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Hay que diferenciar si nuestros pensamientos son realmente obsesivos, intrusivos o rumiación./ Imagen: Pexels.

Salud mental

Día de la Salud Mental: Cómo frenar los pensamientos obsesivos y qué hacer cuando algo te preocupa en exceso 

Si tienes un run-run que no te deja disfrutar es momento de identificar si es un pensamiento invasivo, obsesivo o, sencillamente, una rumiación. Sea como fuere, es agotador. Frénalo y gana bienestar.

Por Sara Trueba Rodríguez

10 de octubre de 2023 / 11:20

Dice el psiquiatra Jeffrey Schwartz, investigador estadounidense en el campo de la neuroplasticidad y su aplicación al trastorno obsesivo-compulsivo, que «nuestros pensamientos pueden cambiar nuestro cerebro y, por lo tanto, nuestra manera de pensar». Suele hablarse de esto en positivo, lo que nos motiva para provocar un giro en nuestro comportamiento mental, pero debemos ser consientes de que también puede actuar en negativo: darle demasiadas vueltas a todo, no parar de pensar en los conflictos sin disfrutar de lo que nos rodea, etc. Es decir, hablamos de los pensamientos obsesivos, que nos crean un malestar general.

Según el NIH (National Institute of Mental Health), «las obsesiones pueden manifestarse en forma de pensamientos, imágenes o impulsos, repetidos de manera que generan ansiedad». Hoy, 10 de octubre y Día de la Salud Mental, es el momento perfecto para comenzar a entrenar nuestro cerebro para hacernos más felices, prácticos y menos ansiosos. Aquí te damos todas las claves, aunque no olvides que la clave está en consultar con un especialista.

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Tipos de pensamiento

A nadie le gusta tener un problema y todos, en mayor o menor medida, le damos vueltas a aquello que nos preocupa, pero es necesario diferenciar el tipo de pensamiento que tenemos: invasivo, obsesivo o rumiación. «En muchas ocasiones, erróneamente, se utilizan dichos términos como sinónimos y es importante definirlos», comenta Norma Gallart, psicóloga especialista en trastorno obsesivo del Gabinete Psicològic Mataró. Así, descubrir primero qué tipo de pensamientos tendemos a tener será la primera clave para poner en marcha una solución. Así lo explica la experta:

  • «Un pensamiento invasivo es un pensamiento, idea, imagen o impulso que surge de manera involuntaria y automática. Su contenido suele ser desagradable y molesto, pero en la mayoría de los casos tal como viene, se va».
  • «Cuando un pensamiento invasivo perdura en el tiempo y aumenta en duración, intensidad y frecuencia puede llegar a convertirse en un pensamiento obsesivo llegando a provocar ansiedad, angustia, temor, culpa, vergüenza… de manera significativa».
  • Dar vueltas a algo se conoce como rumiación y consiste en pensar en problemas o situaciones con el objetivo de calmar el malestar, pero en lugar de enfocarnos en las soluciones del problema nos anclamos en las causas y consecuencias. De esta manera entramos en un laberinto sin salida.

Diferentes investigaciones manifiestan que el 80% de las personas sanas han experimentado alguna vez uno de estos tipos de pensamientos. De hecho, estamos de acuerdo en que todos podemos tener en un momento dado un pensamiento invasivo, o incluso obsesivo, pero es importante identificar cuándo está dentro de la normalidad. Es decir, si es ruto de un conflicto, un desencuentro con alguien o un problema de difícil solución, o si, por el contrario, se ha convertido en un rasgo del carácter y un problema que necesita ser tratado.

La psicóloga especialista Norma Gallart pone sobre la mesa el momento en el que se debería prestar atención: «Según diversos estudios científicos, el cerebro humano genera al día más de 60.000 pensamientos y esta cifra puede aumentar, significativamente, cuando intentamos pensar en la búsqueda de soluciones a nuestros problemas. La línea que separa lo “normal” de lo “patológico” puede ser muy fina», comenta. Y añade: «Podríamos decir que se convierte en un problema cuando invertimos mucho tiempo al día en estos pensamientos, duran considerablemente e interfieren en nuestras actividades diarias, pueden, incluso, afectar a la funcionalidad y autonomía de la persona».

Cómo deshacerte de los pensamientos obsesivos

Existen varias maneras de conseguirlo. Algunos expertos hablan de etiquetar el pensamiento, identificarlo como lo que es, un pensamiento obsesivo que no te lleva a ningún lugar bueno. Después, desvincularlo de nosotros e introducir, posteriormente, una nueva conducta a través de pequeños recursos sencillos como la práctica de mindfulness, la realización de actividades placenteras que nos hacen poner el foco en otra cosa o, incluso, obligarnos a apartar de nosotros ese pensamiento por un periodo de tiempo concreto. Algo para lo que ayudan mucho las meditaciones guiadas como las que propone Petit Bambou, una aplicación dedicada a ello.

Así, los viejos hábitos pueden sustituirse por otros más saludables.  De lo contrario, podríamos llegar a lo que en psicología llaman parálisis por análisis, que no es más que el bloqueo posterior que sigue a la sobredosis de pensamientos y que impide actuar y tomar decisiones.

OTROS TEMAS WELIFE

La psicóloga Norma Gallart aporta un gran dato para hacernos ver la inutilidad de entrar en ese bucle: «Perdemos nuestro valioso tiempo, dejamos de disfrutar del momento presente e incluso queda afectada nuestra salud por el esfuerzo y agotamiento que produce». Así ella ofrece varias técnicas que puede aplicarse:

  • Técnica de la preocupación programada: consiste en programarte un momento al día para dar rienda suelta a tus preocupaciones y de esta manera vaciar, conscientemente, el contenido de éstas. «Durante 10-15 minutos la persona escribe a mano sus pensamientos negativos, preocupaciones y malestar.  Al reservar un tiempo para preocuparnos nos ayuda a desarrollar habilidades de afrontamiento, resolución de problemas, toma de decisiones».
  • Canta tus pensamientos: ponle melodía y «observarás cómo estos van perdiendo poder y, con la práctica de la técnica, el nivel de malestar se reduce».
  • Escribe tus pensamientos con la mano no dominante: «al concentrase en escribir con la mano no dominante, la atención no puede enfocarse tanto en el contenido del pensamiento».
  • Repite tu pensamiento a cámara lenta: al repetirlo a una velocidad muy, muy lenta, el contenido del pensamiento pierde su esencia hasta llegar a lo absurdo, dando como resultado la disminución del malestar.

 

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