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NO TE PIERDAS Un polémico debate sobre la manifestación: cuando pedirle al universo requiere poner los pies en la tierra

La actualidad del caso Andic ha puesto sobre la mesa el debate sobre las pseudoterapias y los límites entre el bienestar y las prácticas sin evidencia científica. FOTO: Eugene Lisyuk (Pexels).

Un polémico debate sobre la manifestación

Cuando pedirle al universo requiere poner los pies en la tierra

La generación Z y cantidad de personalidades relevantes lo defienden. Aprendemos a diferenciar los beneficios de la visualización y el peligro de las pseudoterapias.

Por Marita Alonso

31 DE JULIO DE 2026 / 13:28

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Dicen que manifestar lo que se desea es la forma en la que la generación Z aborda la espiritualidad. Pero los más jóvenes no son los únicos; figuras como Oprah Winfrey anuncian sus bondades con convicción. La presentadora define la manifestación no como una ensoñación pasiva, sino como un proceso dinámico de alinear la mentalidad, energía y acciones con una visión más elevada.

Cuando Winfrey entrevistó a Viola Davis, la actriz le explicó que le pidió a Dios exactamente el tipo de hombre que buscaba. Poco después, apareció. Pero Davis no habla en la entrevista sobre la fe y la religión, sino sobre el poder de la manifestación. En realidad, aunque es cierto que el término ‘manifestar’ lleva poco entre nosotros, las leyes de la atracción eran el tema central del libro superventas de 2006, El Secreto.

«El creciente interés de los millennial y de la generación Z en la manifestación podría deberse simplemente a la falta de otras actividades durante la pandemia, o bien a que adoptar esta idea en términos generales resulta beneficioso», asegura la periodista Nana Baah.

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Los expertos alertan

La actualidad del caso Andic ha puesto sobre la mesa el debate sobre las pseudoterapias y los límites entre el bienestar y las prácticas sin evidencia científica. La polémica gira en torno a Julia Lüderwaldt y la presunta terapia psicoanalítica sin respaldo científico que llevaba a cabo sobre el fundador de Mango, Isak Andic —fallecido al precipitarse por un barranco de unos 150 metros de altura en el macizo de Montserrat (Barcelona)— y su hijo mayor, Jonathan Andic, principal sospechoso de la muerte.

Según las últimas declaraciones de una colaboradora de Lüderwaldt, parte de esta práctica sería personarse al borde de un precipicio, como terapia límite para limar asperezas entre ambos. Todo esto ha reavivado las advertencias de los expertos sobre los riesgos de determinadas prácticas.

De evidencia a creencia

«La manifestación no es un concepto científico reconocido como tal dentro de la psicología. Es un término popular que reúne prácticas muy diferentes: imaginar un futuro deseado, escribir objetivos, repetir afirmaciones, crear un vision board que nos ayude a visualizar lo que queremos…», explica Alejandra García Mundi, psicóloga de yees! especializada en apego, trauma, EMDR y riesgos psicosociales.

Algunas de estas prácticas tienen elementos que sí han sido estudiados por la psicología, como la visualización, el establecimiento de objetivos, la motivación, la autoeficacia o la planificación. «Sin embargo, la idea de que nuestros pensamientos, deseos o nuestra energía pueden atraer directamente acontecimientos externos pertenece al terreno de la creencia, no al de la evidencia científica», destaca. Y aquí es donde los expertos quieren poner el foco, en saber distinguir —dentro de estas prácticas híbridas— lo que sí está estudiado de lo que no.

Un ejemplo: si una persona decide cambiar de trabajo y comienza a pensar seriamente en ello, es posible que preste más atención a ofertas laborales, hable con más personas de su sector, actualice su currículum o se atreva a presentarse a procesos que antes ignoraba. «Desde fuera puede parecer que las oportunidades han aparecido y lo ha manifestado, pero probablemente también ha cambiado su manera de observar y actuar», aclara.

La neurociencia puede estudiar procesos como la atención, la anticipación de recompensas, el aprendizaje, la planificación y la representación mental de acciones. Lo que no demuestra es que el cerebro sea capaz de alterar la realidad externa o de atraer acontecimientos concretos. Para que una afirmación sea científica, debe poder definirse, medirse, ponerse a prueba y, en principio, ser refutada si los resultados no la apoyan.

