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NO TE PIERDAS Ultraprocesados, dulces de verano y un bañador mojado: el trío que dispara las infecciones vaginales

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Personas disfrutando de una piscina con flotadores de comida, una metáfora visual de cómo en vacaciones podemos comer peor pero sentirnos menos hinchados

Helados, donuts y otras concesiones del verano no son precisamente aliados de una digestión perfecta... Y, aun así, hay cuerpos que se sienten más ligeros cuando por fin bajan el ritmo. Foto: Kindelmedia / Pexels

Hay gases que vienen con el trabajo

La hinchazón que no se cura con una infusión, sino con un «fuera de la oficina»

Aunque en verano comas peor, la digestión protesta menos. Hay una explicación fisiológica detrás de esa aparente contradicción: tu intestino también cambia de humor

Por Paka Díaz

17 DE AGOSTO DE 2026 / 07:30

Hay gente afortunada que pierde peso en verano. Dicen que tienen menos hambre, que se mueven más… Pero para otros mortales resulta que el verano les hace sentir como un globo. Más gases, más pesadez y más hinchazónY aunque trates de comer menos, parece que no resulta. ¿Qué está pasando? Según los expertos, la razón puede ser que en realidad no estás descansando lo que deberías en tus vacaciones.

Y no desconectar ayuda a que el cortisol haga de las suyas.

"El estrés tiene un impacto mucho mayor en la digestión de lo que solemos imaginar", apunta Laura Salud, farmacéutica y nutricionista. "Cuando estamos sometidos a prisas, preocupaciones o una carga mental constante, el organismo prioriza otras funciones y la digestión pasa a un segundo plano", explica. Esta ralentización del proceso digestivo favorece una fermentación larga y penosa de los alimentos en el intestino. Y empiezan los problemas.

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El estrés inflama

Quizá te suene esta escena. Vas tan mal de tiempo que decides comer frente al ordenador. Incluso respondes mensajes mientras masticas y terminas sin saber muy bien qué has ingerido. Horas después, la hinchazón aparece sin hacer ruido. En cambio, en vacaciones el contexto cambia, siempre que no te cargues de obligaciones. Por un lado, comes con más tranquilidad. Además, dedicas más tiempo a descansar y, si todo va bien, desconectas del trabajo.

"En vacaciones solemos dormir mejor, comer más despacio, tener horarios menos exigentes y dedicar más tiempo al descanso. Todo esto ayuda a que el sistema digestivo funcione de forma más eficiente", comenta Salud.

La magia real de desconectar

Además, la experta señala que hay otro punto muy importante. Se trata de cómo la calma mejora la relación del eje intestino-cerebro. Ese canal de comunicación bidireccional convierte las preocupaciones laborales en un nudo en el estómago.

"El intestino y el cerebro están en comunicación constante", explica Salud. "En personas con intestino irritable, el estrés o la hipervigilancia sobre los síntomas pueden aumentar la sensibilidad digestiva. También se altera la composición de la microbiota lo que, a su vez, va a empeorar las digestiones". Puede acarrear un enlentecimiento del tránsito intestinal que acaba en estreñimiento, o una disbiosis en la microbiota. Si una determinada cepa de bacterias crece de forma descontrolada y empieza a colonizar el intestino delgado, "allí van a hacer tareas de bacterias, es decir, fermentar los alimentos. Solo que el intestino delgado no es su lugar. Y ahí empiezan las molestias y los gases", señalaba Boticaria García en un reciente evento sobre microbiota y salud digestiva organizado por Activia.

Durante las vacaciones, "al reducirse la presión diaria, se reduce también el estrés. Por eso muchas personas experimentan una disminución de los síntomas incluso con el Síndrome del Intestino Irritable".

Sin venirse arriba

Ahora bien, la experta advierte que tampoco conviene romantizar el descontrol veraniego. "Un entorno relajado puede mejorar notablemente la digestión", matiza Salud, "pero no anula completamente el efecto de una alimentación desequilibrada".

Una de las pistas más claras de cómo nos influye el relax es "notar que los síntomas mejoran durante fines de semana o vacaciones, aunque la alimentación no cambie demasiado", explica la nutricionista. También apunta que "es frecuente que la hinchazón aparezca al final del día o en épocas de mayor estrés". Sin embargo, hay que seguir cuidando de la alimentación también en verano porque, recuerda, se trata de una compensación parcial: comes peor en un contexto fisiológico más favorable. Pero todo tiene sus límites.

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Desconexión todo el año

La buena noticia es que no hace falta esperar a agosto para replicar el efecto desinflamatorio de las vacaciones en nuestro organismo. Algunas estrategias que propone la experta son muy simples. Por ejemplo, comer sentado, sin pantallas y masticar despacio, unas veinte veces cada bocado. Además, anima a caminar un poco después de comer. O, en general, recordarle al cuerpo que no está huyendo de un depredador.

"Conviene recuperar hábitos sencillos", resume Salud. "Respetar los momentos de descanso, realizar una actividad física regular y dedicar unos minutos al día a actividades que reduzcan el estrés". Se trata de hábitos que se pueden incorporar, incluso con el estrés crónico que solemos cargar. No es que en vacaciones tu cuerpo funcione mejor, sino que, al fin, dejas de boicotear tu propio bienestar.

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