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Lo bío suele ser más caro, sí. Pero si compras gran cantidad de alimentos baratos, corres el riesgo de que parte de ellos acaben en la basura. Y eso sí que es caro. Foto: Cottonbro / Pexels

SALUD VS. SOSTENIBILIDAD

Frutas sin pesticidas o cartera en ‘shock’: así se resuelve el dilema del siglo XXI

Quieres comer sin pesticidas, pero tu cartera llora. ¿Salud o saldo? Aquí va la verdad sin filtro para que no te arruines intentando ser bío.

Por Eva Carnero

28 DE AGOSTO DE 2025 / 14:00

Según Vanesa León, nutricionista de Biogran, «la alimentación ecológica permite cubrir necesidades nutricionales con un menor impacto sobre el planeta, lo cual no solo es posible, también es necesario y solidario». Con un argumentario tan convincente, lo natural parece que sería pasarse a la compra ecológica.

Ahora bien, frente a las razones de carácter nutricional, también encontramos algunas otras que nos hacen reticentes a la compra de alimentos ecológicos, como, por ejemplo, el precio. Y es que, existe la creencia de que estos productos son mejores para la salud, pero también se cree que podrían acabar con la economía doméstica de la mayoría.

¿Por qué comprar ecológico?

En cualquier caso, antes de decidir si el gasto es excesivo o no, veamos si la compra merece la pena desde el punto de vista de la salud. En este sentido, Vanesa León defiende las bondades nutricionales de los alimentos ecológicos y su superioridad frente a los convencionales:

  • Evitas la ingesta de aditivos sintéticos, pesticidas o herbicidas inorgánicos, organofosforados, metales pesados, etc. Estas sustancias han mostrado ser potencialmente perjudiciales para la salud. Algunas de ellas además han demostrado que se comportan como disruptores endocrinos, es decir, sustancias químicas que interfieren en el sistema endocrino y el metabolismo. Por eso, en etapas como la niñez, adolescencia, el embarazo o la menopausia, es especialmente relevante el planteamiento de seguir una alimentación ecológica.
  • Reduces el impacto medioambiental. La agricultura ecológica contribuye a promover la salud del suelo, de la planta, del animal, de la persona y del planeta. Como un todo indivisible.
  • Fomentas la biodiversidad de especies. Cuando apuestas por alimentos ecológicos, garantizas que no estás ingiriendo Organismos Modificados Genéticamente (OMG).
  • Promueven una mejor conservación del suelo de cultivo. Suelos más ricos en nutrientes, sin sobreexplotación, producen alimentos con mayor contenido en antioxidantes, sustancias relacionadas con un mejor estado de salud.
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El alimento más caro es el que tiramos

A pesar de las propiedades nutricionales de estos alimentos, la nutricionista reconoce que, en general, su precio es más elevado. Ahora bien, ella misma justifica este gap aduciendo que cuando apostamos por una cesta ecológica, también lo hacemos «por un modelo de producción que protege la biodiversidad, el bienestar animal y apoya a productores comprometidos».

Además, señala algunas claves para contener el gasto y evitar el desperdicio alimentario: «Una buena planificación de la compra de alimentos es clave para ahorrar. Evita las compras compulsivas, y cíñete a las cantidades y alimentos que necesitas. De esta forma ahorrarás dinero y reducirás el desperdicio alimentario».

Y añade: «De forma inconsciente, a veces adquirimos mayor cantidad de lo que necesitamos porque encontramos una oferta, nos ponen los alimentos más de indulgencia delante de los ojos o porque el precio nos parece atractivo y esto puede generar compras menos planificadas y excesivas».

Es más, León considera que «es preferible comprar menor cantidad de alimentos, pero de mejor calidad, ecológicos, nutricionalmente adecuados y de temporada. Si compras gran cantidad de alimentos porque los encuentras más baratos, corres el riesgo de que parte de ellos acaben en la basura. Y ese es el alimento más caro, el que tiramos».

¿Qué dicen las etiquetas?

Una vez nos hemos decidido por la compra de alimentos ecológicos, la cuestión es cómo podemos estar seguros de lo que estamos comprando. ¿En qué deberíamos fijarnos? «El aval de que estás comprando ecológico es el logo europeo distintivo, la Eurohoja o en alimentos más de cercanía, el distintivo ecológico regional, de cada Comunidad Autónoma», apunta la experta.

