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Kristen Bell y Adam Brody en Nadie quiere esto. FOTO: Netflix.
MENTE
Una mirada basta: esa persona, y no otra, es tu auténtica media naranja. Estás bajo el influjo de Cupido y sientes el amor a primera vista. Pero, ¿existe o es una idealización?
Por María Corisco
21 DE OCTUBRE DE 2024 / 14:28
Infinidad de poemas, novelas y películas han tratado el tema: chico y chica se conocen y, de inmediato, sienten una irresistible conexión que va más allá de la atracción física. Una comunión entre ambos que les impulsa a pensar que están ante la persona soñada. Han sentido el flechazo de Cupido, han sucumbido al amor a primera vista.
Se puede pensar que es tan solo un argumento romántico, pero las encuestas muestran que muchas personas reconocen creer en que existe este tipo de amor, y no son pocas las que aseguran haberlo sentido. Por ejemplo, en un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Groningen en los Países Bajos, se encuestó a más de 400 personas y aproximadamente un tercio de ellos afirmaron haber experimentado amor a primera vista, aunque el estudio concluyó que lo que se sentía era más una intensa atracción física que amor profundo.
Asimismo, una encuesta realizada por Gallup descubrió que el 52% de los estadounidenses cree en el amor a primera vista, y el 56% afirma haberlo experimentado personalmente. Y la plataforma de citas EliteSingles encuestó a más de 2.000 personas en varios países sobre sus creencias en el amor a primera vista. Más de 61% de los encuestados afirmó haber experimentado el amor a primera vista en algún momento de su vida.
Estos ejemplos ilustran la popularidad de ese tipo de amor. Ahora bien, ¿qué dice la ciencia al respecto? ¿Es un sentimiento real, o más bien una intensa atracción? “El tema del amor a primera vista ha sido un punto de interés tanto en la psicología como en la neurociencia, ya que desafía la idea de que el amor romántico debe desarrollarse lentamente”, explica la psicóloga Esther Cantos, que detalla los hallazgos de las investigaciones
Las investigaciones en este campo “muestran que las personas tienden a formarse impresiones rápidas sobre otros basándose en señales físicas y no verbales”.
El amor a primera vista puede ser, en realidad, una combinación de atracción física y una reacción química en el cerebro.
Un estudio de Personal Relationships (2017) exploró cómo las personas perciben el amor a primera vista, y descubrió que muchas veces se recuerda de manera retrospectiva, es decir, “cuando una relación ha evolucionado positivamente, las personas tienden a reinterpretar su primer encuentro con una visión romántica, lo que puede crear la ilusión de que hubo amor a primera vista, aunque en realidad pudo ser simplemente atracción. Este sesgo de reconstrucción retrospectiva puede nublar el juicio objetivo sobre lo que realmente ocurrió durante el primer encuentro”.
Los estudios también han encontrado diferencias en la forma en que hombres y mujeres experimentan el amor a primera vista. “En general, los hombres tienden a reportar haber sentido amor a primera vista más frecuentemente que las mujeres, probablemente porque tienden a centrarse más en la atracción física en los primeros momentos de un encuentro”.
Además, los factores culturales juegan un papel importante. En algunas culturas, el concepto de amor romántico y la atracción instantánea están más idealizados, lo que puede influir en la forma en que las personas interpretan sus experiencias románticas iniciales.
También hay investigaciones que han abordado la cuestión de cómo algunas emociones intensas pueden estar influenciadas por los ritmos circadianos. “Al parecer, las personas tienden a ser más propensas a sentirse conectadas o atraídas por otras cuando están en un estado emocional positivo, lo que puede variar según la hora del día y otros factores fisiológicos”, señala Esther Cantos.
Entonces, ¿existiría realmente amor a primera vista? A la vista de los estudios, se observa que “la ciencia sugiere que ese sentimiento es más probablemente una combinación de atracción física intensa, reacciones químicas en el cerebro y sesgos cognitivos que idealizan el encuentro inicial. Aunque puede evolucionar hacia una relación amorosa, no es necesariamente un indicador de amor duradero desde el principio”.