De pensamiento a realidad

Si me preguntáis qué opino de estas cosas, os diré que no creo en ellas. Pero tampoco confío en el contorno de ojos y me lo aplico día y noche. Sin embargo, lo que me parece interesante de la manifestación es que exige tener claros nuestros objetivos, y para poder avanzar en la vida, es esencial saber hacia dónde queremos dirigirnos.

En La neurociencia de la manifestación: O cómo tu cerebro puede crear la realidad que deseas, Sabina Brennan, neurocientífica, psicóloga de la salud y divulgadora, explica que «la manifestación no es un proceso pasivo en el que piensas que tus sueños se harán realidad: requiere acción».

Por su parte, la psicoterapeuta Denise Fournier describe la manifestación en términos pragmáticos como «la práctica de transformar el pensamiento en realidad al visualizar un objetivo; la manifestación, a menudo, implica varios pasos y técnicas que se centran en crear una visión de lo que quieres, fomentando las emociones y creencias positivas».

Según Fournier: «Implica reconocer y aceptar tu situación actual antes de visualizar el futuro que quieres. Esta aceptación forma las bases para hacer cambios positivos después». En este sentido, es importante saber diferenciar la visualización de la ley de atracción.

Visualizar vs. ley de atracción

«La diferencia está en que visualizar puede ayudarte a prepararte mejor, mientras que la ley de la atracción da por hecho que pensar algo hará que ocurra. La primera es una forma de ensayo mental que puede ayudarte a sentirte más preparada. Otra cosa distinta es pensar que, por desearlo mucho o ‘vibrar’ de una determinada manera, el universo va a hacer que todo salga bien», explica la psicóloga García Mundi.

¿Por qué este tipo de prácticas resultan tan atractivas actualmente? Porque responden a necesidades psicológicas muy humanas. «En primer lugar, proporcionan una sensación de control. Cuando vivimos situaciones inciertas como problemas económicos, laborales, sentimentales o de salud, pensar que podemos influir en el resultado mediante nuestra mentalidad reduce el malestar», asegura la psicóloga.

También ofrecen una narrativa sencilla, «si piensas correctamente, atraerás lo que deseas». Es un mensaje más cómodo y atractivo que aceptar que alcanzar una meta depende de esfuerzo, oportunidades, recursos, apoyo social, privilegios, azar y circunstancias externas.

Lo que sí y lo que no

La visualización puede ser útil, pero no cualquier visualización produce los mismos efectos. Imaginar únicamente el resultado final, por ejemplo: verse con el trabajo deseado, con una determinada pareja o alcanzando un éxito, como asegura la experta, «puede generar bienestar momentáneo, pero no necesariamente aumenta el esfuerzo».

Algunas investigaciones, como es el caso de Positive fantasies about idealized futures sap energy, publicado en el Journal of Experimental Social Psychology, han encontrado que fantasear de manera positiva con el éxito, sin considerar los obstáculos, puede asociarse incluso con menor esfuerzo en conseguirlo y peor rendimiento y productividad. Suele ser más útil visualizar el proceso:

  • Qué pasos tendré que seguir.
  • Qué dificultades pueden surgir.
  • Cómo responderé cuando aparezcan.
  • Qué soluciones podré llevar a cabo.
  • Qué conductas concretas realizaré.
  • Qué recursos necesitaré.

«La práctica mental puede ser útil en actividades en las que existe una conducta concreta que puede ensayarse: deporte, interpretación musical, exposiciones orales, cirugía, rehabilitación o preparación para una entrevista», señala. Por ejemplo, una persona puede imaginar paso a paso cómo realizará una presentación, cómo respirará antes de comenzar, dónde hará las pausas y qué responderá si pierde el hilo.

No sustituye al entrenamiento

Un deportista no mejora únicamente imaginando que gana; mejora cuando la práctica mental complementa el entrenamiento físico y técnico. Y aquí las expectativas, la motivación y la autoeficacia tienen un papel fundamental. «Las expectativas influyen en la conducta porque condicionan cuánto esfuerzo realizamos y cómo interpretamos las dificultades. La autoeficacia es la percepción de una persona sobre su capacidad para llevar a cabo las acciones necesarias ante una situación concreta. No significa pensar que todo saldrá bien, sino creer que contamos con recursos para intentarlo, aprender y responder ante los problemas».

Decirse ‘puedo prepararme y aprender’ puede ser útil; decirse ‘sé que va a suceder porque lo he manifestado’ puede impedir valorar riesgos, pedir ayuda o elaborar planes alternativos.

