
La inactividad física sí acelera el desgaste de muchas estructuras. Es hora de levantarse del sofá… Foto: Polina Tankilevitch / Pexels
CUERPO
Postura, dolor y envejecimiento: qué dice la ciencia sobre el eterno «ponte recto» de nuestras madres y otros mitos que corren por Instagram
Lo sentimos madres: la espalda no duele por cómo te sientas, sino porque no te levantas. E Instagram exagera: tampoco envejece. La ciencia, al rescate
Por Eva Carnero
27 DE AGOSTO DE 2025 / 07:30
En Instagram circulan mensajes que aseguran que una mala postura no solo te hace parecer más viejo, sino que también acelera el envejecimiento interno. Dicen que reduce la capacidad pulmonar, afecta al diafragma, frena la digestión e incluso la absorción de nutrientes. Suena grave, ¿verdad? Sobre todo con la avalancha de fotos y vídeos que prometen que «enderezar tu vida» lo cambia todo. Y todo esto nos recuerda el eterno consejo de nuestras madres: «¡Ponte recto o te dolerá la espalda!» Pero, ¿qué dice la ciencia realmente sobre el aceleramiento del envejecimiento, o el dolor de espalda por mala postura?
Aunque tener la espalda recta y el cuello erguido mejora la imagen —que ya es mucho—, los expertos insisten en que la postura, por sí sola, no envejece tu cuerpo ni causa enfermedades graves. Lo que sí acelera el desgaste es, sobre todo, la inactividad física. Así de simple. En resumen: no te salvará la pose perfecta, sino levantarte del sofá aunque sea para ir a por el mando a distancia.
¿Qué es una postura correcta y qué efectos reales tiene?
Espalda recta, cuello erguido y barbilla ligeramente levantada. Así podría definirse, a grandes rasgos, una postura correcta. Pero, ¿más allá de la estética, afecta realmente a nuestra salud o a la velocidad a la que envejecemos? Algunos lo dicen, pero la evidencia científica no lo confirma.
El doctor Francisco M. Kovacs, director de la Unidad de Espalda Kovacs, Hospital HLA Universitario Moncloa (Madrid), explica que «la postura es más un reflejo de la salud que una causa de enfermedad». Es decir, si tu cuerpo no está bien, se notará en cómo te sostienes. Pero la postura en sí no provoca dolor de espalda ni patologías graves.
Para mantener una buena postura, querer no es suficiente
Kovacs añade que «para mantener un buen porte, el sistema nervioso debe ajustar constantemente la tensión de los músculos que mantienen el equilibrio. Además, la musculatura debe ser potente y resistente para sostener esa fuerza». Algunas enfermedades alteran este control neurológico, y si los músculos están débiles o enfermos, no pueden mantener la tensión necesaria. En esos casos, es imposible sostener una buena postura por mucho tiempo y es entonces cuando se provoca el dolor de espalda.
«No basta con concentrarse en mantener la postura, porque esa intención dura solo unos segundos antes de que aparezca la fatiga muscular. Es mejor hacer ejercicio para fortalecer y resistir con los músculos, que ellos mantengan la postura de forma automática».
Las malas posturas y sus consecuencias, matizadas
No es correcto decir que las malas posturas causen enfermedades o deterioro grave. Pero sí tienen efectos. «Adoptar una postura incorrecta puede sobrecargar los músculos y causar dolor. Si la postura es muy extrema y prolongada, puede comprimir estructuras y generar síntomas, generalmente leves y temporales», aclara el doctor.
Además, algunas afecciones como escoliosis, hipercifosis o hiperlordosis cambian la forma de la columna y generan curvas más o menos pronunciadas. Pero en la mayoría de los casos, solo son variaciones normales que no duelen ni son enfermedades. Solo en casos extremos puede afectar la expansión pulmonar o la eficiencia del corazón. Esos casos no se deben a la postura, sino a deformaciones estructurales graves.


