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Son muchas las personas que se mordisquean el labio inferior cuando están nerviosas./ Foto: Pexels.

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Si te muerdes el labio en momentos de tensión, este es el truco infalible de los expertos para dejar de hacerlo

Morderse el labio inferior es un hábito compulsivo que te ayuda a liberar tensión en situaciones de estrés o ansiedad. Pero no es necesario llenar tu labio de cortes para calmarte.

Por Marcos López

13 de junio de 2024 / 07:30

El día se ha complicado y, una vez más, empiezas a morderte el labio inferior. Un (mal) hábito que arrastras desde hace años y al que siempre recurres en las situaciones que te generan tensión. Por lo general, sin que te des cuenta. O al menos, hasta que a base de sumar pequeños mordiscos comienzan a aflorar las heridas.

Da igual: por muy nervioso que estés no es momento –ninguno lo es– de autoinfligirse una lesión. De decorar tu labio con incisiones. Te contamos lo que recomiendan los expertos en comportamiento para que, por fin, dejes de hacerlo.

Mordisquearse el labio se engloba en las denominadas «conductas repetitivas centradas en el cuerpo», término que emplean los psicólogos para definir aquellos trastornos del control de impulsos que, focalizados en el cuerpo, implican comportamientos compulsivos que causan lesiones físicas. Y hay muchos más, como serían morderse las uñas –un trastorno denominado onicofagia–, tirarse (y arrancarse) del cabello –tricotilomanía–, o pellizcarse la piel –dermatilomanía.

Descubre por qué lo haces.

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Te ayuda a liberar tensión

Pero también hay otros gestos asociados al nerviosismo que, igualmente compulsivos, no provocan lesiones. Por ejemplo, mecerse lentamente o mover una de las piernas como si se tuviera un tembleque. Entonces, ¿qué razón tiene provocarse una herida?

Según explica Elena Jiménez, psicóloga clínica, «mordisquearse el labio cuando se siente estrés causa un pequeño dolor que puede distraer de la ansiedad, con lo que ayuda a liberar tensión. Y cuanto más se realiza una acción, más probable será que se repita y que acabe convirtiéndose en un hábito».

Parece ser culpa de tus genes

No importa que, frente a otros hábitos menos lesivos, recurras a estos pequeños mordiscos porque, como sugiere un estudio de la Universidad de Chicago, puede que tengas una predisposición genética para ello.

Pero no tiene sentido que el peaje para tu sosiego sea un labio enrojecido, hinchado o, incluso, lleno de dolorosos cortes y llagas. Pero llevas muchos años maltratándolo. Muy probablemente, como ocurre con el resto de conductas repetitivas, desde la pubertad. ¿Qué puedes hacer?

Identifica las causas que lo desencadenan

Lógicamente, lo primero que tienes que hacer es ser consciente de tu conducta. Lo que no parece muy difícil en los casos en los que provoca heridas. Además, resulta muy visible para las personas que te rodean, que antes o después te llamarán la atención sobre este comportamiento.

Y lo segundo, identificar las situaciones en las que se desencadena, como sería el estrés en el trabajo o por una discusión con tu pareja, tus familiares o tus amigos. En este sentido, Elena Jiménez recomienda «anotar todas las situaciones en las que aparece, lo que te permitirá anticipar su presentación y estar más atento para prevenirlo».

Ten paciencia y sé constante

Morderse el labio no es, en realidad, tan grave. Llevas toda una vida haciéndolo, así que ten paciencia. Tras tantos años empleándolo como válvula para liberar tensión, no va a desaparecer de la noche a la mañana. Y una vez que identifiques las situaciones en las que lo haces, entenderás que no lo necesitas, que es absolutamente prescindible.

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Y esto, por obvio que parezca, es importante: se trata de ser consciente no sólo de la conducta, sino también de que es un mal hábito que debe corregirse. De hecho, como apunta un estudio de la Universidad de Montreal, pensar en una conducta repetitiva puede, por sí solo, hacer que se desencadene. ¿Estás nervioso? Piensa en tu costumbre de mordisquearte el labio no para hacerlo, sino para evitarlo.

Masca chicle (y protege tu labio)

Un truco específico para este hábito compulsivo: mascar chicle, que si bien no evitará que te puedas mordisquear el labio, lo hará mucho más difícil. Es más; mascar chicle también ayuda a liberar estrés, por lo que es muy recomendable en momentos de tensión. Así que cuando veas que se acerca una situación que puede disparar tu nerviosismo, saca un chicle y protege tu labio inferior.

Busca ayuda profesional

Pero sigues mordiéndote el labio. Lo que hace que te sientas mal contigo mismo. Es el momento de buscar ayuda profesional. La terapia cognitiva conductual, concluye la experta, «te enseñará habilidades con las que podrás dejar, de una vez por todas, este mal hábito».

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