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Una tostada con aguacate y huevo es una buena opción para desayunar. FOTO: Pexels.
CUERPO
Si supieras las respuestas metabólicas que se producen en tu cuerpo cuando a primera hora te comes un bollo, probablemente optarías por elegir una opción más saludable y energética.
Por María Corisco
3 DE MARZO DE 2025 / 07:30
Tú no te das cuenta, pero un gesto tan sencillo y cotidiano como el de desayunar un bollo, una tostada con mantequilla y mermelada o, en general, algo dulce, puede ser la clave de que después, a lo largo del día, tengas picos de hambre o bajones de energía. Ese chute de azúcar a primera hora es tentador y apetecible, pero va a desencadenar en tu cuerpo una serie de respuestas metabólicas que pueden afectar a tu bienestar, actividad e, incluso, provocarte el antojo de querer aún más dulce.
La clave está en la glucosa, y así lo explica Jessie Inchauspé, conocida como la diosa de la glucosa. Esta bioquímica, autora de varios superventas, entre ellos La revolución de la glucosa, defiende que "un desayuno alto en carbohidratos y azúcares (como pan dulce, cereales, zumos o bollería) provoca un pico de glucosa seguido de una caída brusca, lo que genera fatiga, hambre intensa y antojos más tarde".
Para evitar este pico, Inchauspé sugiere "desayunos ricos en proteínas, grasas saludables y fibra, como huevos, aguacate, frutos secos o yogur natural con semillas, para mantener el azúcar en sangre estable y evitar la montaña rusa de energía y hambre durante el día, así como para mejorar la concentración, el estado de ánimo y la saciedad".
Cuando desayunas un bollo o algo dulce como primera comida del día, tu cuerpo experimenta una serie de respuestas metabólicas que pueden afectar tu energía, hambre y bienestar a lo largo del día:
Por lo tanto, en lugar de desayunar algo dulce y ultraprocesado, la propuesta es un desayuno que incluya proteínas, grasas saludables y fibra (como huevos, aguacate, frutos secos o yogur natural con semillas), lo que ayuda a mantener la glucosa estable y a sentir saciedad por más tiempo.
Esta sensación de saciedad también puede ser favorable en las dietas de control de peso. Así, por ejemplo, un estudio en adolescentes con sobrepeso publicado en Obesity (2013) mostró que un desayuno rico en proteínas (como huevos y carne magra) reducía los antojos y la ingesta calórica en el resto del día, en comparación con un desayuno alto en cereales y pan. La proteína en el desayuno también ha sido vinculada con una mayor saciedad y una mejor regulación del apetito a lo largo del día.