La mala postura y el dolor de espalda: una relación poco clara
La mayoría de estudios no encuentra una relación directa entre la forma de la columna y el dolor de espalda. Más bien, el problema es la falta de movimiento, no la postura en sí.
El doctor distingue entre la postura anatómicamente perfecta y la funcionalmente correcta. La primera es simétrica y cumple ciertos ángulos medidos en la columna. Pero eso no impide que duela la espalda, ni que las posturas imperfectas causen enfermedad.
La postura funcionalmente correcta facilita el control postural y el equilibrio, tanto al estar de pie como en movimiento. Permite que el cuerpo se mueva libre y rápido. Para lograrlo, los músculos antagonistas deben trabajar coordinados, manteniendo la columna estable y equilibrada. Eso suele implicar mantener la espalda vertical, el cuello erguido y la barbilla levantada.
Más peligroso que una mala postura: la inmovilidad
El error más común, según Kovacs, es no tener la fuerza y resistencia muscular necesarias para hacer bien el trabajo. O no hacer la mínima actividad física para entrenar esos músculos.
En segundo lugar, está la falta de movimiento. «Para mantener la espalda sana, la musculatura fuerte y los huesos sólidos, y para que funcionen bien otros sistemas como el cardiovascular, digestivo o el equilibrio, es fundamental moverse tanto como se pueda», advierte. Por otro lado, «la vida moderna introduce vicios posturales, como el abuso de pantallas, que reduce la actividad física, o ciertas modas en el calzado», añade.
¿Puede la postura frenar o acelerar el envejecimiento?
La relación entre mala postura y dolor de espalda (y algunas otras enfermedades) es muy débil y limitada. Tampoco parece que la postura acelere el envejecimiento del cuerpo. Aunque se sospecha que estar sentado mucho tiempo, sin hacer ejercicio para fortalecer los músculos, puede acelerar el desgaste de los discos intervertebrales, los estudios científicos no lo han demostrado. Por eso, si esa sospecha fuera cierta, su impacto práctico sería mínimo.
Si no es la postura, ¿dónde está la clave?
Lo que sí está claro es que la inactividad física acelera el envejecimiento de muchas partes del cuerpo. También está asociada a enfermedades y a que estas progresen más rápido.
Por eso, la mejor forma de retrasar el envejecimiento es moverse. Kovacs explica que «las pruebas científicas muestran que la actividad física mantiene la salud, frena el envejecimiento y reduce las consecuencias de muchas enfermedades. Además, fortalece la musculatura, mejora la postura, pero lo importante no es la postura, sino el ejercicio».
La mala postura sí influye en tu estado de ánimo
Más allá de la salud física, la postura también puede afectar la salud mental. Los estudios sugieren que la relación es bidireccional. «Probablemente está mediada por la contractura muscular, el dolor y las estructuras nerviosas que lo perciben», señala Kovacs.
El doctor explica: «La tensión mental, los problemas de sueño y, sobre todo, la ansiedad, facilitan las contracturas musculares. Estas causan dolor y aumentan la sensibilidad al dolor. Por otro lado, mantener posturas forzadas por mucho tiempo puede sobrecargar los músculos y causar dolor. Si ese dolor reduce la capacidad para funcionar o se vuelve crónico, puede favorecer la ansiedad o la depresión».
No te obsesiones con la pose: muévete y sigue viviendo
Al final, la postura no es la gran villana ni la heroína de tu salud. No se trata de posar como en un anuncio ni de obsesionarte con el “espalda recta y barbilla arriba”. La clave está en moverte, en no quedarte clavado en el sofá mirando el móvil como si fuera un imán. Porque más que la pose perfecta, lo que de verdad rejuvenece —y de paso mejora la espalda y el ánimo— es levantarte y seguir adelante. Así que ya sabes: no te quedes ahí parado, que la vida pasa y el mando no se va a buscar solo.
- TEMAS
- LONGEVIDAD
- VIDA SALUDABLE
WeLife hoy
Entrenar sin perezaCereal sorgoMelatonina o valerianaMitocondriasObesidad o sedentarismoSiguenos :)