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En España, el 40% de la población menor de 65 años tiene déficit de vitamina D. FOTO: Pexels/ ©Tiana.
CUERPO
No son sólo unos huesos frágiles: el déficit de esta vitamina puede manifestarse también con otros síntomas, como el cansancio, la debilidad muscular o la pérdida de cabello.
Por María Corisco
27 de septiembre de 2024 / 07:46
Hasta no hace mucho tiempo, el déficit de vitamina D pasaba inadvertido en España: dado que se fabrica a partir de la exposición al sol, se suponía que era un problema propio de los países fríos y nórdicos, con pocas horas de radiación solar. Por ello, los españoles parecían no estar en riesgo y rara vez desde la consulta se solicitaba una medición de sus niveles.
Ahora todo ha cambiado. “En España se han descrito concentraciones bajas de esta vitamina en más del 80% de los individuos mayores de 65 años y en un 40% de la población menor de 65 años”, señala la doctora Antonia García Martín, coordinadora del Grupo Metabolismo Mineral de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). Es una epidemia global: el 88% de la población mundial también está bajo mínimos.
No sólo se ha visto que el déficit de vitamina D es una realidad; también se ha comprobado que esta carencia tiene efectos más allá de la dificultad para la absorción de calcio: también puede afectar al desarrollo inmunitario, al metabolismo, a la salud del sistema cardiovascular… Es una vitamina clave para la salud.
Por eso, cada vez es más frecuente que no interese medir los valores únicamente en casos de osteopenia u osteoporosis, “que suponen una disminución progresiva de la cantidad de hueso”, sino también en muchas otras circunstancias. Así, ginecólogos, reumatólogos, médicos de atención primaria, cardiólogos, dermatólogos y oncólogos han comenzado a incluir en las analíticas una medición de los niveles de esta vitamina.
Pero, además, también se recomienda estar atentos a una serie de signos o síntomas que pueden denotar un déficit de vitamina D. Como señala la doctora García Martín, “el dolor óseo, la presencia de deformaciones en los huesos (sobre todo en tórax), los niveles en sangre bajos de calcio o fósforo o la presencia de osteoporosis y fracturas deben hacer sospechar déficit de vitamina D”. En caso de otras enfermedades conocidas, “como dolencias renales o hepáticas, hiperparatiroidismo, malabsorción intestinal, patología y cirugía digestivas, o en los tratamientos con algunos fármacos, existe mayor riesgo de niveles bajos de vitamina D, por lo que es aconsejable su estudio. También se recomienda su medida durante el embarazo y la lactancia, en ancianos institucionalizados o en personas con exposición solar insuficiente”.
La vitamina D es fundamental para convertir los alimentos en energía. Cuando hay deficiencia, el cuerpo no puede aprovechar correctamente esa energía, lo que provoca cansancio crónico o fatiga inexplicable. Este síntoma puede ser difícil de identificar, ya que muchos factores lo provocan, pero si el cansancio no mejora con el descanso, podría ser indicativo de una carencia de vitamina D. Un estudio en publicado e Medicine encontró que personas con fatiga crónica tenían niveles bajos de vitamina D y que su energía mejoraba tras tomar suplementación.
La American Academy of Orthopaedic Surgeons señala que los síntomas de dolor óseo difuso, a menudo diagnosticados erróneamente como fibromialgia, pueden ser resultado de una carencia de vitamina D. Hay que recordar que la vitamina D es esencial para la absorción de calcio, un mineral crítico para la formación de los huesos, y que su carencia reduce la mineralización ósea, causando dolor y debilidad, especialmente en personas mayores. Además, se ha observado que la deficiencia puede contribuir al síndrome de piernas inquietas o dolores musculares sin causa aparente.
La vitamina D ayuda a activar las defensas del sistema inmunológico al potenciar la actividad de las células que combaten infecciones, como los macrófagos. Su deficiencia debilita esta respuesta, lo que aumenta la vulnerabilidad a infecciones respiratorias como el resfriado, gripe e incluso neumonía. En este sentido, un estudio de 2017 publicado en el BMJ encontró que la suplementación con vitamina D reduce el riesgo de infecciones respiratorias agudas, especialmente en personas con niveles severamente bajos .
La vitamina D juega un papel fundamental en la regeneración y reparación celular, lo que facilita la curación de heridas. Su deficiencia puede retrasar la capacidad del cuerpo para sanar cortes, cirugías u otras lesiones, al interferir en el proceso de creación de compuestos clave en la reparación de tejidos, como el colágeno. Según un estudio en Journal of Dental Research, niveles bajos de vitamina D retardan la cicatrización tras procedimientos dentales.
En casos severos de deficiencia de vitamina D, se ha asociado la pérdida de cabello con condiciones como la alopecia areata, una enfermedad autoinmune que ataca los folículos pilosos. Aunque no todos los casos de pérdida de cabello están vinculados a la vitamina D, cuando se produce en combinación con otros síntomas de deficiencia puede ser un factor desencadenante. Un estudio en Dermatology and Therapy encontró que las mujeres con alopecia tenían niveles significativamente más bajos de vitamina D que aquellas sin pérdida de cabello.
La vitamina D juega un papel clave en la regulación del estado de ánimo. Se ha observado que esta vitamina puede influir en la producción de neurotransmisores como la serotonina, que está relacionada con la sensación de bienestar y felicidad. Una deficiencia prolongada puede aumentar el riesgo de depresión, especialmente en personas mayores. Así se ha visto en un estudio publicado en JAMA Psychiatry encontró una relación entre bajos niveles de vitamina D y síntomas depresivos, sugiriendo que la suplementación podría mejorar el estado de ánimo.
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