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Salud mental

Nekane González: «Muchas veces llenamos nuestra agenda para no quedarnos solos con nosotros mismos»

La antropóloga y coach Nekane González asegura que aquello de "tú puedes con todo" es uno más de los mantras limitantes que nos invaden. Descubre su fórmula para fluir entre incertidumbre e inseguridad.

Por Sara Trueba Rodríguez

9 de julio de 2023 / 06:30

Nekane González dice en su libro Palabras a mi mejor amiga (Ed. Aguilar) que la compasión hacia uno mismo es una manta que te abriga en momentos de frío y que se va tejiendo con hilos de paciencia y empatía. Así, la amabilidad con uno mismo y con los demás, la búsqueda de calma (desde el diálogo interior) y dejar la culpa a un lado son algunas claves de su discurso para ayudar a la gente que se acerca a ella. La terapeuta ocupacional en salud mental, antropóloga y coach educativa participará como ponente en el próximo Mercedes-Benz WeLife Tour de Sevilla, toda una oportunidad para tratar con ella sobre estos temas de manera más profunda y enriquecedora.

En Palabras a mi mejor amiga, Nekane tiende la mano en momentos de dificultad, desde la honestidad, con el foco puesto en la cara más amable porque, como ella misma dice en el prólogo, este libro es el abrazo de ese amigo cuando no sabes cómo regresar a ti: «Tiene las palabras que en muchas ocasiones necesitamos que nos ofrezca nuestro mejor amigo, con aceptación y apoyo incondicional», nos cuenta. Además, es una reivindicación de la vulnerabilidad y la ternura a través de las palabras.

Tu libro tiene lecciones universales porque… ¿todos pasamos por los mismos baches, inseguridades, incertidumbres y miedos? 

Cada historia es única y cada persona es un mundo. Pero, aunque existan matices que nos diferencian, hay algo en común que nos hace semejantes y similares: nos atraviesan por dentro sentimientos parecidos. Por esto, el objetivo es poner nombre a esos sentimientos, traducir los subtítulos del corazón y sentir que, aunque algunas situaciones duelan, no nos ocurre solo a nosotros y no estamos solos.

¿Qué le dirías a alguien que pasa hoy por una dificultad que piensa que no va a poder superar? 

Teniendo en cuenta que todas las personas tenemos un mapa vital de cicatrices (y lo inevitable y vital de ellas), le diría una frase que, en su aparente sencillez, contiene un mensaje alentador y muy liberador: Que algo sea «siempre así» no significa que tenga que seguir siéndolo. Aunque quizá ahora no lo veas, es importante recordar que, si en otras ocasiones lo lograste, en esta también lo harás. Y cuando lo haces, vives con la herida cerrada y el corazón abierto. Sin embargo, esta transformación no ocurre de un día para otro.

Ser valiente no surge de la nada: se necesitan varias dosis de realidad, de dolor y de lágrimas para afrontar algunas situaciones, además de mucho cariño, paciencia y comprensión, hacia uno mismo, sobre todo.

Y, al contrario, ¿qué debemos saber (o de qué debemos ser conscientes) cuándo todo va bien? 

Me gusta recordar que todo pasa, tarde o temprano, antes o después. Y para mí es un bonito recordatorio a tener en cuenta que, si bien «lo malo» tiene fecha de caducidad, lo que nos hace felices, también. Por ello, es necesario disfrutar al máximo de las alegrías y tener presente en los momentos bajos que todo tiene su proceso (tropezarse, levantarse, caerse y volverse a levantar).

Es importante normalizar la caída con la misma naturalidad con la que nos levantamos. Al fin y al cabo, si tropiezas es porque estabas caminando. No dejemos de agradecer los momentos en los que nos encontramos mejor y recordar que la vida es similar al dibujo de un electrocardiograma: unas veces arriba, otras abajo, pero siempre en movimiento para sentirnos vivos.

Desde tu experiencia profesional, ¿hoy hablamos más de equilibrio (o de la falta de equilibrio, más bien) porque estamos más necesitados de él o porque se han roto algunos tabúes y estamos más abiertos a expresar lo que nos ocurre? 

Creo que las dificultades en torno a nuestra salud mental, de una forma u otra, siempre han existido, sin embargo, no se les ha prestado atención ni visibilizado. Aún somos autodidactas emocionales, por lo que hemos crecido pensando que tener miedo era de cobardes, escuchando con cierta frecuencia el típico «no llores» o «no te pongas así» y entendiendo que había que «portarse bien» y callarse cuando nos molestaba algo… Lo cierto es que todo lo que calla la boca lo sufre el cuerpo y, tarde o temprano, ese malestar sale a la luz en un ámbito u otro de tu vida. 

