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Prácticas como el yoga o la meditación están en el punto de mira. / Foto: Freepik.

CUERPO

Analizamos la campaña del Gobierno contra las pseudoterapias y explicamos toda la confusión que ha generado

La publicación de nuevos informes en los que se evalúa la evidencia científica de las llamadas terapias alternativas ha sembrado la duda acerca de a qué se puede llamar pseudoterapia.

Por María Corisco

17 de abril de 2024 / 17:00

¿Son pseudoterapias la meditación, el yoga, el taichí o el mindfulness? A juicio del Ministerio de Sanidad, parece que sí, pues se trata de prácticas que no cuentan con el soporte de una evidencia científica suficientemente sólida. Al mismo tiempo, los informes en que se sustenta esta conclusión también reconocen que pueden ofrecer beneficios en determinadas circunstancias y condiciones de salud. ¿Cómo se explica esta aparente paradoja?

Para entenderlo, hay que remontarse unos años atrás. La batalla del Ministerio de Sanidad contra estas prácticas comenzó en 2018, cuando publicó su Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias, en el que comenzaba describiendo pseudoterapia como “la sustancia, producto, actividad o servicio con pretendida finalidad sanitaria que no tenga soporte en el conocimiento científico ni evidencia científica que avale su eficacia y seguridad”. A partir de ahí, el Plan se proponía revisar la evidencia científica existente de 138 prácticas englobadas dentro de lo que se conoce como “terapias alternativas”.

La primera criba

Hubo una primera criba: de las 138 técnicas utilizadas, 72 fueron de inmediato clasificadas como pseudoterapias porque no se había podido identificar para ellas ningún estudio científico en la base de datos PubMed (de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos). Entre ellas, por ejemplo, la hidroterapia del colon, la hipnosis ericksoniana, la iridología, el feng shui o la medicina ortomolecular. Las 66 restantes sí tenían algún tipo de respaldo en publicaciones científicas, pero se trataba de evaluar con rigor la solidez de esta evidencia. Y, a partir de ahí, comenzaron estas evaluaciones.

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Las primeras prácticas que suspendieron el examen fueron la magnetoterapia estática, la dieta macrobiótica, el masaje tailandés y la sanación espiritual activa. Ninguna de ellas, según los respectivos informes, “demostraron tener soporte en el conocimiento científico ni evidencia científica que avale su eficacia y seguridad y, por tanto, no se recomienda su utilización con finalidad sanitaria”.

Eso sucedía en 2019 y, desde entonces, la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud ha hecho revisiones de la literatura científica del resto de las prácticas (entre ellas, la meditación, el método Pilates o el yoga). Ahora, Sanidad ha dado a conocer ocho nuevas evaluaciones: la vacuoterapia, el taichí, la luminoterapia, la respiración consciente, el chi-kung/qigong, el zerobalancing, la aromaterapia y las técnicas de relajación basadas en la inducción de sensaciones corporales. Todos los informes se pueden leer en la página de #ConNprueba

De todas ellas, la vacuoterapia es la única sobre la que se alerta acerca de sus riesgos: “La terapia con ventosas no se puede considerar una terapia segura debido a los riesgos inherentes por la aplicación de la técnica sobre el cuerpo humano, mayoritariamente en la vacuoterapia húmeda”. Sobre el resto, en general se equipara su efecto al del placebo o se liga sus posibles beneficios a la práctica de la actividad física.

Por qué se consideran pseudoterapias

Este es el contexto. Pero la publicación de los distintos informes, o, más exactamente, los titulares a los que ha dado lugar, ha sido motivo de controversia. Sobre todo, porque sugieren que la inclusión por parte de Sanidad de prácticas como el taichí, el pilates, el mindfulness, el yoga o la meditación en el grupo de pseudoterapias implica que se las considere inútiles o, directamente, fraudes.

“Hay que entender bien el fondo del asunto”, explica el doctor Miguel Martín, médico de familia que se define como “escéptico por naturaleza y por vocación científica”. En su opinión, esta tarea del ministerio “es esencial, porque debe velar por la salud y seguridad de los ciudadanos, y alertarles de los riesgos que pueden correr al confiar en el poder de supuestas terapias para curar según qué dolencias”.

El objetivo, continúa, “no es decir que hacer pilates es malo, o que la meditación o el yoga no sirven para nada. Si se leen con atención los informes, lo que se está diciendo es que no tienen detrás una evidencia científica que corrobore su utilidad con fines sanitarios”.

Así, en el informe del taichí, por ejemplo, se puede leer que “de forma general, podemos concluir que el taichí como actividad física realizada en diversas patologías, sobre todo las del área osteomuscular, resulta beneficioso respecto al bienestar percibido y a diversas funciones como la reducción del dolor”.

En el del yoga, la revisión se ha hecho sobre sus efectos en determinados contextos de enfermedad, como el asma, el dolor lumbar cónico, en rehabilitación tras un ictus, en el asma o en la esclerosis múltiple, entre otros. Y concluyen que, debido a las limitaciones en la calidad de las revisiones y la escasez de estudio, “no permiten ofrecer conclusiones fiables sobre la eficacia y seguridad del uso del yoga como intervención terapéutica o rehabilitadora en estas condiciones clínicas”.

“Todo este lenguaje, lejos de ayudar al ciudadano, solo incita a la confusión”, advierte por su parte el doctor Francisco Vázquez, especialista en geriatría, que ha recomendado durante años a sus pacientes la práctica de algunas de estas técnicas.

“La evidencia científica está muy bien, pero hay que tener en cuenta que no encontrar ese grado de evidencia que busca el ministerio no tiene por qué desautorizar una práctica determinada. Y, de hecho, ciñéndonos a la letra, lo que se dice es que en estos informes “no se valora su utilización para finalidades no sanitarias”. Pero el titular que dan los propios ministerios de Sanidad y de Ciencia es que “realizan nuevos informes para combatir las pseudoterapias”. Y, con ello, se transmite la sensación de que se mete en el mismo saco a prácticas como el yoga, pilates o meditación que otras inspiradas en lo esotérico o en lo paranormal”.

Por eso es interesante ir al contenido de los informes. En el de meditación, por ejemplo, se señala que “los resultados de la meditación basada en mantras indican que este tipo de meditación podría producir un efecto beneficioso sobre los niveles de ansiedad, depresión, estrés general y postraumático y calidad de vida relacionada con la salud. Sin embargo, no está clara la relevancia clínica de los efectos obtenidos”.

“No hay engaño por parte del ministerio, se está simplificando el mensaje”, opina el doctor Martín. “Está perfectamente descrito el para qué puede o no servir una de estas prácticas desde el punto de vista de la evidencia científica. Y es importante recordar otro de los objetivos de esta campaña: evitar que personas con dolencias tan graves como el cáncer, por ejemplo, abandonen sus tratamientos y se dejen llevar por la supuesta magia terapéutica de prácticas que no han mostrado utilidad alguna”.

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