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Perimenopausia: adopta un nuevo estilo de vida para prevenir la pérdida de la acción protectora de los estrógenos

Álvaro Ruiz Zambrana

Álvaro Ruiz Zambrana

Responsable del área de Obstetricia de Clínica Universidad de Navarra.

Antes de que la mujer deje de menstruar, hay un periodo de tiempo variable que anticipa que el periodo fértil se agota. Es la perimenopausia. Para afrontarla hay dos claves: ejercicio y alimentación.

15 de diciembre de 2023 / 12:13

Las mujeres llegan al mundo con una cantidad predeterminada de óvulos, una reserva que disminuirá progresivamente a lo largo de los años, sin posibilidad de renovación. Este descenso continuo está influenciado por diversos factores y se refleja en lo que conocemos como reserva ovárica. Cuando esta despensa natural se agota, los ovarios dejan de producir estrógenos, marcando el comienzo de la menopausia, que generalmente ocurre entre los 45 y los 55 años. Alrededor de cinco años antes, se inicia la perimenopausia, una etapa previa caracterizada por una serie de alteraciones que nos señalan la proximidad de la menopausia.

Al comienzo de cada ciclo menstrual, en el ovario crece una cohorte de folículos que alberga óvulos inmaduros. Mensualmente, se selecciona el óvulo con mayor capacidad de respuesta a las señales hormonales que envía el cerebro para ovular, mientras que los demás folículos reciben estímulos para desaparecer. Este óvulo en crecimiento produce estrógenos, una hormona con receptores en todo el organismo, afectando a todos los sistemas y células.

Con el tiempo, la calidad de estos óvulos que van quedando es menor. Una señal temprana de la perimenopausia es una respuesta hormonal precoz del cerebro, que tiene que aumentar el nivel de la señal que emite para tratar de estimular esos óvulos que quedan. Una vez alcanzada la menopausia, los óvulos carecen de la capacidad para crecer o responder a las señales hormonales cerebrales.

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La perimenopausia es ese proceso previo que se caracteriza por una disminución en la cantidad y la calidad de los óvulos, manifestándose en algunos trastornos que experimenta la mujer debido a la menor capacidad ovárica para cumplir su función hormonal.

Señales que alertan de los cambios que se avecinan

En la fase previa a la menopausia, la disminución de los niveles de estrógenos desencadena manifestaciones significativas en la salud ósea, cardiovascular y del sistema urinario de la mujer. Este proceso también se asocia a alteraciones metabólicas (incremento de colesterol y otros lípidos), aumento de peso y sofocos.

Los sofocos, en ocasiones manifestados como sudores nocturnos, destacan como uno de los síntomas predominantes y generan incomodidad en diversas situaciones cotidianas. Según una investigación de la revista Obstetrics and Gynecology, los sofocos afectan aproximadamente al 80% de las mujeres al entrar en la menopausia y se prolongan una media de 10 años.

Durante esta etapa, la mujer puede sufrir también insomnio, falta de concentración o un empeoramiento de la salud de la piel y el pelo. A medida que se acerca la menopausia, surgen problemas adicionales de tipo cardiovascular, molestias vaginales, falta de concentración o de memoria, dolores articulares u osteoporosis.

Los estrógenos son un factor protector para la osteoporosis. La pérdida de masa ósea se produce en parte por la descalcificación que sufren los huesos y, en el caso de las mujeres menopáusicas, se verá intensificada por la pérdida de la acción protectora que las hormonas femeninas ejercen sobre ellos. Además, también desempeñan un papel crucial en el sistema nervioso central, influyendo en la sensación psicológica de bienestar.

Este período conlleva una leve inestabilidad emocional, a veces intensificada cuando se es consciente de la pérdida de la capacidad reproductiva y de otras capacidades y calidad de vida en general. En el ciclo normal, suele haber uno o dos días emocionalmente más bajos. Pero en la perimenopausia esos periodos a veces son más largos. En esta época es más fácil que aparezcan trastornos de ansiedad o de depresión.

Aunque la perimenopausia es una fase común en la vida de todas las mujeres, algunas personas apenas lo notan más allá de alguna alteración en el periodo. Si falla el óvulo y un mes no se ovula, se va a descompensar la regla. En este periodo es muy típico que haya más tendencia al sangrado fuerte y abundante por ciclos que no funcionan bien, o incluso que se retrase la regla, llegando a faltar por períodos de dos o más meses: son los ciclos anovulatorios.