Hoy somos más conscientes de esas consecuencias y poco a poco vamos cambiando antiguas creencias respecto a la gestión emocional, la vulnerabilidad y honestidad con uno mismo en momentos de dificultad.

Dices que se trata de «estar lo mejor posible por dentro para cuando las cosas vayan mal ahí́ fuera». ¿Qué pautas diarias recomiendas para conseguirlo? 

Nuestro bienestar personal va de la mano de lo más auténtico que tenemos en nuestro interior: nuestras emociones. Esas brújulas internas nos van orientando hacia aquello que necesitamos para nuestro propio equilibrio. Por ello, escucharnos por dentro con más frecuencia, validar nuestras emociones, darnos aquello que necesitamos y pedir ayudar es algo que deberíamos normalizar en nuestro día a día para fomentar nuestro bienestar emocional. 

¿Cómo se cuida la autoestima cuando la tienes tocada? 

Protegiendo tu interior y tu esencia porque son la parte más auténtica de ti. Eso pasa por tratarte bien, sentirte valioso, valorar tus cualidades, marcar límites, ser bueno contigo, rodearte de personas que te sumen, gestionar tus emociones, descubrir tus talentos, permitirte poder equivocarte, perdonarte, mimarte, ser fiel a tus valores, comprometerte con tu palabra, dedicarte tiempo de calidad, descansar, cuidarte por dentro y por fuera, hacer ejercicio, darte gustazos, agradecer, ir a terapia, expresarte, aceptar tu responsabilidad en aquello que te sucede, asumir retos… 

Hace 20 años el autocuidado era una manera de ser egoísta y la búsqueda interior algo solo para mentes espirituales y elevadas. ¿Qué ha cambiado en la sociedad? 

¿Honestamente? Creo que en este sentido no ha habido mucho cambio. Hoy se sigue tachando de egoísta a una persona que se dedica tiempo o autocuidados, en concreto y con mayor calado emocional, a las mujeres. Seguimos estando expuestas a mensajes impositivos del tipo «quiérete» y, cuando lo hacemos, se nos coloca la etiqueta de egoísta. Considero que esta ambivalencia supone una disonancia cognitiva tan grande en nuestro interior que, en muchas ocasiones, bloquea nuestros pasos hacia un sano equilibrio y un cuidado de nuestra autoestima. Vamos avanzando y poco a poco vamos teniendo referentes. Pero aún queda mucho por hacer.

Y, sobre la búsqueda interior, es un tema al alcance de todas las personas: basta con prestar atención, como su propio nombre indica, a nuestro interior.

Dices que «tú no eres tus pensamientos». ¿Alguna técnica o mantra para calmar el ruido de la mente? 

¿Te imaginas que todo lo que pasara por nuestra mente fuera verdad? Por suerte, no somos exactamente aquello que pensamos, sin embargo, es importante ser cuidadoso con aquello que nos repetimos constantemente en nuestro interior. Al fin y al cabo, las emociones y los pensamientos van de la mano y, casi sin darnos cuenta, generan una realidad u otra en función de las decisiones que tomamos a diario.

A veces, bajar el ruido externo hace que el sonido interior vaya cobrando fuerza, sea más nítido y podamos escucharlo con la calma que requiere. Por ello, resulta útil escribir esos pensamientos dado que, al hacerlo, se produce un acto de separación que nos permite observarlos desde fuera con menor carga emocional.

También aseguras que «desconectar para conectar casi siempre es la clave para encontrar el equilibrio». ¿Cómo convencernos de que pueden salir cosas buenas del hecho de no hacer nada? 

Este es el reto de una sociedad que premia el falso multitasking y que asocia  más con mejor. Tristemente solemos valorar lo bueno de no hacer nada cuando nuestro cuerpo dice «hasta aquí». De ahí que sea insistente con escuchar todas las señales que nuestro interior nos ofrece en el día a día. 

Hacer muchas cosas, en ocasiones, nos da la falsa sensación de productividad y, con ello, de bienestar por sentir que estamos haciendo lo correcto, lo que se espera de mí o lo que da sentido a nuestra vida a nivel personal, laboral o social. Pero muchas veces llenamos nuestra agenda y hacemos muchas actividades para no darle espacio a la soledad elegida y quedarnos a solas con nosotros mismos. No estamos acostumbrados a darnos espacio, sin embargo, mis mejores decisiones han ido de la mano de bajar el ritmo, el volumen y dejar que los pensamientos se asienten para, con claridad, dirigir mis pasos hacia la dirección que vaya más alineada a mi esencia.

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