Síndrome del impostor místico

Por descontado, la manifestación tiene un lado oscuro. Hay métodos capaces de incitar comportamientos obsesivos y compulsivos derivados del pensamiento ilusorio. Al invitar a imaginar sueños y metas personales, puede generar expectativas poco realistas y, cómo no, una profunda frustración.

Por su parte, la ley de atracción también influye en nuestra propia autoestima. «Cuando algo sale bien, se interpreta como prueba de que la persona manifestó correctamente. Cuando sale mal, se afirma que dudó, tuvo pensamientos negativos, ‘se bloqueó’ o no vibró suficientemente alto», añade. Dicho de otro modo, cuando sale bien es gracias a ‘otros’, pero cuando sale mal es nuestra culpa.

A esta atribución selectiva se añade, como asegura la experta, la culpa por ponerle fin: «Se genera la idea de que abandonar al terapeuta equivale a sabotear la propia recuperación».

¿Bienestar o pseudoterapia?

La experta recomienda fijarse en varias señales: «En primer lugar, en cómo se presenta. Una práctica responsable explica con claridad para qué puede servir y también cuáles son sus límites. En cambio, una pseudoterapia suele prometer cambios muy profundos, rápidos o válidos para todo el mundo. También es importante revisar qué pruebas aporta. Que muchas personas hablen bien de una técnica, que la recomiende alguien famoso o que acumule seguidores no demuestra que funcione», sentencia.

García Mundi destaca que para hablar de eficacia deberían existir estudios serios, bien diseñados y revisados por profesionales. Otro aspecto fundamental es la formación de quien la aplica. Cuando se trabaja con salud mental, es importante comprobar que la persona cuenta con la titulación, la habilitación sanitaria y la colegiación correspondiente: «También debemos observar cómo responde ante las dudas o las críticas. Una intervención basada en la evidencia puede revisarse y modificarse cuando aparecen nuevos datos. En cambio, una pseudoterapia suele reaccionar diciendo que quien cuestiona la técnica ‘no está preparado’, ‘se resiste’ o tiene una actitud negativa».

Las alarmas deberían saltar si…

  • La persona no acredita una titulación sanitaria adecuada.
  • Utiliza términos clínicos sin explicar su formación.
  • Promete acceder a verdades ocultas sobre la familia o el paciente.
  • Propone experiencias extremas o potencialmente peligrosas.
  • Interviene en decisiones económicas, patrimoniales o familiares que exceden su función.
  • Fomenta enfrentamientos sin evaluar riesgos.
  • Pide obediencia o confianza ciega.
  • Se presenta como la única persona que comprende al paciente.
  • Desaconseja escuchar a familiares o a otros profesionales.
  • Cobra cantidades desproporcionadas sin objetivos terapéuticos claros.
  • No registra, evalúa ni revisa los resultados del tratamiento.
  • Justifica cualquier empeoramiento como una fase necesaria de sanación.
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Apps para manifestar

Ya existen incluso aplicaciones para manifestar. «Manifiesta tus deseos, atrae la abundancia y eleva tu vibración con Visualize: Manifiesta Cualquier Cosa», explican desde la app. «Ya sea que quieras manifestar amor, riqueza, salud o éxito, esta app te ayuda a visualizar tus metas y convertir tus sueños en realidad en tan solo unos minutos de concentración al día», señalan. Lo dudo, mis cielas. Lo dudo.

Una de las figuras de la cultura pop que más defienden la manifestación es Lady Gaga. Antes de alcanzar la fama, una de sus herramientas más poderosas eran las afirmaciones. Creó un lema personal que se repetía a sí misma constantemente: «La música es mi vida. La fama está dentro de mí. Voy a crear un álbum número uno con éxitos número uno».

«Dices una mentira una y otra vez y, de repente, un día, esa mentira se convierte en realidad», aclaró la cantante, que ponía en marcha una reprogramación subconsciente consistente en instaurar una nueva identidad mediante la repetición y el ensayo mental hasta que la mente la acepta como algo real.

Me pregunto si yo, con esta voz que tengo capaz de molestar a los delfines, podría ser número uno si repito esas palabritas… Spoiler: NO. Queridas mías: podemos repetir infinidad de veces que nos van a ascender o que vamos a poder comprarnos una casa, pero fingir que las circunstancias, las clases y los privilegios no existen es peligroso.

Y lo más importante: si existe un problema de salud mental, una enfermedad, riesgo para la integridad, deterioro significativo o sufrimiento mantenido, las herramientas motivacionales no deben sustituir la evaluación y el tratamiento profesional.

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