Sin embargo, «que un alimento cuente con el sello ecológico podría no ser suficiente, desde el punto de vista de la salud», advierte León. «Es importante también que nos fijemos en la lista de ingredientes o los valores nutricionales. ¿Por qué? Sencillo. No es lo mismo unos copos de avena integral ecológicos con un único ingrediente, que unas galletas ecológicas pero elaboradas con harina refinada, azúcar y aceite de girasol refinado. Por muy ecológicos que sean esos ingredientes, no todo vale», asegura. Y agrega: «Solo por el hecho de ser BIO, un alimento no es intrínsecamente saludable».

Sabor y calidad nutricional al mejor precio

Por otro lado, dejando a un lado las etiquetas, la compra de alimentos de temporada también es una excelente manera de llenar la despensa de alimentos frescos y económicos.

«Los animales y las plantas siguen sus propios ciclos de crecimiento y reproducción. Y estos deberían ser respetados. Si dejamos que la naturaleza siga su curso natural, sin presiones y sin ayudas externas (como los pesticidas o herbicidas sintéticos de la agricultura convencional), esta nos ofrecerá alimentos en su punto óptimo de maduración, con un mejor perfil nutricional y organoléptico», explica la dietista-nutricionista quien considera que comer alimentos de temporada «nos permite disfrutar de todo su sabor al tiempo que se ahorra».

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¿Qué comer según la estación del año?

Comer de temporada no solo es más económico, también es más saludable. Sin embargo, estamos totalmente acostumbrados a que haya de todo, todo el año. Y esto puede llevarnos a caer en el error de creer que «tanto la tierra como los mares o los recursos naturales son fuentes inagotables, lo que puede hacer que acabemos pagando a precio de caviar algunos alimentos como las sardinas, el melón o los espárragos. O peor aún que algunas especies acaben amenazadas», advierte León.

Ahora bien, teniendo en cuenta la estacionalidad de los alimentos y los beneficios que tiene para la salud comer los alimentos disponibles en cada momento, tendremos que ajustar la dieta a los alimentos de temporada.

Así, en verano, la experta aconseja escoger alimentos ricos en agua, vitaminas y carotenos: «La naturaleza te ofrece en esta época frutas y verduras frescas que deben ser la base de la alimentación. Según el Ministerio de Agricultura, pesca y alimentación (MAPA) están en su mejor momento, en verano, los siguientes alimentos: albaricoques, ciruelas, melocotón, paraguaya, melón o sandía, pepino, zanahoria, rábano o tomate».

«Los pescados y mariscos (aunque depende de la zona de captura) que se deben consumir en la época de primavera-verano, según diversas guías, son: la merluza, sardinas y boquerones, así como langostinos. En cuanto al atún, aunque su mejor época es entre marzo y junio, aquí la variabilidad es enorme, en función de la especie y la zona de captura».

Si en invierno no apetece sandía, por algo será

Por otro lado, en los meses más fríos necesitamos alimentos más energéticos, más platos de cuchara. Por ello, León recomienda comer legumbres al menos tres veces a la semana y recomienda combinarlas con hortalizas de temporada como el repollo o las coles, el nabo, las espinacas, el apio o la calabaza.

Además, nos recuerda que los cítricos, las uvas, el caqui o el kiwi son interesantes en esta época. En cuanto a los pescados y mariscos, las principales guías del MAPA sugieren que los pescados de otoño-invierno son la dorada (del mediterráneo), el pulpo o el bacalao.

Guiados por el instinto

Más allá de las indicaciones y consejos de la experta, ella misma reconoce que la elección de alimentos y preparaciones ajustadas a la estación de año es algo que ya hacemos, muchas veces, de forma natural, sin pensar en ello.

«Alimentos como el gazpacho, la sandía, los melocotones, la horchata o las ensaladas de todo tipo, responden a un aumento de las necesidades de hidratación del organismo, así como del incremento de antioxidantes para proteger el organismo del exceso de radiación solar y del riesgo de deshidratación. Todo ello unido a que en verano bebemos más agua y alimentos líquidos, porque tu organismo así te lo pide», señala.

Por último, «también notamos que, en época estival, no nos suelen apetecer platos tan contundentes como en invierno (cocido, fabada, guisos fuertes…), pues en épocas de frío —explica la nutricionista— el organismo demanda mayor cantidad de energía para mantener la temperatura corporal. De ahí que en verano busquemos platos más ligeros, menos calóricos».

Tampoco es casualidad que muchas frutas y verduras de temporada veraniega «sean precisamente aquellas que contienen mayor cantidad de agua y de antioxidantes. Y es que la madre naturaleza piensa en todo», concluye.

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