NO TE PIERDAS ¿Es posible hacer que nunca llegue la menopausia?

Imagina que los sofocos nocturnos no llegaran nunca, que no perdieras la libido y que la memoria no flaqueara tan pronto. FOTO: Pexels.

EL DILEMA DE OLVIDARSE DEL RELOJ BIOLÓGICO

¿Y si te dijéramos que puede llegar el día en que retrasar la menopausia sea posible?

Cada día más líneas de investigación se dirigen a ralentizar el envejecimiento ovárico con el objetivo, no solo de alargar la fertilidad, sino de preservar la salud. Pese a todo no está exento de polémica

Por Cristina Martín Frutos

13 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30

Cuanto más se habla de menopausia —alto y claro, sin tapujos ni pudor— más claro aparece un deseo: que no haya menopausia nunca. Ni retrasar, ni atenuar. Simplemente, hacerla desaparecer de la vida de la mujer. Por ahora, es solo una línea de investigación médica que cada vez está tomando más peso. La de retrasar la menopausia e, incluso, hacerlo de forma permanente. Muchos los científicos llevan años defendiendo que este cambio en los niveles hormonales de la mujer debería tratarse como un acontecimiento de salud modificable. Como muchos otros procesos naturales sobre los que se interviene.

Pese a que estos enfoques no están exentos de polémica, lo cierto es que también pueden verse con otros ojos. ¡Por fin la menopausia recibe la atención científica que merece! Al menos así es como lo ven quienes trabajan en prolongar la longevidad ovárica. No olvidemos que el ovario es uno de los órganos que más rápido envejecen y que su deterioro, más allá de afectar a la fertilidad, impulsa, como en un efecto dominó, el envejecimiento de otros órganos y funciones en la mujer.

TE PUEDE INTERESAR

Esta perspectiva ha llevado a que se realicen ensayos con células madre con la esperanza de retrasar la menopausia o de regenerar el tejido de los ovarios. A que algunas empresas biotecnológicas trabajen con fármacos que eviten el agotamiento de la reserva ovárica. O a aplicar los senolíticos (diseñados para eliminar las células viejas y dañadas) a este objetivo. Sin embargo, por ahora, estamos lejos aún de una despedida total.

«Hoy por hoy, es importante ser muy claros y honestos: la menopausia sigue siendo un proceso biológico inevitable. Lo que está cambiando no es el hecho en sí, sino nuestra comprensión de los mecanismos que conducen al envejecimiento ovárico. Estamos en una fase de investigación muy prometedora, pero todavía lejos de una aplicación clínica real y generalizada. Más que hablar de detener la menopausia, la medicina actual investiga cómo retrasar o modular el deterioro ovárico, siempre con un enfoque experimental y muy controlado», reflexiona Mª Ángeles de Broto, fundadora de Brudylab.

Lo primero que viene a la cabeza al plantearse un hipotético fin de la menopausia es que la fertilidad sería prácticamente eterna. Aunque se estima que hasta el 15% de la población sufre infertilidad, según la Academia Nacional de Medicina de España, el interés científico por esta posibilidad está más relacionado con la idea de una longevidad saludable. No en vano, el papel de los estrógenos está ligado directamente a la salud femenina. Por tanto, retrasar el reloj biológico podría tener muchos efectos más allá de facilitar embarazos tardíos.

«Bien gestionado, disminuiría el riesgo cardiovascular, probablemente la pérdida ósea y aportaría mayor control a nivel metabólico, e incluso, frenaría el deterioro cognitivo. Además, supondría un avance sobre la esfera sexual y ginecológica», apunta la doctora Laura Cortés, ginecóloga de Clínica Planas. Además, sus defensores, subrayan que evitaría procedimientos más invasivos como la congelación de óvulos, que requiere el mismo proceso de estimulación hormonal que un tratamiento de fertilidad.

