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¿Te has parado a pensar de qué manera los colores influyen en lo que compras? FOTO: Getty.
MENTE
No te das cuenta, pero los colores de los envases pueden modificar tu percepción sobre los alimentos y hacer que pienses que unos son más frescos, atractivos y jugosos que otros.
Por María Corisco
26 DE FEBRERO DE 2025 / 13:30
Piensa en esas mallas de frutas y verduras que encuentras en el supermercado. ¿Alguna vez te has fijado en los colores? Las naranjas suelen venir en mallas rojas; los limones, en amarillas, y las de las cebollas suelen ser blancas o moradas. No es una coincidencia ni una decisión al azar: estos colores, y no otros, se han elegido para realzar visualmente la frescura y la calidad de los alimentos. Es decir, para hacerlos más atractivos a tu vista y que te apetezca comprarlos. Es lo que se conoce como Ilusión de Munker.
Esta ilusión es un fenómeno visual por el que el color percibido de un objeto cambia dependiendo del contexto cromático que lo rodea. Se trata, por tanto, de una ilusión óptica basada en el concepto de asimilación cromática: la percepción del color central se ve alterada por los colores a su alrededor. Y la consecuencia cotidiana de todo esto es que, sin darte cuenta, puedas optar por un alimento y no por otro dependiendo del impacto de esta ilusión.
El de las frutas y verduras es solo un ejemplo de cómo tus decisiones alimentarias pueden estar influidas por factores que se escapan a tu consciencia. Como señala Martín Sanz, experto en marketing alimentario, «este fenómeno no sólo aprovecha la psicología de los colores, sino que juega con nuestra percepción de los alimentos para hacerlos más atractivos. Y no se queda ahí: los supermercados, los restaurantes e incluso los anuncios publicitarios perfeccionan este arte para captar nuestra atención y convencernos de que lo que vemos es simplemente irresistible«.
La ilusión de Munker, explica, «se utiliza en marketing y diseño de productos alimentarios para influir en la percepción de los consumidores, mejorando la apariencia de los productos y potenciando las emociones positivas asociadas a ellos».
El experto también señala otros ejemplos, como el caso de la industria de la comida rápida, «en la que es común el uso de colores como el rojo y el amarillo en la decoración y presentación. El rojo se asocia con la estimulación del apetito y la energía, mientras que el amarillo evoca sensaciones de alegría y felicidad. Esta combinación busca atraer la atención y fomentar el consumo rápido».
Más allá del fenómeno de Munker, explica Martín Sanz, «el color es una herramienta poderosa en el marketing alimentario, capaz de influir en las emociones, percepciones y comportamientos de los consumidores, y su uso estratégico puede potenciar la atractividad y el éxito de un producto en el mercado».
Así se ve en informes como Perspectivas de sabor y color para 2024, desarrollado por Archer Daniels Midland (ADM), una empresa estadounidense de agricultura, donde se apunta que «la tendencia es adoptar colores poco convencionales en la industria alimentaria para atraer a más consumidores y ofrecer nuevas experiencias sensoriales».
En este sentido, la elección de colores en el empaquetado también juega un papel crucial: «Los colores vibrantes y llamativos pueden despertar la curiosidad y disposición a probar nuevos productos, mientras que tonos más suaves o tradicionales pueden brindar una sensación de familiaridad y confianza».
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