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Adelgazar

Comer menos y moverte más no son la (única) solución para adelgazar

Cuando queremos perder peso, solemos atender a la (falsa) fórmula de oro: el déficit calórico. Pero, ¿de verdad son las calorías la moneda de cambio para adelgazar?

Por Equipo Welife

4 de noviembre de 2021 / 22:13

Desde que la nutrición se puso de moda, estamos rodeados de influencers y dietistas que hacen apología de cómo hacer x + y les ha cambiado la vida. Pero son muchas personas las que viven atormentadas por un sobrepeso que no consiguen reducir, por miles de dietas que siguen y no hacen efecto y por una sociedad que se debate entre los “deberías” y el “carpe diem”.

Por eso, queremos darte algunas claves que pueden ayudar a que algunas personas vean la luz y entiendan el por qué de su cuerpo o su peso.

¿Es el sobrepeso un problema?

Con los movimientos “body positive” y HAES se ha abierto un gran melón: que el peso no determina la salud. De hecho, el concepto “TIFO” (thin outside fat inside) atiende precisamente a esto; cada vez encontramos más cuerpos delgados que tienen una gran cantidad de grasa e inflamación en su interior. Por definición, no está más sano el que pesa menos, pero el sobrepeso y la obesidad, aunque aparezcan con un estilo de vida saludable, a largo plazo acaban convirtiéndose en un problema para el cuerpo.

Además de lo que como y de lo que me muevo, ¿qué más impacta en mi peso?

Debemos entender que nuestro cuerpo está hecho de algo más que kilos: el número que marca la báscula es un sumatorio multifactorial compuesto entre otros por: grasa, músculo, agua y huesos. Por eso debemos dejar de darle a la báscula una importancia que no tiene.

Por otro lado, la microbiota juega un papel determinante dentro de nuestra salud y de nuestro peso. Se ha demostrado que, en función de las bacterias que predominen en nuestro intestino, podemos tener más tendencia al sobrepeso: nuestras bacterias pueden ser de las que aprovechan más los alimentos y con menos se alimentan más. Así, en personas obesas observamos un aumento de Firmicutes y una reducción de Bacteroidetes.

Además, el tener un histórico de dietas reduce el metabolismo basal. Tu cuerpo aprende a hacer lo mismo con menos energía. Nuestro metabolismo está diseñado para adaptarse a momentos de hambruna y cuando le sometemos a una dieta restrictiva aprende a ejercer las mismas funciones con menos energía. Esta es la razón por la que después de una segunda dieta el cuerpo no pierde peso, y no solo eso, sino que a poco que comamos rápidamente lo eleva.

Por último, el estrés juega un papel fundamental dentro de nuestro peso. Un estrés mantenido en el tiempo supone una inflamación de las células glía (que se encuentran en nuestro cerebro) y la activación de citocinas proinflamatorias. Estas citocinas llegan a nuestro intestino y nos inflamamos también. A partir de aquí vamos en un “cuesta abajo y sin frenos” donde parece que “todo lo que como me engorda” o que enseguida me encuentro mal. Esto se debe precisamente a una disbiosis causada por nuestro estrés, que hace que los microorganismos de nuestro intestino se desordenen y funcionen cada vez peor.

¿Cómo lo soluciono?

Para poder mejorar y sentir que avanzamos en este tema, es clave consultar a un profesional que se centre en los hábitos de vida, que aborde una parte alimentaria, pero también de ejercicio; y que ocasionalmente introduzca probióticos para optimizar el funcionamiento de tu microbiota. Además, se recomienda incluir un soporte psicológico para reducir cualquier estrés crónico que podamos tener.

Artículo elaborado por Cristina Barrous, técnico en nutrición y coach nutricional, especializada en alimentación saludable y en medicina integrativa.

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