaén.
En cualquier caso, el problema más frecuente no es una interacción grave, sino una sobredosificación por sumar suplementos innecesariamente. «Muchas personas toman varios productos que repiten vitaminas, minerales o antioxidantes y pueden acabar superando dosis recomendadas sin darse cuenta», advierte esta experta.
Aunque es cierto que no existe una pauta fija y que esta debe individualizarse según las necesidades de cada persona, «sobre todo en pacientes con fotodermatosis, fototipos muy claros o personas que pasan muchas horas expuestas al sol —aconseja la médico María Vitale—, en personas cuya exposición se concentra en los meses de mayor intensidad solar, se recomienda comenzar aproximadamente a mediados de abril y mantenerla hasta finales de octubre (en Europa)».
Algo más: aunque suelen ser productos bien tolerados, pueden producir molestias digestivas, alergias o intolerancias en personas predispuestas.
Para evitar contratiempos, siempre es recomendable consultar con un dermatólogo o un farmacéutico especializado en dermocosmértica. Y, sobre todo, tener claro que no sustituyen a la fotoprotección tópica, ni a una alimentación equilibrada y unos hábitos adecuados frente al sol.
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