Cambios en el estilo de vida para mejorar la perimenopausia

Durante este tiempo es crucial tener en cuenta las necesidades nutricionales y mantener una rutina de ejercicio físico regular que ayuden a superar los cambios que traerá la menopausia. Afrontar estos retos con una actitud proactiva puede marcar la diferencia en la transición hacia esta nueva etapa de la vida.

La pérdida de la acción protectora de los estrógenos durante la perimenopausia puede abordarse de manera efectiva mediante cambios en el estilo de vida. Las recomendaciones esenciales más prácticas recomendadas por los especialistas son las siguientes:

1. Apuesta por una alimentación saludable

La base para enfrentar la perimenopausia es una dieta equilibrada y variada. Reducir la ingesta de calorías es interesante, ya que los estrógenos ayudan a quemar grasa. En algunos casos, se sugiere disminuir los carbohidratos, no solo para reducir el riesgo cardiovascular, sino también el metabólico, como la posibilidad de desarrollar diabetes.

2. Evita los hábitos tóxicos

El tabaco, el alcohol y otros productos tóxicos están vinculados a trastornos en esta etapa y al deterioro hepático, de ahí que eliminar su consumo contribuya a mejorar la salud general durante la perimenopausia.

3. Realiza ejercicio físico de forma regular

Se recomienda realizar 45 minutos diarios de ejercicio, preferiblemente caminatas. El paseo favorece la remodelación ósea y tiene beneficios cardiosaludables. Aunque caminar distancias cortas es positivo, se necesita un ejercicio más continuado para activar el cuerpo metabólicamente. Cualquier tipo de ejercicio aeróbico resulta beneficioso.

4. Vigila los niveles de vitamina D

La exposición al sol proporciona vitamina D, esencial para la salud ósea. Salir a caminar al aire libre con protección solar bloquea el efecto de los rayos en la piel, lo que impide la fijación de la vitamina D. Se puede dar un paseo de 15 minutos sin protección solar a primera hora de la mañana o a última de la tarde, evitando los momentos centrales del día, especialmente en verano.

5. Si es necesario, recurre a un tratamiento dirigido

En algunos casos, los cambios en el estilo de vida no son suficientes y se recurre a suplementos polivitamínicos o, de forma aislada, a ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6 para ayudar al control de los ciclos, al favorecer el mecanismo de transmisión de señales intracelulares.

Ante problemas como sangrados abundantes u otros trastornos severos del ciclo, que puedan tener consecuencias sobre el organismo (como anemia) o la calidad de vida en esta etapa, los tratamientos hormonales permiten corregir esas alteraciones del ciclo y mantener una buena protección cardiovascular y ósea.

En situaciones de ansiedad o depresión, se puede comenzar a complementar con algunos suplementos de vitaminas específicos y, si fuera necesario, recurrir a tratamientos antidepresivos o ansiolíticos para contrarrestar los estados de ánimo bajos debido a la disminución de estrógenos, siempre con la recomendación médica oportuna.

La calidad de la atención en consulta requiere que los especialistas sean capaces de explicar a las pacientes los cambios que experimenta durante esta etapa, proporcionándoles las herramientas necesarias para afrontar y controlar los síntomas de manera informada y preparada.

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¿Es perimenopausia o embarazo?

Es común que una mujer que experimenta trastornos menstruales durante la perimenopausia se pregunte si podría estar embarazada, al no presentar el periodo menstrual habitual. Sin embargo, la realidad es que, por encima de los 43 o 45 años, la posibilidad de embarazo es muy baja, y siempre hay que pensar en la posibilidad de que se trate de un trastorno hormonal relacionado con la perimenopausia.

La fertilidad experimenta un declive natural con la edad. A los 35 años, comienza a disminuir ligeramente. A los 38-40, este descenso se hace más evidente y, a partir de los 40-42, cae bruscamente. La calidad de los ovocitos se ve afectada y eso aumenta la probabilidad de alteraciones genéticas en los hijos, manifestándose como un mayor riesgo de malformaciones y abortos precoces. Durante la perimenopausia, si una mujer queda embarazada, es más probable que sufra un aborto.

En este sentido, es importante que las mujeres comprendan la relación entre la perimenopausia y la disminución de la fertilidad para evitar confusiones. Aunque es bueno siempre consultar al médico, las irregularidades menstruales son comunes en esta etapa y la posibilidad de embarazo después de cierta edad, y una vez empiezan a observarse estos trastornos, es muy baja.

Álvaro Ruiz Zambrana Especialista en Ginecología y Obstetricia, Endocrinología Ginecológica y Fertilidad, el doctor Ruiz Zambrana es responsable del área de Obstetricia en la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra.

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