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NO TE PIERDAS El sofoco acaba en minutos: lo que pasa en tu piel puede durar mucho más
En las relaciones románticas se corre el riesgo de que te hieran, pero, al mismo tiempo, permiten la creación de lazos profundos. FOTO: Pexels.
MENTE
Conoces a alguien que te gusta y te planteas seguir adelante. Pero, al mismo tiempo que buscas un acercamiento emocional, también tienes miedo de que te haga daño. Es el erizo que llevas dentro de ti.
Por María Corisco
10 DE DICIEMBRE DE 2024 / 07:30
A la hora de iniciar una relación, o al menos un primer acercamiento, es habitual que se haga presente esa mochila emocional en la que se acumulan tanto expectativas como decepciones. Quieres intimar, pero también tienes miedo a que te hieran. Buscas cercanía y conexión, pero también quieres protegerte frente al dolor o al rechazo. ¿Qué haces? ¿Abrazas o sacas las uñas? Si estás ahí, te enfrentas al dilema del erizo.
Este dilema se basa en una parábola que se atribuye al filósofo Arthur Schopenhauer, quien en su obra Parerga und Paralipomena (1851) utilizó el ejemplo de los erizos que, en una noche fría, se acercan unos a otros para calentarse, pero se lastiman con sus púas si se aproximan demasiado. Se simboliza así la dificultad en las relaciones humanas, y lo difícil que puede ser encontrar el equilibrio entre la necesidad de cercanía y el temor a ser herido emocionalmente.
“Es un dilema que se da con frecuencia en el ámbito de las relaciones familiares”, explica la psicóloga Esther Cantos. “Es frecuente que, si ha habido tensiones y situaciones de tensión, pero también hay afecto y deseo de conexión, sea complicado encontrar ese punto de equilibrio que nos permita mantener el contacto con la familia y, al mismo tiempo, guardar la distancia suficiente como para no salir lastimados”.
Las relaciones humanas, especialmente las románticas o íntimas, implican una cierta vulnerabilidad y obligan a un salto al vacío. Cuando te abres, corres el riesgo de que te hieran; pero, al mismo tiempo, esta apertura es la que permite la creación de lazos profundos y significativos. “El dilema del erizo refleja cómo las personas navegan esta paradoja: cuanto más nos acercamos a alguien, mayor es la posibilidad de ser lastimados, pero al distanciarnos, sacrificamos la conexión”.
Es un conflicto que a menudo está estrechamente ligado al miedo al compromiso: esa persona que, a medida que va viendo que la relación se estrecha y demanda una mayor involucración emocional, sale huyendo:
Puede que no sea fácil, especialmente si ya has vivido malas experiencias al abrirte emocionalmente. No obstante, la psicóloga nos da tres pautas: