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El abrazo da energía tanto a quien lo da como a quien lo recibe./ Foto: Mango.

MENTE

Por qué el abrazo perfecto debe durar al menos ocho segundos para que te haga más feliz

Fundirse en un abrazo es una auténtica terapia para el bienestar físico y emocional. Para obtener todos sus beneficios, lo ideal es que sea apretado y dure al menos ocho segundos.

Por María Corisco

22 de marzo de 2024 / 07:30

Pueden ser de consuelo, amor, saludo, felicitación o alegría. Pueden ser cortos o largos, apretados o livianos, de cerrar los ojos o de buscar la mirada. En cualquier caso, los abrazos son una de las más potentes formas de comunicación no verbal que tenemos los humanos para transmitir afectos y emociones. No es de extrañar, por tanto, que la ciencia y la psicología hayan estudiado su poder e, incluso, hayan propiciado debates en torno a las características del abrazo perfecto, incluida su duración.

La cuestión más importante es que abrazar a alguien no solo sirve para expresar un sentimiento; su potencia radica en la energía que podemos llegar a sentir al abrazar y ser abrazados, y en los beneficios que un achuchón nos puede reportar, tanto para la salud física como para el bienestar emocional.

Beneficios de los abrazos

Una de las más destacadas terapeutas que han abordado esta cuestión, Kathleen Keating -autora del libro La Terapia del Abrazo-, señala que abrazar “ayuda no sólo a sentirnos bien o a superar los miedos; también favorece el buen desarrollo de la inteligencia en los niños y es un factor antienvejecimiento. Además, los abrazos pueden disminuir el apetito, combatir el insomnio, reducir la tensión y alentar el altruismo y la autoestima. El contacto físico del abrazo llena de energía tanto al que abraza como al que recibe el abrazo”.

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Pero aún hay más:

  • Reducen el estrés: la oxitocina liberada durante un abrazo puede reducir los niveles de cortisol -la hormona del estrés- en su cuerpo, contrarrestar sus efectos y promover sentimientos de calma y relajación.
  • Mejoran el estado de ánimo: al tiempo que reducen el cortisol, explica la terapeuta Lia Barbery, fundadora de la organización AbrazArte sin Fronteras y autora del libro “El lenguaje de los abrazos”, también “se activa en el cerebro la liberación de serotonina y dopamina, gracias a que experimentamos una agradable sensación de bienestar, armonía y plenitud en el momento del abrazo”. Es una forma de mejorar el estado de ánimo y combatir la depresión y la ansiedad.
  • Favorecen los vínculos sociales: un abrazo nos ayuda a fortalecer los lazos emocionales y a promover sentimientos de conexión y pertenencia en las relaciones interpersonales.
  • Alivian el dolor: se ha demostrado encontrado que los abrazos tienen efectos analgésicos y pueden ayudar a reducir la percepción del dolor, posiblemente debido a la liberación de endorfinas, los analgésicos naturales del cuerpo

Cuánto dura un abrazo

Los abrazos, así, en general, duran una media de tres segundos. Así lo ha recogido la doctora Ernese Nagy, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Dundee, en una investigación publicada en el Journal of Ethology. Según sus conclusiones, “un abrazo dura tanto como muchas otras acciones humanas y apoya la hipótesis de que pasamos por la vida percibiendo el presente en una serie de ventanas de unos tres segundos”.

El mundo, y también los abrazos, se experimentan en pequeñas fracciones de tiempo: “Muchos eventos fisiológicos básicos, como respirar y exhalar, duran entre dos y tres segundos cada uno. También los saludos y las despedidas, las frases musicales y los balbuceos y gestos de los bebés”. Es lo que se conoce como sensación de ahora, y sirve también para los abrazos.

Pero, ¿cuánto deberían durar?

El abrazo estándar, entonces, es de unos tres segundos. Pero lo que la ciencia ha tratado de averiguar es la duración idónea para que realmente produzca esos efectos fisiológicos y emocionales que tanto bien proporcionan. Aunque no existe una regla estricta, sí parece haber un cierto consenso acerca de que deberían durar al menos ocho segundos.

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La teoría detrás de la recomendación de los ocho segundos se basa en la idea de que este tiempo es suficiente para que el cuerpo libere hormonas y neurotransmisores relacionados con el bienestar y el vínculo emocional. Durante un abrazo prolongado, el cuerpo puede experimentar una serie de cambios, incluida la liberación de oxitocina -conocida como la «hormona del amor»-, que puede promover la sensación de conexión y afecto entre las personas.

También importa la presión del abrazo

Y no es sólo la duración: también la presión ejercida ayuda a esta sensación de bienestar. La presión profunda de un abrazo puede tener efectos positivos en el nervio vago y, en consecuencia, en el sistema nervioso autónomo, que está asociado con la regulación del estrés, la ansiedad y la relajación. El nervio vago es una parte importante del sistema nervioso autónomo que juega un papel crucial en la respuesta de relajación del cuerpo, conocida como la respuesta parasimpática.

Así, un abrazo apretado, fuerte, profundo, puede estimular el nervio vago al aplicar una presión suave alrededor del área del tórax y el abdomen, lo que promueve la relajación y la calma.

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