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Enfadarse es una forma de conectar con otras personas./ Imagen: Separados.

Salud mental

Por qué tienes que enfadarte más para ser feliz y mejorar tus relaciones con los demás

No es lo mismo enfado que ira. El primero es una emoción básica que necesita expresarse y ser escuchado y que puede ser un vehículo de comunicación con el otro y una herramienta para crecer.

Por María Corisco

25 de octubre de 2023 / 17:58

¿Te has parado alguna vez a pensar qué significa para ti estar enfadado? ¿Qué emociones se despiertan en ti en ese momento, cómo lo gestionas o qué detonantes te hacen ir más allá y perder los papeles? Analizar nuestros enfados y las emociones que los acompañan es un primer paso para gestionar esas situaciones que pueden llevarnos a traspasar límites que nos dañan o, por el contrario, servirnos para crecer, expresarnos y sentirnos mejor. Porque el enfado no es malo en sí mismo, y aprender a expresarlo puede ser una herramienta para avanzar.

Antes de continuar, es importante que comprendemos el camino que va desde el enfado a la ira. Es un recorrido que nos propone hacer Sonia Díaz Rois, experta en gestión de la ira y que, como ella misma dice, se dedica a “ayudar a mujeres que están hartas de ir cabreadas por el mundo a que logren estar más tranquilas y menos estresadas”.

Ese camino del enfado a la ira, explica, es similar al que hay de la tristeza a la depresión, de la alegría a la euforia o del miedo al terror. “El enfado es una emoción básica, la ira ya conlleva una carga emocional”. Así, desde esta perspectiva, la emoción básica del enfado es neutra y adaptativa. “El camino para que no se dispare hacia la ira pasa por sentir esta emoción y validarla. Porque, si lo hacemos así, el enfado nos ayuda a adaptarnos a eso que nos fastidia y a no alimentarlas con una emoción”.

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Cómo se pasa del enfado a la ira

“Estamos educados en el «no te….» No te enfades, no te molestes. Y no se nos ha enseñado a gestionar esta emoción -explica la experta-. En nuestra sociedad parece que no está bien visto enfadarse, porque demasiado a menudo lo identificamos con la ira, con la explosión, con los gritos. Cuando, en realidad, el enfado es una emoción de aproximación para conectar con otra persona. El enfado necesita expresarse y ser escuchado. Si no logras hacerte comprender, se puede transformar en ira o en llanto desconsolado”.

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En ese recorrido turbio que va desde el enfado a la ira, la experta marca una fase intermedia: el cabreo. “Identifico el cabreíllo con ese momento en el que empiezas a subir tu tono de voz, se te escapan «los nunca y los siempre», aparece la queja y la acusación, pero no se nos va de las manos ni provoca un daño expreso. Es un momento importante y, si lo identificamos, somos capaces de frenar, de dar un paso atrás y reconducirlo antes que evolucione hacia la ira y ya no haya punto de retorno”.

¿Qué podemos hacer para evitar que el enfado se transforme en ira?

Podríamos decirte que respires hondo o que cuentes hasta diez. Pero, si eres una persona que tiende a la ira, ya te habrás dado cuenta de que no suele funcionar. Díaz Rois ofrece un proceso personalizado de gestión de la ira, y desde su experiencia nos habla de que hay que dar una serie de pasos antes de pensar que al respirar profundamente podremos contenernos.

  1. Conócete cuando te enfades. Párate a pensar en qué momentos y situaciones, con qué personas y ante qué temas te enervas.
  2. Examina tus emociones. Intenta adentrarte en ti mismo para averiguar cómo se relacionan tus emociones entre sí. Para qué sirve tu enfado, cómo llegas al cabreíllo, y dónde está ese punto en que, si te pasas, no hay forma de volver atrás. Empieza a reconocer estos sentimientos, “al reflexionar y activar la conciencia, reconoces la situación y no se dispara tan rápido ese secuestro emocional”.
  3. Analiza cómo te relacionas tú con el entorno y el entorno contigo. Si somos de tendencia iracunda, generamos relaciones iracundas. Y los demás terminan por vernos de esa manera, como personas que discuten desde el grito.
  4. Ahora sí, cuenta y respira. Una vez que has empezado a conocerte en tus enfados, que has examinado emociones y pensamientos, que entiendes cómo son tus relaciones con el entorno, ya puedes emplear estrategias para, ante una situación de riesgo, frenar tus enfados. Cuenta hasta diez o hasta 100, respira hondo, busca alternativas que puedan servir para aplacarte y no dejarte ir más allá. “Al observarnos desde fuera, como si fueras una mosca en la pared, el enfado se va y nos damos cuenta de que la ira no es el camino para nuestros objetivos”, dice la experta.
  5. Trabaja la asertividad. Todos libramos nuestras batallas internas. A la hora de expresar tu enfado, aquello que te molesta, habla desde el respeto y la calma, no acuses ni caigas en la queja, aprende a expresar emociones desde lo que sientes y escucha de manera genuina. Hay también que aceptar que esas expectativas de una discusión calmada puede no salir como deseas porque la otra persona no está a tu mismo nivel.
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