Todas estas investigaciones avanzan, aunque, como advertía la fundadora de Brudylab, aún en fase experimental. Es el caso de algunos procedimientos que se están empezando a probar en Estados Unidos. Por ejemplo, el doctor Kutluk Oktay, uno de los mayores expertos en este campo, ha desarrollado un procedimiento por laparoscopia que extrae la capa externa del ovario. Este tejido se congela con la idea de preservarlo hasta una década y trasplantarlo a la mujer cuando se acerca la menopausia. «La evidencia apunta a que sobrevivirían alrededor del 60% de los óvulos de reserva de este tejido», afirma el experto.

Otra de las grandes vías de investigación pone el foco en un fármaco: la rapamicina. Puede que el nombre suene familiar. Especialmente entre los interesados en el mundo del envejecimiento saludable, ya que el famoso experto en longevidad Peter Attia proclamó a los cuatro vientos sus beneficios para alargar la esperanza de vida. Lo cierto es que esta sustancia inhibe una proteína clave en el proceso de envejecimiento y se ha comprobado que sus efectos son similares a la restricción calórica.

Además, recientemente, un estudio de la Universidad de Columbia, publicado en The Lancet, ha determinado que la rapamicina, en dosis bajas, puede ralentizar el envejecimiento ovárico en un promedio del 20%. Ahora bien, tanto en el caso de la cirugía como de este medicamento, la clave sería iniciar el tratamiento antes de empezar el declive hormonal. Ya que lo que por ahora no se ha conseguido es la capacidad de recuperar óvulos. Pese a todo, tanto la doctora Cortés como de Broto recuerdan que a día de hoy no existen estudios concluyentes en humanos que avalen su uso clínico con este fin.

OTROS TEMAS WELIFE

Uno de los argumentos más frecuentes entre quienes ponen en duda el retraso de la menopausia es que supone ir contra la propia naturaleza. «Las mujeres somos, junto con algunos cetáceos, los únicos animales que vivimos después de la etapa reproductiva. Pero quizá, a veces, no hay que desafiar a la historia evolutiva y entender que puede ser una estrategia biológica», sostiene la ginecóloga. En el lado opuesto, sus defensores argumentan que si no existen dudas sobre los esfuerzos en evitar el deterioro cognitivo o la pérdida de memoria, ¿por qué sí se plantean sobre el envejecimiento ovárico?

Em este mismo equipo hay otras voces que apuntan a que el sentido evolutivo de la menopausia —ese que apuntaba a que las mujeres dejaran de tener hijos para apoyar a sus nietos y asegurar la supervivencia— ya no tiene sentido. O que esta etapa no es ni más ni menos que un reflejo de la mayor esperanza de vida. En la época de nuestras tatarabuelas , hace unos 120 años, se situaba en los 34 años…. Es decir, la mayoría no llegaba a conocer los sofocos.

No es el único dilema ético que se plantea . La fundadora de Brudylab expone el otro. «Si para retrasar la menopausia una mujer tuviera que medicarse de forma crónica, habría que preguntarse si hablamos de bienestar o de medicalización del envejecimiento femenino. Personalmente, creo que el objetivo no debería ser cronificar a la mujer sana, sino acompañarla para que atraviese la menopausia con la mejor calidad de vida posible, respetando su biología». En su opinión, el avance real «se encuentra en comprender y proteger la célula para envejecer mejor. Por eso, líneas de investigación centradas en lípidos estructurales como el DHA-Algatrium que refuerzan la integridad y función celular, abren una vía muy prometedora para acompañar a la mujer en esta etapa desde la salud, el bienestar y la vitalidad, más que desde la medicalización continua».

Al fin y al cabo, por ahora, lo único que podemos hacer como mujeres es cuidarnos desde el presente. Como defiende la doctora Cortés «tendríamos que poner el foco en bajar componente inflamatorio y mantener unos buenos ritmos biológicos para transitar por esta etapa y los años venideros con el mejor estado posible».

Salir de la versión móvil